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Encuentro con los "hermanos" CUBANCHU

Nuestro pequeño grupo partió en un vuelo desde Los Angeles con mucha expectativa por lo que iba a ocurrir en nuestro destino final. Nosotros siete nos autodenaminamos " Choode (hermanos y hermanos) sin barreras" y estabámos en camino para visitar a los Cubanchu-okinawenses cubanos- que celebraban los 100 años del primer okinawense que llegaba a Cuba.

El primer inmigrante okinawense documentado que llega a Cuba era un hombre llamado Masaru Miyagi, oriundo de Shioya, Ogimi-son, norte de Okinawa. Miyagi llega a Havana en 1907 luego de parar en México. En 1908, desembarca en la Isla de la Juventud. La Isla de la Juventud, es la "isla", cuna de la comunidad nikkei cubana. A principios del siglo XX, aproximadamente 1000 hombres inmigrantes de Okinawa y de la isla principal llegaron a Cuba para trabajar en los campos de caña de azúcar. Muchos estaban en camino a Panamá o México.

Según los datos recogidos en el año 2006, hay 215 okinawenses cubanos que viven en Cuba, la mayoría en la Isla de la Juventud. Son descendientes - algunos de la octava generación- de los 195 isseis que inmigraron a Cuba entre 1920 y 1940 para trabajar en la caña de azúcar o en las industrias relacionadas con la agriculura. Las esposas de los hombres casados pueden visitar a sus esposos en la isla. Varios de los solteros que se quedaron se casaron con cubanas y formaron su nuevo hogar, como los otros inmigrantes uchinanchu que lo hicieron alrededor del mundo.

Antes de nuestro viaje a Cuba, vimos un documental en un restraurant llamado "Wakatay". El documental producido por los japoneses se centraba en Benita Iha, una Nisei Cubanchu que escribió un libro sobre la inmigración cubana. Tituló su obra "Shamisen" en memoria de su padre que disfrutaba tocar el sanshin y le gustaba cantar. El padre de Benita, Kamaichi Iha, dejó Okinawa para llegar a Cuba en 1924. Su madre Kame se unió luego. A pesar que tenían 5 hijos en su tierra natal, no era posible llevarlos a Cuba. Como muchos inmigrantes, siempre tuvieron la esperanza de volver a su tierra natal. Desafortunadamente, nunca sucedió. En 1930, los Iha se mudaron a la isla de Pinos (hoy Isla de la Juventud) donde trabajaron en las granjas con otros isseis cubanos y criaron a los 4 hijos nacidos en Cuba.

Benita Iha (derecha) y María

Nuestro grupo se enteró que el grupo de danza Cubanchu realizaba su performance con ropa de calle, por lo que compramos vestimenta adecuada para el Eisa con donaciones de la comunidad okinawense del sur de California. Pedro Agena, vicepresidente de la Asociación Okinawense de Amércoa incluso donó un sanshin, reliquia familiar, como presente a los Cubanchu.

Con el presente en mano y corazón contento, estabámos listos para encontrarnos con nuestros hermanos y hermanas de Cuba.

HAVANA

El 23 de octubre llegamos al Aeropuerto Internacional de José Martí por la tarde. Cuando salimos de la terminal nos encontramos con sonrisas y con un cartel que decía " Ichariba chode chimi churasa"- para los okinawenses - "Una vez no que nos encontramos somos hermanos y hermanos. Bello espiritu" y " Cuba e yokoso" - en japonés- "Bienvenidos a Cuba".

Cuando salí del aeropuerto, me sorprendí de cuan parecido es Havana de Hawai. Estaba en un país extranjero pero no me sentía extraña del todo. Esa noche, tuvimos la oportunidad de encontrarnos con los miembros de Okinawa, la delegación brasilera y algunos Cubanchus en la fiesta que diera Antonio Yohena, presidente de la Asociación Cubana Okinawense. Fuimos saludados en la entrada por Antonio y su esposa con un presente hecho a mano. En la parte trasera había una mesa llena de comida: pizza, jamón, queso y otras delicias, plato de frutas y pasteles.

Había cerveza y ron para toda la noche. Era una especie de fiesta que haciámos en nuestras casas- hasta que nos dijeran que la cantidad de comida y bebida que había era mayor al promedio de los cubanos.

Miembros de equipo norteamericanos

ISLA DE LA JUVENTUD

Luego de estar 2 días en Havana, subimos a un avión alquilado para dirigirnos a la Isla de la Juventud, ubicado a 100km al sur de la isla principal de Cuba, donde se celebraba las actividades de la conmemoración.

Fuimos recibidos por unos 20 miembros de la comunidad nikkei. Tenían una bandera cubana y carteles de bienvenida a la isla. Fue muy agradable que nos recibieran en forma tan entusiasta por personas que habíamos oído nombrar unos meses antes.

La Ceremonia de Apertura se celebró esa misma noche en el Cine teatro de Nuevo Gerona. Luego de varios discursos, Kiyomi, líder del grupo de danza, amenizó con una danza afro cubana. Las delegaciones obsequiaron presentes a los líderes de Cuba Okinawa Kenjinkai y la Asociación de la Colonia Japonesa de Cuba, la institución aglutinante. Nuestro grupo “Choode sin fronteras” obsequió los trajes Eisa y otros presentes. La noche culminó relativamente tarde y llegamos al hotel alrededor de las 23 horas.

Al día siguiente fue un día agitado. Tras el desayuno fuimos al cementerio donde los nikkeis de las Islas están enterrados. Durante una breve ceremonia realizada en honor a ellos, el presidente de la Asociación, Noboru Miyazawa comentó que algunos Issei murieron tras llegar a la isla. La comunidad realiza anualmente el Festival de Obon. Miyazawa, expresó que mantienen la tradición como visitar las tumbas para que las futuras generaciones sepan de donde vienen sus ancestros.

Nuestra próxima parada fue el Museo Municipal, donde una colección de artefactos de la familias nikkeis de la isla son exhibidas. Fotos antiguas, valijas y documentos reflejaban aquellos días de los isseis cubanos.

Luego, nos dirigimos al Monumento Nacional Presidio Modelo, de gran significación para la historia nikkei cubana.

El 9 de dicimebre de 1941 — 2 días antes del ataque a Pear Harbour- el presidente cubano Fulgencio Batista firmó una declaración de guerra contra Japón y sus aliados, Alemania e Italia. Unos días despúes, todas los japoneses fueron declarados " enemigos aliados". Mientras que las acciones fueron similares a las que sucedieron en los Estados Unidos, solamente los hombres fueron encarcelados: 350 eran japoneses, 50 eran alemanes y 25 italianos. Fueron llevados a prisión junto a los convictos criminales. Las esposas e hijos fueron abandonados para que sobrevivan como pudieran. Algunas familias hasta tuvieron que salir a pedir limosnas. Algunos japoneses pasaron sus días aprendiendo español o escribiendo haikus. Fueron considerados prisioneros modelos, y trasladados de los criminales para ser colocados en otra unidad. Actualmente, los enormes edificios que una vez fueron ocupados son meras cáscaras edificias. Parada en ese lugar, traté de imaginar cómo los hombres sobrevivieron los nikkei. Estaba prohibido hablar en japonés frente a los guardias. Fue doloroso escuchar que cuanodo sus esposas e hijos iban a visitar no podían hablar en su lengua materna.

Empezó a llover fuerte cuando salimos de la prisión. Llegamos a un restaurant al aire libre para almorzar. Pese a la lluvia no apañó el entretenimiento. Fuimos invitados por el grupo de danza compuesta por 10 miembros para bailar un Eisa Okinawense . Pese a que los miembros no tengan la vestimenta adecuada del Eisa, su entusiasmo y respeto por la tradición eran evidentes en su performance.

Por supuesto, un encuentro entre los Uchinanchu no se completa con “Asadoya Yunta.” Narryman, un yonsei Cubanchu, acompañó a Akira Iha, instructor de sanshin de la delagación de Okinawa. Como Iha san continuó tocando, Kiyomi, del grupo de danza de Okinawa, invitó a todos a bailar el kachashi. Al capturar este momento en mi video camara — Cubanos, Americanos, Brasileros, Okinawenses — todos moviendo sus brazos sentí en mi interior que decía “Yui nu kukuru!” en verdad era un espiritu, un sólo corazón.

Nuestro último día en la Isla de la Juventuda, fue un sábado, cuando regresamos al Teatro por la mañana para " mosrtar y contar". Era una oportunidad para las delegaciones para conversar sobre sus respecivos knejinkais y los tipos de actividades y clases que deben conservar para que el espiritu Uchina siga vivo. La idea principal era mostrar a los Cubanchu cómo pueden organizar esas mismas actividades.

Esa misma tarde fue la ceremonia de clausura y culminaba nuestra visita a Cuba. Ni bien llegamos al teatro, 3 de nosotros, nos dirigimos hacia atrás del escenario para ayudar a vestir los Eisas. Los miembros del grupo de danza estaban tan entusiasmados y contentos de vestir por primera vez el traje tradicional de Okinawa. Paseaban con una gran sonrisa en sus rostros. Como no había espejos en el camarín, mi video cámara sirivió como tal, lo di vuelta para que puedan verse ellos mismos. Para mí, estar en el camarín y ser testigo de su exaltación fue el mejor momento del viaje.

El primer programa de la Ceremonia de Clausura fue “Asadoya Yunta” por los miembros del grupo de danza cubana además de Yuko y Eva de nuestra delegación. Durante la próxima canción “Tinsagu Nu Hana,” el Shïsä (el león ) salió a escena. La vestimenteo del Shïsä fue un regalo del grupo Tsukimi Kai que había viajado este año a la Isla . Fue emocionandte ver a los bailarines lo que habían aprendido sabiendo que hay mucho más para aprender. El colorido de la vestimenta hizo que la danza sea aún mas colorida. Estábamos muy orgullosos pues éramos parte de esta transformación.

El último número fue la del grupo Kachimbat. Invitaron otros músicos locales para que se unieran. El artista pop de Okinawa, Toru Yohana, también se unió a ellos, con su sanshin. El programa terminó con un kachashi, bailando todos en escena, culminando así oficilamente la celebración del Centenario.

MISION CUMPLIDA

Nuestro último día en Cuba llegó y yo deseaba quedarme un poco más para absorver más la cultura cubana. Nuestro avión partió Cuba, y vi por la ventana las últimas imágenes de la Havana. Antes de llegar a este país, el foco era ayudar a los Cubanchu a mantener las tradiciones culturales de Okinawa. Pero fueron los Cubanchu que me inpresionaron y me enseñaron sobre su país y su manera de vivir que permanecerán en mi para siempre.

 

* Este artículo es una versión resumida del artículo original que se encuentra en el especial de The Hawai‘i Herald. La version completa en inglés se encuentra en el sitio de Discvoer Nikkei.

© 2008 Lesley Chinen

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