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El juicio a Fujimori

Este artículo será publicado el martes 7, día en el que se hará pública la sentencia de la Sala Penal Especial de la Corte Suprema que enjuicia al ex presidente Fujimori, y lo escribo sin conocer esta. Soy parte de esa mayoría que considera que el juicio se ha desarrollado ejemplarmente, y en eso concuerdan también la fiscalía, la defensa y los representantes de las víctimas. El caso se verá en segunda instancia en una sala que presidirá el magistrado Duberlí Rodríguez, quien también goza del reconocimiento y la confianza de las partes.

Conviene no perder de vista el conjunto de circunstancias que permitieron que lleguemos a este punto: algunas bastante azarosas, otras que revelan errores de cálculo, y otras que revelan que nuestro país posee una consistencia política e institucional mayor a la que por lo general se reconoce. Es oportuno también evaluar qué hemos aprendido de todo esto.

El primer episodio es consecuencia de una jugada muy riesgosa que terminó mal: Fujimori estaba tranquilo en Japón, protegido por la nacionalidad japonesa y por la incompetencia del gobierno de Toledo en el manejo del proceso de extradición, e inesperadamente viajó a Chile en noviembre de 2005. Al inicio pareció una movida capaz de reconfigurar el escenario de las elecciones de 2006, pero inmediatamente después, también de manera sorpresiva, el gobierno chileno lo puso en detención. Más adelante, en julio de 2007, el juez Álvarez negó en primera instancia la extradición al gobierno peruano. En ese momento se pensaba que Fujimori sería deportado de vuelta a Japón, y que el gobierno de ese país estaría presionando para ello (recordemos también el indigno episodio de la postulación de Fujimori al senado japonés). Sin embargo, en setiembre de ese año, la Corte Suprema aprobó la extradición en segunda instancia.

Luego Fujimori llegó al Perú. A lo largo del tiempo en que ha estado detenido y del desarrollo del juicio se dieron todo tipo de especulaciones. Al amparo de la tesis de la alianza entre el APRA y el fujimorismo, se dijo, entre otras cosas, que el gobierno, a cambio de los votos fujimoristas en el Congreso, otorgaría un régimen carcelario indebidamente libérrimo, que cambiaría la detención por arresto domiciliario, que sacarían de en medio al fiscal Avelino Guillén, que se encontraría la manera de declarar nulo el juicio, etc. Nada de esto ocurrió.

¿Qué podemos concluir de este recuento? Que este logro histórico de la justicia peruana, enjuiciar a un expresidente sin mayores cuestionamientos, es resultado en parte de factores azarosos e imprevisibles; que la fortuna intervino de manera decisiva, se dio teniendo muchos factores en contra. Que nuestras instituciones, cuando se lo proponen, y están sometidas a un intenso escrutinio público, funcionan. Y que las visiones catastrofistas sobre los arreglos entre el gobierno y el fujimorismo no se han cumplido. Nuevamente, para entender la conducta de ambos debemos analizar sus intereses y visiones coincidentes, no supuestas transacciones y acuerdos entre ambos.

*Artículo tomado de Virtù e Fortuna, Blog de Martín Tanaka, con el permiso del autor para su publicación en la web Discover Nikkei (Convenio Fundación San Marcos). Fue publicado por el Diario La República de Lima el martes 7 de abril de 2009. / Foto de Fujimori: http://www.elpais.com/articulo/internacional/Alberto/Fujimori/condenado/25/anos/carcel/delitos/derechos/humanos/elpepuint/20090407elpepuint_12/Tes

© 2009 Martín Tanaka

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