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Es bueno decir ‘soy nikkei’ como para anclarte a algo: Kaori Flores Yonekura, cineasta venezolana- parte 2

Parte 1 >>

Identidad nikkei

Kaori compartió su niñez con su abuela y se crió en un ambiente japonés. “Con ella la relación era de perpetuo silencio en la casa japonesa, que no te regañan sino te miran y tú con la mirada ya sabes que la hiciste mal, ni siquiera tiene que decir nada para que tú te corrijas, ese tipo de comportamiento japonés que es más de ambiente que de reglas orales”, rememora.

Como en un típico hogar japonés, se predicaba con el ejemplo, no con la palabra. Kaori sabía cómo tenía que comportarse, qué era lo correcto y qué no, observando a su abuela. No había necesidad de hablar.

A veces se comparte más en silencio. “¿Sabes qué hacía con mi abuela? Veía películas japonesas –no hablábamos–, las luchas de sumo, los cantantes japoneses de música pop, porque le grababan casetes”, revela.

El silencio de su abuela se extendía hasta el pasado. Kaori sabía que sus abuelos habían vivido en el Perú porque una de sus tías nació acá, pero nada más.

“Mi familia es de esas típicas familias japonesas que no le cuentan a uno lo que sucedió antes porque para ellos es doloroso, trae mala suerte, etc. Nunca hubo una historia oral en mi familia”, explica. Según la mamá de Kaori, a la obaachan no le gustaba hablar del pasado porque “les fue muy mal cuando estaban en Perú, decía que fueron muy pobres, que de eso no se habla, que es mejor el presente, que todos estamos bien”.

Su abuela llegó al Perú cuando Rinzo pidió una esposa. El dinero del pasaje se lo dejó a su familia y se costeó el viaje limpiando el barco.

De pequeña a Kaori su origen japonés le acarreó malos ratos. “Me molestaba mucho que me molestaran en el colegio. Si aparecía el comercial de un chino entonces al otro día todo el mundo estaba con 'ñañaña'. Eso me molestaba en un principio hasta que me di cuenta –como a mí me cambiaron tanto de colegio– de que yo necesitaba un poco de atención, así sea de burla, para mí era importante. Mi hermano sí se agarraba a golpes todo el tiempo”, recuerda.

Sin embargo, nunca tuvo conflictos de identidad. Y en eso su padre fue fundamental. “Mi papá me ayudó mucho con eso, porque siempre me decía 'no digas Kaori Flores, di Kaori Flores Yonekura, siempre pon tu apellido japonés, eso es muy importante'. A mi papá siempre le pareció importante que yo tratara de identificarme con eso, de hecho él fue el que me empujó a ir a clases de japonés, fue más mi papá que es venezolano que mi propia familia japonesa”, manifiesta.

Antes de embarcarse en la realización de su documental, Kaori apenas reflexionaba sobre el hecho de ser nikkei. Ahora lleva dos años indagando en ella. Su mente se abrió cuando vio una entrevista al escritor peruano Augusto Higa. “Me encantó porque él dijo algo que yo todavía no terminaba de entender, que la palabra nikkei es exterior a Japón, el concepto nikkei lo inventamos nosotros –que estamos flotando entre la tierra y la sangre– por buscar un lugar”, confiesa. 

Y añade: “Para no quedarme en el aire me tengo que poner una identidad. Yo no soy japonés pero tampoco soy del todo de acá, soy nikkei, entonces fue ahí cuando entendí que ser nikkei es como estar entre la tierra en que naces y tu sangre. Yo creo que es bueno decir soy nikkei como para anclarte a algo”.

Kaori (Foto Kaori Flores Yonekura)

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* Este artículo se publica gracias al convenio entre la Asociación Peruano Japonesa (APJ) y el Proyecto Discover Nikkei. Artículo publicado originalmente en la revista Kaikan Nº 47, julio 2010.

© 2010 Asociación Peruano Japonesa y Enrique Higa Sakuda / © 2010 Fotos: Asociación Peruano Japonesa y Kaori Flores Yonekura

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