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La historia olvidada de los zoot suiters japoneses-americanos - Parte 1

Sus Kaminaka era un zoot suiter1,  uno de los tantos jóvenes de la América de los 1940 quienes adoptaron una distintiva estética propia de la clase trabajadora urbana, caracterizada por un estilo llamativo y comportamiento irreverente.  Kaminaka y otros hipsters  (aficionados a todo lo nuevo) ostentaban penachos y cortes cola de pato, “drapes” consistentes en capotes de hombreras anchas, levitas con mangas que llegaban a la punta de los dedos y ahusados hacia los tobillos, pantalones con pliegues pero estrechos abajo, sombreros de ala ancha, y faltriqueras para los relojes. Ellos gustaban también de las fiestas, del jazz, bailar jitterbug y lindy hop (variantes del swing), beber, el sexo casual, y cool  (chévere) eran aspectos tan integrales a las vidas de los zoot suiters, así como su característica vestimenta. Sus Kaminaka era también un nisei, un americano de segunda generación nacido de padres inmigrantes  japoneses y criado en las tierras agrícolas del delta de Sacramento, en California. Pensando en seguir los pasos de su padre, Kaminaka se matriculó en el colegio local de agricultura para estudiar horticultura.

Pero la ordenanza ejecutiva 9066 del presidente Franklin D. Roosevelt, firmado el 19 de febrero de 1942 autorizando al secretario de guerra a “definir las áreas militares…de las cuales cualesquiera o todas las personas pueden ser excluidas” frustró sus ambiciones por completo. Pretendidamente  neutral,  tanto en lo zonal como en lo racial, la ordenanza apuntaba hacia los japoneses-americanos de la Costa del Pacífico.  Forzado a dejar la escuela, el hogar y la comunidad, él se encontró de pronto en el Centro de Convenciones de Stockton, una de las 16 estancias  temporales para los 120,000 nikkei en camino a los campos de concentración permanentes.

Por la encarcelación, la visión del mundo de Kamimaka cambió por entero. El previo intento de obtener su título, una meta que ahora él la consideraba sin esperanza, lo hizo  renunciar al programa de educación para adultos de su centro. En otro tiempo “orgulloso de vivir en el mejor país del mundo,” Kaminaka abandonó la idea de inscribirse por sus derechos políticos. “Yo pienso que no estaba muy interesado, de todos modos, en votar porque no sabía de qué se trataba todo eso y mi voto no significaba nada,”  se encoge de hombros. Decidiendo que el trabajo duro era un ejercicio inútil,  a cambio, “se concentró en divertirse tal como  él veía hacerlo a los otros muchachos”.

Foto: Mack Hori y George Shibata posando en Second Street al lado del coche de un amigo en 1937. Donación de George Fujino, Museo Nacional Japonés Americano [2000.418.10]

Antes de la guerra, él solía considerar como “algo sagrado” a las chicas nisei y “nunca tuvo algún pensamiento sucio hacia ellas.” Pero en Stockton, él se desprendió de su reputación de “buen chico”. Él se comprometió con  una “pandilla” de ocho miembros, y pasaba sus días y noches persiguiendo mujeres jóvenes y yendo a los bailes del campamento. Fue durante este tiempo también que él adquirió su primer traje zoot.

Después de su traslado desde Stockton al campo de concentración Rohwer, en Arkansas, Kaminaka se unió a un pelotón de vigilancia conocido como los Esquires (Los escuderos). Como entretenimiento, ellos devoraban comida robada, bebían, jugaban poker, y tenían reuniones nocturnas. “Todo lo que hablábamos era sobre chicas y lo que teníamos que hacer más y más de esto… Averiguaríamos quiénes eran las chicas más populares del campamento y luego iríamos tras ellas.”  El modus operandi de ellos hizo emerger conatos de disputa entre las facciones sociales de Rohwer. Riñas a puñetazos estallaban a menudo en los bailes nisei al pelearse los muchachos disputándose a las jóvenes de su elección.

La situación de Rohwer no era usual. Conflictos entre rowdies (pendencieros) y los otros prisioneros interrumpían las rutinas diarias de varios campamentos, por no decir de todos. En el campamento Gila River de Arizona, por ejemplo, los editores del periódico del centro se quejaron de que los zoot suiters habían robado todas las cadenas de los lavaderos de la lavandería para utilizarlos como cadenas de reloj. Las peleas se volvieron tan frecuentes que al menos un antropólogo que observaba la vivencia en el campamento Poston apodó las crecientes tensiones como “la guerra zoot suit.”

En la memoria popular los zoot suiters son a menudo asociados con afro americanos y chicanos durante la Segunda Guerra Mundial. Pero muchos nikkei también participaron en este movimiento cultural. Aunque no es posible determinar el número exacto de zoot suiters japoneses-americanos, la evidencia histórica disponible sugiere que ellos eran una presencia visible.

Algunos nisei empezaron la usanza zoot bastante antes de los campamentos. En su ciudad natal de Los Ángeles, resulta que todos los amigos de Lester Kimura eran chicanos, y ellos influenciaron en su estilo de vestir: “Yo aprendí a cómo vestirme por estos muchachos mexicanos porque ellos realmente sabían cómo ser exquisitos,” explicó él. “Ellos tenían formas de engalanarse antes de que los nisei se enteraran de tales cosas.”

El nisei de la gran ciudad que llevó esta moda a los campamentos atraía a la gente joven proveniente de las áreas rurales – como era Kaminaka – al estilo zoot. Percibiendo una oportunidad lucrativa, Kimura abrió un activo negocio en el Centro de Convenciones de Santa Anita modificando los pantalones de los nuevos iniciados.

Así pues, la experiencia del internamiento, en sí mismo, fue la incubadora de la cultura zoot suit nikkei. Los japoneses-americanos incluso crearon su propia jerga para los zoot suiters nisei. Uno era “pachuke”, una versión japonesa de la palabra española “pachuco/pachuca”. El otro era “yogore”, derivado del verbo japonés “yogoreru” (ensuciarse). El sociólogo Shotero Frank Miyamoto, un observador contemporáneo de la América japonesa, explicaba que “yogore” se refería a individuos que eran “negligentes, inconstantes, tomando y apostando constantemente, rondando los billares, siempre buscando pelea, visitando prostitutas, o intentando tener relaciones sexuales ilícitas.

Los “yogore” planteaban un serio problema para la War Relocation Authority (WRA), la entidad federal encargada de administrar el internamiento.

Desde el punto de vista de la WRA, los zoot suiters ponían en riesgo el mismísimo futuro de la entera población japonesa-americana. El gobierno federal planeaba dispersar (o “reasentar”) a los japoneses-americanos  a través del país de modo que ellos pudieran ser “asimilados” por la clase media blanca en lugar de regresar a sus granjas de la Costa Oeste y a los “Little Tokyo”. Los pachuke entorpecían esta visión para resolver el “problema japonés” porque ellos rechazaban las normas civiles de decoro. Sus insolencias ruidosamente proclamaban sus diferencias con la clase media blanca. También sugería un explícito acercamiento a la clase trabajadora negra y la gente morena – justamente lo opuesto al mensaje que la WRA quería mandar a la América mayoritaria.

Aun peor, el zoot suit en sí proclamaba un abierto desafío a los esfuerzos de la nación en guerra. El consejo de producción militar (War Production Board) había prohibido la venta de ropa zoot como una medida para racionar las telas. Así que ponerse ropa zoot podía ser interpretado como un acto anti-patriótico. El estallido de los disturbios anti-zoot de Los Ángeles en junio de 1943 – cuando miles de civiles y soldados blancos atacaron violentamente a los mexicanos-americanos y a otros zoot suiters de color – confirmaron este punto.

Por tanto, los pachuke que dejaban los campamentos podrían colocar a los nikkei  bajo sospecha de deslealtad aun más. No sorprende, entonces, que los editores del periódico Free Press del campamento Manzanar exhortaran a sus lectores para que: “Deja tu ropa zoot detrás. Y sobre todo, sé un embajador de buena voluntad para el bien de los japoneses en América.”

Parte 2 >>

Nota:
1. Zoot suiters: personas adeptas a la vestimenta zoot. Un tímido reflejo de esa vestimenta podría ser la ropa que usaba en sus películas el cómico mexicano Tintan

 

* Este artículo fue publicado originalmente en Nikkei Chicago el 25 de enero de 2014.

 

© 2014 Ellen D. Wu

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