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Es bueno decir ‘soy nikkei’ como para anclarte a algo: Kaori Flores Yonekura, cineasta venezolana- parte 1

Hace dos años una foto le cambió la vida a Kaori Flores Yonekura, una cineasta venezolana nieta de japoneses. Se la mostró Takeuchi san, a la sazón presidente de la asociación que agrupa a los nikkei de Venezuela.

¿Qué había en la foto? Unos japoneses, vestidos de campesinos, comiendo arepas en el monte. Kaori descubrió que estaban en Ocumare del Tuy, un pueblo situado a unos cuarenta minutos de Caracas, y que la imagen databa de la Segunda Guerra Mundial.

En Venezuela no deportaron a los japoneses como sí ocurrió en el Perú. Sin embargo, el gobierno venezolano dispuso que los japoneses que había en su territorio fuesen confinados en Ocumare del Tuy. No eran precisamente presos, pero estaban vigilados.

Tras ver la foto y conocer la historia que había detrás de ella, Kaori tomó una decisión. “A partir de esa foto empecé a investigar y decidí hacer la historia de la inmigración japonesa, pero usando como hilo conductor a mi familia”, recuerda.

Así nació Nikkei, un documental al que desde entonces ha dedicado su vida y que la ha llevado a Japón y el Perú. ¿Por qué el Perú? Porque aquí se inició la historia de su abuelo, Rinzo Yonekura, en Sudamérica.

Rinzo Yonekura Yonaga, Kazumi (Rosa) y Kumezi Kobayashi, abuelo, tia y abuela de Kaori, en foto del recuerdo (Foto archivo de Kaori Flores Yonekura)

En 1921 Rinzo y su primo Yuzo partieron de Yokohama. Su destino: la hacienda San Agustín. Ambos permanecieron en el Perú hasta 1939. Un día Yuzo se lanzó al río Rímac; al día siguiente lo hizo Rinzo. Así, a nado, huyeron del Perú para siempre.

¿Qué los empujó a fugarse? Kaori no lo sabe con exactitud, pero lo más probable es que los maltratos laborales, comunes en la época, hayan sido los detonantes de su arriesgada acción.

Entre su fuga del Perú y su llegada a Venezuela hay una brecha en la vida de Rinzo. “No hay información en mi familia sobre qué pasó después de que se lanzó al río. Como sé tan poco de esa historia, lo que estoy tratando de montar de la parte de Perú es cómo vivían los nikkei acá. Lo que pasó cuando salieron de las haciendas, cuando se acabó la migración por contrato, cuando montaron los negocios, cuando fue el saqueo. Mi abuelo salió justo antes del saqueo”, explica Kaori.

Yuzo llegó primero a Venezuela. Desde ahí se comunicó con Rinzo y le dijo que podía unírsele. Rinzo y su esposa, que había venido al Perú en 1937, llegaron a Venezuela a través de la frontera con Colombia y se instalaron en la ciudad de San Antonio del Táchira.

Cuando estalló la guerra, los japoneses que vivían en Caracas tuvieron que mudarse a Ocumare del Tuy, pero a los abuelos de Kaori los dejaron quedarse –bajo vigilancia– en San Antonio del Táchira.

“Siempre estaba la policía por todos lados. Mi abuelo tenía unos dos o tres amigos. Como él no hablaba muy bien español y la gente nunca había visto amarillos, no se le acercaban mucho. Él tenía una radio y cuando empezó a escuchar noticias lo acusaron de espía y se lo llevaron preso. Estos tres amigos fueron a la guardia y dijeron 'él no es espía, déjenlo libre y si ustedes prueban que es espía métannos a todos presos'. Dieron garantía de su vida por la de él y lo dejaron salir”, narra Kaori.

Hubo un hecho que contribuyó decisivamente a mejorar la relación de Rinzo con la ciudad. Una vez, al aumentar peligrosamente su caudal, el río Táchira se llevó consigo a varias personas. Rinzo no lo pensó dos veces, se lanzó y logró rescatarlas. Su heroica acción le granjeó la simpatía de los vecinos de San Antonio del Táchira y desde entonces tuvo más libertad para moverse. El japonés al que miraban con recelo conquistó su derecho a sentirse ciudadano de ese país que convirtió en su patria definitiva. Y la de sus hijos y nietos.

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* Este artículo se publica gracias al convenio entre la Asociación Peruano Japonesa (APJ) y el Proyecto Discover Nikkei. Artículo publicado originalmente en la revista Kaikan Nº 47, julio 2010.

© 2010 Asociación Peruano Japonesa y Enrique Higa Sakuda / © 2010 Fotos: Asociación Peruano Japonesa y Kaori Flores Yonekura

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