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Crónicas Nikkei #1 — ¡ITADAKIMASU! Sabores de La Cultura Nikkei

¿Hot dogs y espárragos?

Yo no sé como comenzar esta historia, pero si sé que comienza con mi abuela – la japonesa. En realidad, ella es americano - japonesa. Más exactamente, ella es nisei. Ella era no solamente la mejor cocinera que conocí, era también una de las personas más creativas que alguna vez yo he visto en la cocina. Una vez, cuando yo era una adolescente, ella preparó hot dogs con espárragos en salsa teriyaki casera. Fue uno de los mejores platos que yo he saboreado en mi vida, y esa fue la primera y única vez que ella cocinó juntos esos alimentos.

Mi abuela, Grace Nagai.

Permíteme retroceder en el tiempo. Stockton, California, donde mi abuela vivió durante 65 años, después de mudarse allí como una recién casada en 1947, es la auto-proclamada capital mundial del espárrago. Stockton celebra anualmente un Festival del Espárrago donde la gente puede saborear pasta de espárragos, margaritas de espárrago e incluso helado de espárrago. Pero, nunca encontrarías hot dogs con espárrago en teriyaki en el festival. Puedes encontrar eso solamente en la cocina de mi abuela.

Si bien la mayoría en Estados Unidos considera al espárrago como un vegetal costoso que puede valer de $4.00 a $5,00 el atado, se pueden encontrar espárragos a la venta a $0.99 durante la cosecha en Stockton. En otras palabras, igual que los hot dogs, el espárrago es un ingrediente barato y de múltiples usos. Mi abuela - Baachan es como yo la llamo - era también una mujer con mucho orgullo. Así es que, cuando yo lleve a dos amigos nijonjin (japoneses) a su casa esa fatídica noche, ella se molestó conmigo porque yo no avise antes para hacerle saber que habría más gente a la hora de la comida.

Baachan era la clase de persona que siempre mantenía inmaculada su casa. Ella había vivido sola como una viuda durante dos décadas para la época en que yo era una adolescente, y ella llegaba a grandes extremos para preparar las comidas de los domingos para nuestra familia. Rosbif, jamón, coctel de langostinos, tonkatsu, tempura, y “California rolls”,  todo se encaminaba hacia su mesa del comedor. Una vez, cuando yo tenía como 10 años de edad, le conté a ella que realmente me encantaba comer chow mein. Así, ella empezó a preparar chow mein casero, que era tan bueno como cualquiera de los tantos restaurantes chinos de la ciudad.

Pero, me he desviado. Lo que realmente la enfadó a Baachan esa noche era que yo lleve a la casa de ella a dos nijonjin que eran chicas. No me malinterpreten. Ambas chicas eran amigas, en realidad hermanas, y nosotras habíamos estado jugando todo el día. De hecho, yo había ido a la escuela con la mayor de ellas, y Baachan la recordaba. El problema era que a Baachan le gustaba preparar las cosas con anticipación. Ella conservaba notas garabateadas pegadas a su puerta de entrada, la alacena de la cocina, y el refrigerador sobre recados qué hacer y las cosas para comprar en la tienda.

Para la hora en que mis padres llegaron a la casa de Baachan para la comida esa noche, junto con mi hermana menor y una de sus amigas, Baachan estaba considerablemente trastornada. Su mesa de comedor solo tenía asientos para seis personas, y ahora éramos ocho de nosotros allí. Ella resolvió rápidamente el problema pidiendo a mi hermana y a su amiga que comieran en bandejas en la sala de estar. Baachan siempre cocinaba comida de más, para que nosotros tuviéramos algo para llevar a casa, pero cocinar para cinco no es lo mismo que cocinar para ocho. Había casi suficiente bife “tri-tip”(“picanha”), en su jugo, papas horneadas, y ensalada verde para cada uno de nosotros para una ronda.

Cuando Baachan se dio cuenta de que todos nosotros estábamos todavía con hambre, ella me amonestó nuevamente por no haberla advertido que tanta gente vendría para la comida. A pesar de estar molesta conmigo, ella fue muy cortés y acogió bien a mis amigas, y ella se las ingenió para enterarse de la ocupación de sus padres, donde ellos iban a la iglesia, qué clase de notas recibían en la escuela, y en dónde sus padres fueron internados durante la Segunda Guerra Mundial. Posición social, corrección, familia, y modales eran todos importantes para Baachan. Ella les dijó a mis amigas, “No tengan enryo (reserva) mientras ustedes estén aquí. Siéntanse como en casa.” Y lo hicieron. A ellas les encantó la cocina de Baachan tanto como a mí.

Yo no pienso que Baachan hubiera querido que la gente pensara de ella como una persona competitiva, pero le gustó cuando supo que ella cocinaba mejor que las otras abuelas nisei de Stockton. A ella le gustó cuando yo les conté a mis amigos nihonjin que mis padres no tenían los medios para comprarme los Air Jordans de Nike, pero Baachan estaba deseosa y dispuesta a hacerlo. Ella disfrutó cuando el suéter hecho a la medida, cubierto con retazos de fútbol que ella había cosido para mí, se convirtió en la envidia del vecindario. Así pues, cuando Baachan regresó a la cocina esa noche para alimentar a su voraz familia y sus amigos, yo pienso que ella estaba cocinando no solamente por razones prácticas, sino por orgullo.

En el tiempo que le tomó a Baachan cocinar una olla grande de arroz, ella lavó y cortó los espárragos, rebanó los hot dogs, emulsionó el azúcar y el shoyu para preparar la salsa teriyaki, y frió todo en el wok. Entretanto, ella nos había dado un tazón grande de sembei y otro con frescas tajadas de melón, del tipo que destila miel. Ella me regañó por haberla obligado a servir bocadillos con el postre para sus invitados, pero a mis amigas no les importó. Bien valió la espera mientras se nos hacía agua la boca con el aroma que surgía de la cocina. Todos nosotros disfrutamos los hot dogs con espárragos en teriyaki, y yo sugerí a Baachan que ella debiera prepararlo más a menudo.

Ella me dijo que ese plato no era una “verdadera” comida. Eso fue solamente algo que ella había arrojado todo junto en el último minuto. Quizás por despecho, o quizás porque ella sinceramente no sintió que fue su mejor cocina, Baachan nunca preparó hot dogs con espárragos a la teriyaki de nuevo. A través de años, yo traté de pedirle la receta. No era algo que ella había dejado escrito. Cortar los hot dogs y los espárragos era fácil, pero a la fecha yo no puedo reproducir su salsa teriyaki casera. Cada vez que yo trato de hacerla, o es muy aguada o muy espesa, muy dulce o muy salada.

Baachan me dijo que es simplemente azúcar y shoyu, pero yo no la puedo conseguir debidamente. Tomando  consejo de los amigos, yo he tratado, agregándole una rociada de jugo de piña, o una pizca de jengibre en polvo, o una cucharadita de mirin, pero aún no es lo mismo. Yo he probado toda razonable proporción de azúcar y shoyu, e incluso yo he llevado un diario de mis fútiles intentos, esperanzada en develar los secretos de la fórmula mágica. Sinceramente, yo me he rendido de tratar de recrear de la nada la salsa teriyaki de Baachan. Cuando yo tengo anhelo por un buen teriyaki, simplemente voy al restaurante japonés de mi localidad. El pollo teriyaki con hongos y calabaza “zucchini” de ellos siempre me deja satisfecha.

En las raras ocasiones en  que yo me siento inclinada a preparar hot dogs teriyaki  en casa (que yo tengo que hacer  ¡ya que uno nunca los encontraría en un restaurante japonés!), simplemente uso una botella de salsa para anguila marca Shirakiku o salsa teriyaki de Kikkoman. Son un aceptable sustituto de la salsa casera de Baachan, pero no es lo mismo. Algunas veces me pregunto qué pensarían mis niños – de uno y seis años -  de la cocina de sus abuelas cuando tengan mi edad. Por supuesto, sería diferente porque sus abuelas, una filipina y la otra polaca, no son japonesas. Pero, su abuelo japonés, Jiichan, les preparó sukiyaki casero, que les encanta. Encima, la comida favorita de su abuelo filipino es sashimi, así que ¿quién sabe?

¡Yo solo deseo haber tenido la receta de los hot dogs y espárragos teriyaki!

Grace Nagai, Tatiana Nagai (mi hija), y yo.

 

© 2012 Tyrone Nagai

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Sobre esta serie

Para los Nikkei de alrededor del mundo, la comida es a veces la más fuerte conexión que tienen con la cultura. A través de las generaciones, el lenguaje y la tradición se pierden, pero esta última permanece en la comida.

Descubra a los Nikkei recolectó historias de alrededor del mundo relacionadas al tema de la cultura de la comida nikei y su impacto en la identidad nikei y en las comunidades. Esta serie presenta estas historias.

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#2: Nikkei+ ~ Historias de Lenguaje, Tradiciones, Generaciones y Raza Mixtos ~
#3: Nombres Nikkei: ¿Taro, John, Juan, João? 
#4: La Familia Nikkei: Memorias, Tradiciones, y Valoress 
#5: Nikkei-go: El idioma de la familia, la comunidad y la cultura 
#6: ¡Itadakimasu 2! Otros sabores de la cultura nikkei
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