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Los chicos de la tele

Suemi Higa y Ricky Ota tienen en común, además de su inagotable energía y una espontaneidad que conmueve, el ser “chicos de la tele” que vienen abriéndose camino en las pantallas peruanas a través de sintonizados programas infantiles. 

¡Soy Suemi!

Es pequeña y delgada, de cabello corto y negro, lleva con gracia unas rosadas gafas, responde al nombre de Suemi y es para mayor definición: un hada. Pues no corre, vuela de un lado a otro derrochando, en lugar de mágicos polvos, pura energía al son de las destellantes luces de sus zapatillas.

Luces que en un primer momento atraen la atención pero quedan rápidamente opacadas ante el encanto de Suemi Higa, que a sus siete años es la integrante más joven del elenco de La casa de Timoteo (América Televisión) donde interpreta a la hija del clásico bodeguero del barrio, el japonés Ku Tu Wao.

¿Qué es lo mejor de ser parte del programa para Suemi? ¡Jugar! Por supuesto. Con sus compañeros, con su maestra de baile, con los camarógrafos. Con todos.

Sus compañeros de elenco, como Mariano, la definen como “divertida y  recontra pilas, siempre atenta a lo que le dicen, aunque es la más pequeña”.

Suemi es también la menor en casa. Sus hermanas, Nicole de trece años y Eimi de nueve años, la alientan con un “¡oye chibola! estás bien en Timoteo”. A lo que ella responde: “¿crees que me gusta que me digan chibola? ¡Soy Suemi!”.

En su colegio no es novedad para ella oír frases como “¡tú sales en la tele, en Timoteo!”, “¡qué chévere, qué emocionante!”. Y si bien no le molesta que la reconozcan, confiesa que siente un poco de vergüenza, como la que siente al ver sus programas en casa, “porque mami graba todos los programas”, revela, mientras su madre sonríe.

Suemi admira a su madre, Kiku Kobashigawa, y por eso de grande será: “cantante como mi mami”. ¿Su canción favorita? Tokyo Kid, de Misora Hibari, con la que se presentó en el Teatro Peruano Japonés despertando gran ternura entre el público. 
 
Con su ingreso al programa la vida de Suemi cambió, ensayos por las tardes luego del colegio, días enteros de grabación en el set y fuera de él. Pero cambió aun más la rutina de su madre, que la acompaña en todo momento y sin lamentarse. “Yo lo que quiero es que se divierta –asegura– así como la ves ahora. Lo importante es que más tarde pueda decir que no se perdió las oportunidades, porque se las dimos. Se presentó la oportunidad y participaste”.

Kiku resalta que tanto Suemi como sus hermanas saben que los estudios son una prioridad. “Para ella todo esto es parte de su formación, es como estudiar piano o japonés, es parte de lo que va a llevar en ella cuando tenga veinte años. Si luego se dedica a esto, lo decidirá ella, ahora que lo aproveche como parte de sus vivencias”.

Si Suemi  se convierte en una estrella de la televisión o en físico nuclear –como dice bromeando su madre– lo veremos con el tiempo. Hoy, a sus siete años, la pequeña, delgada, de cabello corto y negro, de gafas y luminosas zapatillas, es una inquieta y encantadora hada que se divierte en un constante ir y venir y va dejando a su paso una estela de inevitables sonrisas.

Los sueños de Ricky

Ricky Ota tiene doce años y conduce junto a Emilio Noguerol, desde 2007, La Hora Warner (Frecuencia Latina) programa transmitido por Frecuencia Latina. Tras casi cuatro años de experiencia lo que ha cambiado en él, desde aquel primer día de grabación, es que “ahora tengo demasiada confianza –confiesa Ricky mientras ríe– antes estaba un poco desconectado porque recién llegaba, luego te adaptas”.

Y se adaptó muy bien. Su buen ánimo para experimentar y el que no haya casi nada que no le guste, lo hacen el elegido cuando hay que grabar fuera del set.

Hoy, falta poco para terminar con las grabaciones, y tras repasar sus líneas y diálogos, Ricky va  tomando su ubicación frente a la cámara mientras se escucha: “tres, dos, uno”. Se abre la toma y la  encantadora sonrisa que luce ahora no es exclusiva para la cámara, cuando se apaga Ricky conserva  esa agradable sonrisa mientras te mira a los ojos y habla con la confianza de quien es honesto en lo que dice. “A mí me gusta que me traten como a una persona normal –aclara– como a  todos, no como uno que sale en la televisión”.

Sin duda le agrada el ser reconocido y tener fans que lo saludan al verlo, “yo nunca me sobro”, asegura. Pero con los amigos prefiere la honestidad: “que me digan lo que no les gusta de mí, eso es bueno porque siempre tengo que estar con los pies en la tierra”.

Mantener los pies en la tierra no le impide soñar. ¿Su mayor sueño? Ser un gran actor e interpretar, al igual que Will Smith, su ídolo, roles distintos entre sí. “A él le puedes dar un papel triste, juguetón o de nerd, ¡y él lo hace! Me encanta porque tiene versatilidad”, afirma con emoción de fan. 

Sabe que realizar este sueño demandará mucha preparación y está dispuesto a esforzarse. Como lo hace ahora cuando al llegar los días de evaluación en su colegio la tensión durante las grabaciones se explica con un: “estoy en exámenes”.

Todos entienden, porque él no rehúye sus responsabilidades. “A mí me gusta estudiar”, asegura. ¿Y qué estudiará además de actuación? Diseño gráfico y animación digital, “quiero hacer mis propias películas animadas, me gustaría crear cosas para que la gente se divierta”.

Ricky está lleno de sueños y cada paso dado hasta ahora lo acerca a ellos. Ha participado con éxito en diversas puestas teatrales, en las miniseries El profe y La gran sangre, las diosas malditas y en la película Tarata. Si en el futuro lo vemos protagonizando las películas con las que sueña será sin duda gracias a su desbordante energía, su entusiasmo que contagia, su talento, y sobre todo al gran esfuerzo que pone en todo lo que hace.


* Este artículo se publica gracias al convenio entre la Asociación Peruano Japonesa (APJ) y el Proyecto Discover Nikkei. Artículo publicado originalmente en la revista Kaikan Nº 56, mayo de 2011 y adaptado para Discover Nikkei.

© 2011 Asociación Peruano Japonesa / © 2011 Fotos: Asociación Peruano Japonesa (Beatriz Torres)

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