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COPANI & KNT (2007)

Nipo Brasileros: pasado y presente

La historia de los japoneses en Brasil comienza en 1908 con la llegada de los primeros inmigrantes oficialmente reconocidos por el gobierno brasilero. Desde ese momento hasta ahora, el camino recorrido fue largo y muchas veces tumultuoso.

El primer gran problema enfrentado fue el total desconocimiento sobre Brasil. Los japoneses no sabían nada sobre el país, adonde se estaban mudando, a no ser la distancia y la propaganda de que era muy fácil enriquecerse. Al mismo tiempo, los brasileros también conocían muy poco de los japoneses. Este es un aspecto.

Otro aspecto, que postergó la entrada de los inmigrantes japoneses por muchos años, era el debate sobre la conveniencia de traer trabajadores de “raza amarilla”, en un momento de la historia brasilera en que las discusiones racistas eran muy contundentes.

Los primeros inmigrantes, que desembarcaron del navío Kasato Maru en 1908, llegaron marcados por la desconfianza y por el desconocimiento. Para deshacer estas imágenes, los 250.000 japoneses que aportaron al Brasil en 100 años de historia, tuvieron que trillar caminos y siempre fueron marcados por mucho trabajo e inversión en la educación de sus hijos.

La vida en Brasil estaba muy distante del enriquecimiento fácil, sea antes o después de la Segunda Guerra Mundial. En todas las etapas de este trayecto, el bienestar fue fruto de las superaciones y de los desafíos. Brasil era muy diferente a Japón, ya sea en las costumbres, lengua, religión y hasta el paisaje geográfico, en el clima. La adaptación fue lenta, los desafíos fueron incontables y los miedos y problemas acompañaron a más de una generación.

La base de la inmigración para Brasil fue familiar, con una población de todas las fajas etarias, con predominancia de los jóvenes adultos de ambos sexos. El origen, provienen de todas las provincias, pero especialmente de Kumamoto, Hokkaido, Okinawa. Son grupos familiares constituídos por lazos de sangre, o familias compuestas. El mayor número de entrada ocurrió entre 1925 y 1934 en razón de la prohibición de nuevas entradas a los Estados Unidos a partir de 1924, y en Brasil, en 1934 fue impuesta la política de vedas, lo que explica la disminución de entradas. En el período de guerra, el flujo fue prohibido retomando solamente en 1953. A partir de esa época, nuevas fronteras agrícolas se abrieron en tierras poco desmontadas en las regiones central, en el interior del sur y nordeste del país, así como también se abrieron importantes oportunidades en los centros industriales como San Pablo, con la apertura de industrias japonesas.

En los 100 años de historia en el Brasil, la movilidad geográfica fue una de las grandes marcas de la trayectoria de las familias. Primero, con contratos estipulados como condición para salir del Japón. Después, hallan o no cumplido los términos del contrato, se mudaban constantemente de lugar, buscando tierras nuevas y baratas para plantar. Por eso las familias japonesas estuvieron siempre en zonas pioneras teniendo que desmontar los nuevos territorios, mismo después de la guerra.

Enfrentando dificultades, consiguieron imponer la imagen de excelentes agricultores, hecho que ayudó a quebrar la desconfianza de los tiempos iniciales. En las frentes pioneras de los Estados de San Pablo y Paraná, después por todo Brasil, los japoneses se dedicaron a cultivar productos que tuvieron gran importancia en la cartera agrícola brasilera, como el algodón, el te, el yute, y las legumbres, verduras, frutas y los productos avícolas- pollo de corte, huevos. El abastecimiento de las grandes ciudades comenzó con las pequeñas chacras japonesas, que plantaban productos hortifrutigranjeros y, de a poco, se fueron instalando en torno a las ciudades por todo el país. El sistema d cooperativas, durante décadas, facilitó la producción y la comercialización de los productos agrícolas venidos de las pequeñas propiedades. Para concretizar esos procedimientos, la reunión de las familias en las localidades era fundamental. Fue así que surgieron las colonias.

En la época en que el gobierno brasilero se estaba preocupando en reforzar su nacionalidad (finales de los años 1930), una nueva discriminación se abatió contra los japoneses: la que se estaban colocando contra la asimilación a los padrones brasileros, al reunirse en colonias donde predominaba el uso de la lengua japonesa, donde los nihonjinkai eran el lugar de reunión y de referencia de la colonia delante de las otras. La identidad de los isseis y nisseis estaba atada al lugar de morada, así fuera por un corto periodo de tiempo.

El malestar se agravó con el cierre de las escuelas de lengua extranjera (entre ellas el japonés) antes de la guerra. Además de las escuelas, los diarios y revistas escritos en japonés fueron prohibidos de circular, creándose un impase sobre el cual seria el futuro de la generación perjudicada con esas medidas. El camino tomado fue el de volver en dirección a una mayor integración a la sociedad receptora, fomentando los lazos con Japón y reforzando la identidad nipo-brasilera. El trabajo y la educación fueron entendidos como el medio mas eficaz para seguir adelante.

En los tiempos actuales, las grandes cuestiones que envuelven a la comunidad de los japoneses en Brasil son de dos órdenes: cultural y demográfica. La cuestión demográfica se presenta por el número elevado de hijos llamados mestizos de los casamientos interétnicos, cuya identidad como nipo-brasileros varia de acuerdo con el contexto en que es accionado. Otro aspecto, de cuño demográfico es el alto número de salidas para Japón. Ellas desequilibraron las comunidades locales, muchas de las cuales se vaciaron, restando apenas pocos adultos y muchos ancianos. En las grandes ciudades, el efecto no es tan nítido, pero ya se sienten las consecuencias en las relaciones familiares por la ausencia de uno o más miembros trabajando fuera del país.

La cultural agrega varios aspectos. La valorización de la educación y el abandono de los sueños de retorno, después de la guerra, imprimieron en las generaciones de los sanseis y yonseis los padrones de lengua y conducta de la tierra en que nacieron, dejando la cultura de los padres y abuelos para un segundo plano. Esto significa que el grado de integración dentro de la sociedad brasilera es total. Los descendientes, con el dominio de la lengua portuguesa están insertos en todas las esferas de la sociedad. Gran parte respondió al estímulo para estudiar y hay graduados y pos-graduados en todas las áreas de conocimiento, lo que abre caminos para una actuación profesional que condice con su escolaridad. En el plano profesional, hay profesionales liberales, empresarios, funcionarios graduados tanto en empresas públicas como en las privadas. Los que se dedican a la agricultura, actividad que dio identidad a los antepasados, son hoy empresarios rurales.

En contraposición a la integración, la queja que los más ancianos, isseis y nisseis, hacen a sus descendientes: poco conocimiento y valorización de sus raíces étnicas y culturales. El desconocimiento de la lengua japonesa por los mas jóvenes creó una barrera de comunicación entre las generaciones, que acabó perjudicando la preservación de la memoria del pasado de las familias y de la historia de los lazos de sociabilidad y de identidad de la comunidades japonesas repartidas por todo Brasil, hoy sufren con la pequeña frecuencia de los jóvenes descendientes, Bajo el punto de vista de los mas viejos, los problemas se agravan con el número muy elevado de casamientos con los no descendientes. Está el temor que, el pasado y todo el bagaje traído por los inmigrantes se pierda con el tiempo.

En los últimos años, todavía, se viene verificando un movimiento en dirección contraria a ese temor. Las asociaciones han dados señales de renovación con la participación de descendientes en el comando de las entidades, llevando propuestas que visan una inserción mas efectiva en la sociedad local representando un poco a la cultura japonesa. De este modo, los pobladores de muchas ciudades brasileras, ya se familiarizaron con el bon odori, el taiko, con las competiciones de karaoke, de gateball, comidas con tempura, udon, yakisoba, todo esto organizado y llevado a cabo por los asociados. Los festivales japoneses que se reparten por el Brasil son una de las formas mas recientes de los descendientes se presenten delante de la sociedad.

En otro aspecto de las tendencias actuales de los descendientes de la cuarta y quinta generación es el aprendizaje de la lengua para fines profesionales y para los más jóvenes, para acompañar la onda de los mangas y animes japoneses. La lengua japonesa no es mas el medio de comunicación de los miembros de la familia, pero tienen la función de inserción en el mundo de los negocios y del placer. En las escuelas de lengua japonesa, los descendientes dividen el espacio de las clases con los colegas de todos los orígenes con intereses comunes. El mismo ocurre en espacios de deportes japoneses como el judo, en los restaurantes de comida japonesa: en ese lugar, la participación es semejante a las escuelas de lengua.

La conclusión que puede ser sacada es que, como en cualquier historia, la fase de los japoneses en Brasil fue sufriendo modificaciones con el transcurrir del tiempo, de las generaciones de descendientes y, de los contextos del país y del mundo.

 

* El presente artículo es el resultado de la presentación efectuada en aquel evento, en la mesa redonda “Cuestiones contemporáneas e históricas en las comunidades Nikkeis en las Americas” juntamente con Lili Kawamura y Akemi Kikimura Yano.

© 2008 Célia Sakurai

Brazil community COPANI copani 2007

Sobre esta serie

Esta es una serie de informes y reportes de la Convención Conjunta de la COPANI (Convención Panamericana Nikkei) y la KNK (Kaigai Nikkeijin Taikai) realizada entre los días 18 al 21 de julio en San Pablo, Brazil.