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Los nikkei de América Latina y los nikkei latino

¿En Japón es posible convivir con las particularidades latinas?

Siempre se dice que los inmigrantes como sus hijos, principalmente los de la segunda generación, tienen dos culturas que pueden matizar con el del país donde emigran. Sin embargo, para los japoneses como para sus descendientes nikkei no ha sido una tarea sencilla volcar y compatibilizar sus costumbres y tradiciones en la sociedad local y a la vez integrarse en ella. A pesar de que siempre se resaltan los éxitos y logros, algo muy meritorio por cierto, pero hay que dejar sentado que no han estado exentos de desafíos y prolongados esfuerzos.

La mayoría de los países de la región latinoamericana han recibido una importante corriente migratoria de Europa, principalmente desde principios a mediados del siglo XX, e incluso en países y regiones donde había una importante presencia de pueblos indígenas y personas de color1 . Desde luego, con el tiempo se han mestizado, en mayor o en menor medida, y formado una suerte de crisol de razas y etnias, aunque en ese proceso de integración los que son distintos a la mayoría suelen hacer un importante esfuerzo para ser aceptado, para superar las diferencias de color de piel, las dificultades de pronunciación del idioma castellano, etc. y principalmente los hijos de los inmigrantes van asimilando rápidamente las pautas locales e incluso adaptando lo que trae consigo de su seno familiar y de la comunidad a la que pertenece2 .

En ese proceso la mayoría se da cuenta que es viable convivir, hacer amistades y destacarse en lo que uno posee o puede ofrecer en la sociedad donde han decidido residir, sea en los estudios, en algún deporte, en un hobby, etc, pues lo que escasea se puede transformar en un “valor agregado” para ganar un pequeño espacio en ese ámbito social. Desde luego, este camino de adaptación no está exenta de dificultades e incomprensiones, pero el aprender a “venderse bien” ofreciendo lo que los demás no poseen es una buena forma de lograr cuotas de confianza que permiten abrir puertas y posibilidades. La historia reseña que con solo ayudar a hacer los deberes de la escuela, ser cumplidor en los trabajos de equipo, ser un buen soporte en un equipo deportivo, etc. los hijos de los inmigrantes japoneses lograron que lo “japonés” o lo “nikkei ” tenga aceptación y sean por ende respetados, apreciados y valorizados3 .

Por otra parte, en ese aprendizaje se pueden presentar algunas limitaciones porque el acceso a ciertas profesiones o las posibilidades de ascenso dentro de ciertos estamentos no es tarea sencilla o casi imposible. Desde luego, todo esto va dependiendo de los cambios y necesidades que se van dando en la sociedad y se puede decir que, hoy, en la mayoría de los países sudamericanos los nikkei tienen abierto un espectro muy amplio de posibilidades, aunque ciertos errores o fracasos en el plano político pueden, después, cerrar algunas puertas4 .

Brasil Festa en Yoyogi, Tokio.

Esta reflexión viene a colación para analizar las posibilidades que pueden desarrollar los nikkei “dekasegui ” latinoamericanos que han llegado desde los ’90 a este país. La ley migratoria permite que hasta los descendientes de tercera generación “sansei” y sus cónyuges puedan residir sin limitación de tiempo y de actividad en Japón.

Sin embargo, estos “nikkei” a pesar de su bagaje cultural japonés no significa que comprendan el idioma, las costumbres y las tradiciones del Japón, pues lo que les han transmitido los inmigrantes japoneses “issei” suele ser también una adaptación a las circunstancias históricas y locales en el país receptor y una combinación de logros y contradicciones que han aprendido en esa sociedad. Por ende, no hace falta mucha imaginación para comprender que estos “nikkei ” son latinos con algunos elementos étnicos japoneses pero que legalmente son extranjeros y muy diferente a un japonés medio de esta sociedad, máxime si tienen un compuesto de mestizaje importante.

En Japón se los suele llamar “trabajadores nikkei de Sudamérica (nambei no nikkei shurosha )”, pero en realidad son nikkei brasileños, nikkei peruanos, o simplemente peruanos o brasileños residentes en el Japón. Si bien han venido a ahorrar y buscar un bienestar económico, según la sociedad del que son originarios, dónde y cuánto estudiaron, la profesión o actividad de sus padres, el estrato social de procedencia, la profesión que han ejercido, la historia que han vivido en su país, etc, cada nikkei muestra particularidades únicas que no es fácil identificar valores comunes.

A pesar de que están cumpliendo dos decenios de vida en Japón y muchos están optando hacer sus vidas en este país y convivir dentro de esta sociedad, la crisis económica internacional del 2008/09 ha dejado un lección muy fuerte de que si no están integrados los anticuerpos son débiles y los efectos de un crisis es mucho más grave que para el resto de la sociedad. También han sufrido en carne propia que el exceso de dependencia a las empresas contratistas que dan empleo, vivienda, ocio, escuelas, etc, los aisla en alguna medida de la sociedad y los aleja de ser vecinos y ciudadanos del barrio donde viven aunque vivan dentro de los japoneses. Al parecer muchos se han dado cuenta de que son más los beneficios dentro del sistema que fuera de él.

Bajo este razononamiento es necesario que los latinos de Japón participen con más interés y dedicación en los eventos, fiestas populares (matsuri ) y actividades de voluntariado (recolección de residuos, limpieza de la plaza, recorrido nocturno para la prevención de incendios y hechos delictivos) de su barrio.

Tanto los brasileños como los peruanos, y desde luego, los argentinos, bolivianos y paraguayos tienen mucho que ofrecer con sus bailes y con su platos típicos, pero también en la solidaridad para mantener limpia y segura el barrio. Solo que, deberán aprender un poco más el “how to” o sea el cómo y en qué medida para que los japoneses lo puedan digerir mejor y comprendan que esas manifestaciones culturales y sociales tienen también su historia, su tradición y su lógica.

Fiesta de los peruanos en Shinjuku, Tokio (2007)

Paralelamente, como trabajadores, por más que estén en situación precaria con contratos no fijos deben asumir y promover el ingreso a la seguridad social para no autoaislarse y quedar en los límites de la informalidad, pues en Japón eso significa estar fuera del sistema y por ende fuera de todo apoyo social que cada programa público contempla.

Los padres dekasegui también deben asumir que para que sus hijos tengan mejores herramientas para una profesión es necesario una buena educación empezando por priorizar la finalización completa de la secundaria superior (koko)5 . Sin ella no sería fácil tener un espacio de desarrollo en el mercado laboral. Y hablando del mercado de trabajo es necesario que los mismos padres mejoren su nivel de japonés para acceder a los planes públicos de capacitación laboral.

De esa manera podrán expresar mejor sus aspiraciones, su valores culturales, sus aspectos multiculturales y sus necesidades. La integración a la sociedad será más armónica o menos traumática y podrán recrear mecanismos de convivencia y cooperación en las cosas cotidianas. Aprenderán a identificar también lo que los japoneses desean saber, de las incertidumbres que tienen en la convivencia con los extranjeros y de las curiosidades que tienen sobre la diversidad cultural.

Y desde luego podrán transmitir mejor los aspectos de una “imagen comunidad” que tienen los latinos, pues los peruanos tienen el Imperio Incaico y el Machu Pichu o las Líneas de Nazca, para dar un ejemplo, los argentinos el Tango y el Futbol, etc,  El concepto de imagen país se puede capitalizar a nivel local para fortalecer la “imagen comunidad”.

Todo esto es un tarea a mediano y largo plazo y requiere de mucha perseverancia, pues así lo han demostrado los japoneses y sus descendientes en sus más de 100 años de historia en los países de Sudamérica que siendo una pequeña minoría lograron y siguen dejando importantes logros y legados en diversas actividades y profesiones.

Fiesta brasileña organizada por una contratista (Oyama, Pref.Tochigi)

Referencias:
1. Según el país varía los niveles de mestización entre las diversas etnias y nacionalidades, pero de cualquier manera en el caso de los nikkei ese proceso se ha acelerado después de la tercera generación, aunque las colonias agrícolas donde han constituído una comunidad un poco más cerrada los tiempos son más lentos.

2. Quien escribe ha nacido en la ciudad de Escobar, Provincia de Buenos Aires, una localidad donde los japoneses se han dedicado al cultivo de flores y plantas. A pesar de que los cursos de japonés de la escuela japonesa eran intensivos y constantes la prioridad era terminar bien la educación formal argentina.

3. No significa que todos los nikkei sean alumnos destacados en los estudios pero siempre tenían algo diferente para ofrecer a la sociedad latina y eso se ha transformado en un valor agregado.

4. Se trata de profesiones como en la política, la burocracia, las fuerzas armadas y la diplomacia, pero en estos últimos 30 años se observa que descendientes de japoneses también han y están logrando altas responsabilidades en las diversas instituciones del gobierno.

5. Si no estudian el japonés es casi imposible acceder y aprobar los cursos de capacitación laboral. Por otra parte, los altos índices de abandono escolar o desescolarización es una situación muy crítica porque del 30 al 50% de los alumnos de nacionalidad brasileña en algunas ciudades del Japón no están terminando siquiera la educación obligatoria. En el caso de los peruanos no se observa tal situación pero no se puede decir que la tasa de graduados de la secundaria superior sea alta.

© 2009 Alberto J. Matsumoto

dekasegi nikkei in japan

Sobre esta serie

El licenciado Alberto Matsumoto encara las distintas facetas del Nikkei en Japón. Desde la política migratoria sobre la inserción al mercado laboral del inmigrante hasta su inculturación a las costumbres y lenguaje japonés a través de la educación primaria y superior. Analiza la vivencia interna del Nikkei latino con su país de origen, su identidad y su convivencia cultural personal y social en un contexto cambiante de globalización.