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Los nikkei de América Latina y los nikkei latino

De “dekasegui” a “inmigrante” – Para la integración de los extranjeros primero están los deberes y obligaciones

Este año también se ha realizado el seminario de capacitación para consejeros e intérpretes de los extranjeros, organizado por la Kaigai Nikkeijin Kyokai (Fundación de Interés Público, Asociación de Japoneses y sus Descendientes del Exterior)1, donde participaron funcionarios municipales y de las prefecturas, personal de ONGs y NPO, etc2. Durante la mañana expusieron, la directora Yamamoto del Ministerio de Trabajo sobre la situación laboral de los extranjeros, el subdirector Ozawa del mismo Ministerio psobre el Convenio de Seguridad Social (Pensión) entre Brasil y Japón, un funcionario del Ministerio de Educación sobre la situación educativo de los niños extranjeros y otro del Ministerio de Justicia sobre la nueva Tarjeta de Residencia, lo que permitió a todos los presentes tener una ideal general de la situación de la comunidad extranjera y los cambios legales que han entrado en vigencia.

Por la tarde, por solicitud de los participantes del año anterior, se hizo una panel de discusión entre los profesores Angelo Ishi, brasileño, profesor titular de la Universidad de Musashi, Masato Ninomiya de la Universidad de Sao Paulo, y quien escribe en calidad de consultor en asuntos laborales y migratorios. A pesar de la fructífera discusión, hay tres temas que realmente me preocupan y por ende deseo dejar expuesto mis puntos de vista en base a mis veinte años de trabajo con la comunidad latina de Japón. Uno, es la alta tasa de desescolaridad de los niños brasileños y el bajo nivel de finalización de la secundaria superior en general; en segundo lugar, la falta de cumplimiento de las obligaciones en el proceso de integración social de los extranjeros y, en tercer lugar, el reclamo no justificado de los brasileños que se regresaron con el plan de retorno del gobierno japonés y ahora piden retornar nuevamente al Japón. 

Los 3 panelistas, el profesor Angelo Ishi, Alberto Matsumoto y el profesor Masato Ninomiya.

1. Deseo dejar por sentado que los nikkei latinos que están en Japón son descendientes de los inmigrantes japoneses que oportunamente han emigrado a los países de Sudamérica, por lo que en líneas generales, su identidad, su forma de pensar y actuar como su lengua materna, es la del país donde han nacido y es indiscutible que han realizado un enorme esfuerzo para ser ciudadanos. A pesar de que existe una relación consanguínea con el Japón, para este país, jurídicamente como socio-culturalmente, estos nikkei son extranjeros. Desde luego, hay algunos que por su entorno familiar y social se sienten “más japonés que un japonés”, pero no hay que olvidar que estas personas no han nacido ni se han educado en Japón.

Los japoneses tienen la idea de que casi todos los nikkei tienen estudios superiores en el país de origen, pero eso no necesariamente concuerda con la realidad. Si bien es cierto que tienen más estudios que el promedio nacional eso no significa que todos tengan un “título universitario”. Por otra parte, por más que las familias nikkei sean conscientes de la importancia de la educación, al igual que en Japón y tal vez en los países sudamericanos mucho más, para brindar a sus hijos la posibilidad de concurrir a escuelas de muy buena calidad se requiere de muchos recursos económicos, algo que no siempre es posible. La época en que muchas familias latinas tuvieron que venir al Japón de “dekasegui” no fueron los mejores tiempos en América Latina, de hecho, la década de los ’80 se conoce como la década perdida y hasta mediados de los ’90 no hubo una estabilidad económica aceptable.

Seminario de Capacitación de los Consejeros de Extranjeros. 14 de febrero de 2012.

A los que trabajan como consejeros e intérpretes en los centros de asistencia a los extranjeros, siempre se hace necesario explicar este trasfondo y los verdaderos problemas estructurales que hay en la región, pues no siempre esa actitud de dejadez de los padres en la educación de sus hijos viene por una falta de conciencia, sino que es porque priorizan resultados inmediatos justamente por haber vivido tiempos muy inestables con mucha incertidumbre. No se puede ignorar que aún hoy en muchos países de Sudamérica hay niños que siquiera terminan la primaria y muchos repiten o abandonan la secundaria. A pesar de que la Constitución de estos países especifican con rigor la obligatoriedad de los estudios (más que en Japón, pues aquí solo es obligatorio hasta la secundaria básica o sea 9 años de estudios, pero de hecho el 96% tienen finalizado el ciclo completo de la secundaria), persisten las insuficiencias y fallas en el sistema educativo y los recursos destinados no son suficientes para tener maestros bien remunerados y capacitados.

Paradójicamente, Japón tiene un sistema educativo mucho más institucionalizado y ordenado, tal vez un tanto estructurado, pero jurídicamente no exigen que los extranjeros estén bajo la obligatoriedad de estudiar en las escuelas japonesas. Como consecuencia de ello, en algunas localidades de alta concentración de extranjeros, se ha dado una situación alarmente y lamentable de que un porcentaje importante, de aproximadamente un 30%, están desescolarizados. También se ha podido saber, que esta nueva camada de extranjeros, más del 50% no tienen terminada la secundaria superior (koko). En un país como Japón no tener siquiera la secundaria completa implica tener serias dificultades de inserción al mercado laboral y cierra muchas posibilidades de capacitación. Urge corregir esta situación que para un país como Japón es inaceptable. No es que no haya ayudas a la educación de los extranjeros, al contrario, hay un enorme esfuerzo de las autoridades pero son programas tangenciales y no dentro del esquema de la educación obligatoria.

2. Los que me conocen saben que mi presencia externa no tiene nada de argentino, pues son un nissei de padres japoneses, pero mi identidad cultural como mi lengua materna y mi patria es la Argentina. Desde que tengo memoria, desde de los primeros años de la escuela primaria, de una u otra manera, ya uno presentía de la importancia de estar más integrado a la sociedad local, de tener más amigos no nikkei y percibíamos que integrarnos era asimilar los valores, las pautas y costumbres de la sociedad argentina, como así también comprender la historia y las tradiciones. 

En Japón se habla mucho de la convivencia multicultural como medio de integración social de los extranjeros, pero es un poco absurdo llevar estos conceptos en su máxima expresión en una sociedad donde más del 98% son japoneses con una historia milenaria, tradiciones, valores y conductas que ellos lo tienen muy incorporados. Dentro de este contexto, lo que debemos hacer los extranjeros es aprender el idioma japonés, en principio para el diálogo del día a día y para el trabajo. Y en la medida que podamos expresar lo que sentimos o deseamos transmitir, es muy posible que la sociedad local nos preste más interés y quiera saber más de nosotros. 

A pesar de eso, desde la llegada de esta corriente migratoria en los ’90, las oficinas públicas establecieron sus ventanillas de atención multilingue para asistir a los extranjeros de diversas nacionalidades y editaron las primeras guías de la vida cotidiana en varios idiomas. Si bien, debemos agradecer estos esfuerzos, los extranjeros que siempre dependen de estos servicios no aprenden el idioma ni saben cómo funciona la sociedad y mucho menos tienen la capacidad de resolver algunos de sus problemas. 

Percibo que muchos académicos y funcionarios públicos “expertos” en convivencia multicultural están bastante confundidos. Si bien es importante que una sociedad homogénea como la japonesa sea sensible a la diversidad, a que sea respetuosa de otras culturas, lenguas y modos de vida, también es su responsabilidad, tal vez la más importante de todas, brindar desde un comienzo las facilidades para que los extranjeros aprendan el idioma y se integren a la sociedad para vivir por sí solo. Además, los extranjeros no son los desprotegidos de la sociedad “yakusha” como suelen identificar estos expertos o la misma administración pública. Desde luego, puede haber personas con más dificultades que otras y algunos requieran de los servicios de bienestar social, al igual que los japoneses, pero no es bueno calificar que todos los extranjeros están en una situación de necesidad y aislarlos de la sociedad con el argumento de que necesitan “ayudas”. Muchos de los programas de “convivencia multicultural” en vez de integrarlos los ha aislado para objeto de estudio de estos “expertos”, pero nada han resuelto ni son capaces de escuchar ni proponer soluciones porque no tienen esos cualidades.

Ultimamente, la misma gente del gobierno hace hincapié en la integración de los extranjeros sin que eso sea una asimilación total, pero como lo refleja las nuevas tendencias en los países de la Unión Europea, que ante todo, asuman debidamente los deberes y obligaciones junto a los derechos, pues el exceso de consideración de sus diferencias (diversidades) no ha hecho más que generar más problemas de aislamiento, de resentimiento y de desigualdad, incluso entre los mismos extranjeros.

Yo mismo he nacido y me he criado en una sociedad donde la asimilación era algo indispensable para sobrevivir y ganar el respeto de los demás, pero no por eso he sentido obstáculos en estudiar la lengua de mis padres y participar de los eventos de la colectividad japonesa. Desde la primaria, siempre he tenido compañeros de clase, no solamente de origen español e italiano que son la gran mayoría, sino también oriundos y descendientes de los países de la Europa Oriental y de los limítrofes como Bolivia y Paraguay. 

Esa experiencia intercultural me ha enseñado de la importancia de tener la educación obligatoria en un país, como hijo de inmigrantes, y gracias a ese proceso de integración y también de asimilación y adaptación, pude continuar con los estudios y finalizar una carrera universitaria que me abrió puertas a obtener una beca para estudiar en el Japón.

Sin una educación que sea el eje del aprendizaje se hace muy difícil aprender otros idiomas y comprender otras culturas, es por eso mi insistencia en que si residen en Japón deben asumir que la educación pública y obligatoria japonesa debe ser el eje para lo demás. Las ayudas públicas deben apuntar a ese objetivo pues esa es la premisa de la integración del que tanto se habla. Mi experiencia en un país como la Argentina también avala este concepto.

Casas en la zona oeste de Kanagawa. Muchos latinos se han ido en el 2009 y 2010 sin siquiera notificando su retorno, dejando todo abandonado sus “bienes”.

3. El otro tema que despierta preocupación es el reclamo de algunos nikkei brasileños que regresaron a su país con ayuda pública, después del 2008, pero que ahora quieren regresar nuevamente al Japón. El plan de retorno con un subsidio público de 300.000 yenes por cada persona (200.000 para el/la acompañante, cónyuge y/o menor) estuvo condicionado de que por tres años no podrían regresar al Japón, lo que de hecho significó que hasta el visado permanente se caducara. Los informes del Ministerio de Trabajo3 indican que con este programa retornaron 21.675 extranjeros, de los cuales el 92.5% (20.053) fueron brasileños y el resto peruanos y de demás nacionalidades. Los que desean regresar nuevamente al Japón deben tramitar el certificado de elegibilidad en el país de origen pero al parecer las exigencias son mayores (ej. Piden un precontrato de trabajo, etc). Encima, con la reciente reforma a la ley migratoria y el nuevo sistema de la tarjeta de residencia, vigente desde el 9 de julio de 2012, los municipios tienen más facilidades para cruzar información tributaria y de la seguridad social que antes.

Teniendo en cuenta que muchos de los que se han ido han dejado impago los impuestos municipales y también otros créditos como el hipotecario y del automóvil, es de entender que si reingresan al Japón y registran su nuevo domicilio, al mes estarían recibiendo las facturas con los recargos de multa.

Con respecto al impuesto de residencia y las cuotas del seguro nacional de salud y de la jubilación nacional, no expiran siquiera con una sentencia de quiebra personal “jikohasan” de un tribunal.

En la reunión anual del Consejo de Ciudades de Alta Concentración de Extranjeros “Gaikokujin Shuju Toshi Kaigi” del año 2009, si mal no recuerdo, varios alcaldes expusieron el enojo por el Plan de Retorno del gobierno nacional, pues propusieron que por lo menos se deduzca aunque fuere una parte de las deudas públicas contraídas por estos extranjeros para evitar que se fueran del país sin pagar un centavo. Para algunos municipios de poblaciones pequeñas con muchos extranjeros, el valor total de esas deudas impagas era un valor importante, de allí esa solicitud. 

Nadie discute que el trabajo precario y la misma recesión provoca estas situaciones de impago, pero el seguro de salud es un sistema público solidario que permite que toda la población acceda a los servicios médicos a un costo aceptable y pueda, por ejemplo, operarse y tratarse de enfermedades y lesiones que en cualquier país de Sudamérica podría costar decenas de miles de dólares (En Japón, con el reintegro podría costar solo apenas varios miles de dólares y nada más).

Los que se beneficiaron de este plan de retorno son trabajadores nikkei y los que reclaman su regreso tendrían que pagar por ende las deudas impagas, al menos las que no prescribieron o no quedaron anuladas por la quiebra personal. ¿Estarían dispuestos ha asumir esas deudas? 

Los que se quedaron en Japón, con sus dificultades siguieron asumiendo como corresponde los pagos de los tributos y la seguridad social y para garantizar esa equidad no es aceptable que los que se fueron ahora queden eximidos también de pagar las deudas pendientes. Por sentido común, es inaceptable.

En España también está el debate de muchos sudamericanos, principalmente ecuatorianos, la colonia más grande, de la deuda hipotecaria y de quiénes y cómo deben asumir si regresan al país de origen . Aunque retornen, a diferencia de Japón que no existe la quiebra personal, la deuda no desaparece y los que firmaron, sin pensar mucho, como garantes o cofiadores, deben asumir esas deudas. 

En todo proceso de integración social de los extranjeros surgen diferentes problemas, algunas más complejas que otras, pero si en cada ocasión se les brinda demasiada consideración eso genera hasta una desigualdad irracional entre los mismos extranjeros que hacen un gran esfuerzo por cumplir con sus deberes. Por eso, ante todo son las obligaciones y como consecuencia de ello la convivencia multicultural. Esta debe ser una resultante y no una premisa sujeta a preceptos ilusos. 

Articulo sobre dicho Seminario. Boletín Nikkei Network Nº12, Marzo 2012.

Notas:

1. http://www.jadesas.or.jp/consulta/h23seminar.html  

2. Este año solo ha sido en Yokohama, pues años anteriores ha sido también en Nagoya. Participaron unas 100 personas y la sala estuvo repleta.

3.  http://www.discovernikkei.org/es/journal/2010/6/16/nikkei-latino/
http://www.mhlw.go.jp/bunya/koyou/gaikokujin15/kikoku_shien.html

4. Cuando la hipoteca de obliga a retornar a tu país de origen, SOITU.ES Actualidad, Abril de 2009 
http://www.soitu.es/soitu/2009/04/21/actualidad/1240305111_735214.html

© 2012 Alberto J. Matsumoto

dekasegi nikkei in japan

Sobre esta serie

El licenciado Alberto Matsumoto encara las distintas facetas del Nikkei en Japón. Desde la política migratoria sobre la inserción al mercado laboral del inmigrante hasta su inculturación a las costumbres y lenguaje japonés a través de la educación primaria y superior. Analiza la vivencia interna del Nikkei latino con su país de origen, su identidad y su convivencia cultural personal y social en un contexto cambiante de globalización.