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El “Chino” Nishiyama, fotógrafo y cineasta del Cusco

En los años 60, un grupo de cineastas cusqueños sorprendió al mundo con un cine nuevo: miraban “su realidad” y la transmitían en imágenes de mito y poesía. A ésa manera de mirar, especialistas franceses la llamaron “escuela cusqueña”. Uno de esos cineastas fue un Nikkei, fotógrafo y cineasta – Eulogio Nishiyama - a quién le dedicamos este escrito.

En la foto (de izquierda a derecha)Eulogio “Chino” Nishiyama, Luis “cholo” Nieto poeta y autor de himno al Cusco, Andrés “Kilku Warak'a ” Alencastre, poeta y terrateniente cusqueño. Atrás: Jorge Vignati (cineasta cusqueño) y Lay (script argentina) , en la

Cusco, imán migratorio

El resurgimiento económico de la Ciudad del Cusco a inicios del siglo XX se debió, entre otras cosas, a la aplicación de una ley que obligaba a los varones de 18 y 20 años y de 50 a 60 años a servir en la construcción y reparación de caminos. La controvertida ley de “conscripción vial” de 1920 permitió que Cusco se abriera tanto hacia otros departamentos como a su propio territorio de ceja de montaña.

“Cusco se convierte en un centro de concentración y distribución de los productos de la ceja de montaña y de la montaña. Las casas comerciales cusqueñas monopolizaban prácticamente el comercio con estas zonas con sucursales en Quillabanba. Los productos como el té, café, la coca, la madera, se redistribuyen casi exclusivamente en Cusco. En 1934, según Aguilar, había disminuido notablemente la importación de madera de construcción de Canadá… Cusco también será el punto de transformación de varios productos de los valles tropicales… Existen en la ciudad numerosas industrias alimenticias, como las de chocolate y de tratamiento del arroz, café y castañas. Su mercado de madera se extiende por todo el sur del Perú y llega hasta Lima”1 .

Además de ser un centro administrativo que se extiende hasta Madre de Dios y Apurímac, Cusco se beneficia por su condición de centro obligatorio en los intercambios comerciales de la costa y de los productos agrícolas de montaña, convirtiéndose así en una importante atracción para la migración de alemanes, españoles, italianos, turcos o árabes y algunos japoneses.

Las necesidades de una sociedad patriarcal y protocolar

Es en este clima de renovación económica que llega al Cusco Otomatzu Nishiyama Mío, japonés proveniente de Wakayama-Ken. Al poco tiempo de llegado, contrae matrimonio con la cusqueña Jesús Gonzales López.

No sólo fue el movimiento económico lo que atrajo a los pocos japoneses que se asentaron en el Cusco, sino también las características de su sociedad, por ejemplo: “El formalismo japonés y el cusqueño coincidieron: En la ciudad cusqueña el mayorazgo también era importante (M.N. Cusco 1990)”2 . Cusco era una sociedad protocolar, patriarcal y de haciendas.
   
Los comercios y servicios estaban destinados a satisfacer las necesidades de las haciendas y los hacendados. El primer negocio de Otomatzu Nishiyama , más conocido como Agustín, y de su esposa Jesús fue el restaurante “California”, que tuvo mucha acogida; sin embargo el negocio principal de la familia sería el bazar denominado “La Baratura”, en el que vendían diversos artículos de uso doméstico, géneros importados, ropa, juguetes, instrumentos musicales, vajilla de porcelana, etc. La calidad de sus productos y el trabajo arduo de ambos les permitió criar a cinco hijos varones y ser reconocidos y queridos por los habitantes de la ciudad del Cusco. Junto con ellos establecerían casas comerciales otros japoneses, como Saiki, Homura, Motohasi, Kawamura, entre otros, cuyos bazares serían los más exitosos en el Cusco por varias décadas.

El compadrazgo, costumbre fuertemente arraigada incluso en la actualidad, afianzó los lazos y la relaciones sociales: “Los issei bailaban valses, fox trot, boleros, huaynos. Tenían muchos compromisos sociales, donde lo principal era bailar. Tenían bastantes compadres porque tenían cantidad de amigos que los nombraban padrinos. A los del Cusco, los Nisei de Lima les parecían muy cerrados porque no se juntaban con los peruanos. Acá era más la usanza criolla y los amigos eran cusqueños porque los japoneses eran muy pocos (J.O Cusco Julio de 1990)”3 .

La efervescencia cultural

El Cusco, del primer tercio del siglo XX, no sólo fue de renovación económica sino también social y cultural. La Universidad San Antonio Abad del Cusco ingresaba a su Edad de Oro; jóvenes intelectuales cusqueños, miembros del “Centro Científico Cusco”, ya en 1909, tenían el proyecto de desarrollar la región mediante “la conquista de la ceja de selva” y publicaron la revista “Sierra”. En ese lapso también se formaron las más importantes instituciones de la sociedad civil cusqueña, como la Sociedad de Comerciantes y Empleados, el Gremio de Chocolateros, la Asociación Comerciantes Minoristas, la Unión Universitaria, el Colegio de Abogados, el Centro Artístico, la Sociedad Filarmónica, el Centro Cosq’o de Arte Nativo, la Sociedad Femenina Procultura, la Sociedad de Tiro y el Club Internacional de Tiro, entre otros.

En el campo editorial y periodístico “son alrededor de 18 periódicos que se editan en el Cusco, entre 1901 que aparece el primer número del diario ‘El Sol’ y los años 1930 -31 en que se edita el diario Avanzada, además del ‘Comercio del Cusco’, fundado en 1896….La imprenta H.G Rozas, fundada en 1909, sobresalió en la producción editorial porque acogió muchísimos títulos de autores cusqueños”. El campo de las artes tampoco estaba relegado, artistas plásticos como Francisco Olazo, Figueroa Aznar, Francisco González Gamarra, estaban en pleno ejercicio, “Cuando José Sabogal llega por primera vez al Cusco en 1918, estos artistas hacía años que pintaban al indio con propósitos sentimentales, románticos e incluso políticos”4 .

Jinetes de Chumbivilcas, 1957. Foto de E. Nishiyama. http://www.caretas.com.pe/1439/cine/cine.htm

El Germen: el ambiente fotográfico cusqueño

La fotografía estaba en pleno desarrollo, había en el Cusco varios estudios fotográficos: Ochoa, Gonzales, Mesa, Chani, Figueroa Aznar y Chambi, y tenían un mercado inquietante y activo. Especialmente Chambi se movía entre los salones y las ocasiones especiales captando con su lente no sólo el aspecto exterior sino las contradicciones de la sociedad que fotografiaba.

El Indigenismo - corriente artística y política - cobra sentido y esencia en estos tiempos efervescentes uniendo a intelectuales como Uriel García y Luis E. Valcárcel, nada menos que con un talentoso fotógrafo indígena como Chambi.

En este ambiente de trabajo, prosperidad y dinamismo cultural crece Eulogio, que había nacido el 12 de diciembre de 1920. Eulogio aprenderá el negocio de la familia desde muy pequeño, ayudando a sus padres en la atención de “La Baratura”, luego de las clases escolares en el Colegio de Ciencias. Pero también será muy temprana su afición por la imagen: “De niño coleccionaba fotogramas de 35 mm que regalaban en los cines y fabricó su primer proyector con un lente y una vela”5 .

Por entonces, Lima también vivía una época de dinamismo periodístico. Periódicos como La Prensa y La Crónica, e incluso El Comercio, tenían secciones bajo el título de “Provincias”. Pero no era el diario devenir social, económico o político de las “provincias” lo que interesaba a estos medios de comunicación, sino que como ahora, entonces también, se cubría exclusivamente los desastres, los escándalos, los crímenes o la noticia de eventos extraordinarios, como la cobertura del primer vuelo en avión: “El 24 de mayo de 1921, Enrico Rolandi realiza el primer vuelo Lima-Cusco. La hazaña aparece publicada cuatro días después, en el diario La Crónica. Todo un récord periodístico. Tiempo después, Velasco Astete repitió la hazaña y se convierte en héroe… "Ofrecemos con estas líneas una interesante y detallada información que nuestro corresponsal en Cusco, señor Martín Chambi, ha tenido la gentileza de enviarnos"6 . Según las investigaciones del fotógrafo Herman Schwarz; una de las fotos más inquietantes de Martín Chambi “El gigante de Paruro”, fue también una cobertura periodística: hoy sabemos que: “se trataba de Juan de la Cruz Sihuana, gigante nacido en Chumbivilcas, por entonces de 50 años, y que sorprendiera al fotógrafo con sus dos metros y diez centímetros de estatura y sus trescientas libras de peso...fue publicada en la revista Variedades fechada el 4 de octubre de 19257 .

Una década después de su descubrimiento, Machupichu ya atraía al turismo, y esto se hizo sentir en el bazar “La Baratura”. Los primeros turistas comenzaron a llegar y don Agustín y doña Jesús iniciaron la venta de artículos fotográficos. Machupicchu también atrajo a grandes personalidades y entre ellas el “pintor parisino Tsuguharo Fujita, que pasó varios meses de 1935 en México, con el círculo de Diego Rivera y Frida Kahlo, y que a su paso por el Cusco le pondría en las manos al ya adolescente Eulogio su primera cámara fotográfica8 .

La década de los cuarenta, época del más alto apogeo de las grandes haciendas en el país, sería también el inicio de serios problemas en el mundo campesino, y de una inflación ocasionada por la paralización del comercio de exportación e importación que, según algunos historiadores, se debió principalmente a las políticas que el gobierno de Prado aplicara a los inmigrantes alemanes, italianos y japoneses de la ya famosa lista. Doña Jesús, que había quedado viuda, decidió cambiar el apellido de sus hijos de Nishiyama a Nisiama, para así evitar las represalias y se quedaron en el Cusco, a diferencia de otros japoneses, como Saiki por ejemplo, que tuvieron que migrar a otros departamentos, u otros como Kawamura, que optaron por internarse en la selva de Madre de Dios y Kosñipata. El negocio familiar de los ahora Nisiama, seguía pues sin mayores sobresaltos.

El fotoreportero Nishiyama


Pero la atención del negocio familiar no sería el trabajo prioritario de Eulogio, y tampoco la carrera de Ciencias Económicas que estudió en la Universidad San Antonio Abad. Desde muy temprano comenzó a sacar y revelar sus propias fotografías, e instaló su laboratorio en la casa paterna ubicada en la calle Q’era.

Como en toda sociedad, el hobby de la fotografía estaba destinado a quienes pueden solventar su costosa tecnología. En la década de los cuarenta, en el Cusco, los hermanos Nishiyama combinaban el negocio y el placer de la afición: “Como la fotografía estaba dentro de las aficiones que sustentaban mi vida juvenil iba siquiera un par de veces semanales, a la casa de la señora Jesús que se ubicaba en la calle Q’era donde mi amigo Félix que estaba haciendo sus pinitos en la fotografía. Cuando conocí a Eulogio, ya tenía un moderno laboratorio montado con equipos norteamericanos de la marca Kodak; el fue el primero que entró a hacer toda su labor de captura fotográfica en el formato de 35 milímetros, saliéndose de la tendencia generalizada en los fotógrafos de la época que usaban los formatos ‘grandes’, en placas y rollos. No fue problema para él la resolución en las ampliaciones, pues tenía equipo moderno de primera y las nuevas películas venían con diversas gradaciones del ‘grano’ y sensibilidad, también nuevas formulas de reveladores con que se obtenían excelentes resultados; la primera cámara que le vi usar fue una ‘Kodak- 35’, tenía también una ampliadora especial para el formato de 35 mm kodak; fue de los primeros en usar modernas técnicas de revelado en tanques Daylight”9 .

Para el inicio de la década del cincuenta, Eulogio ya no era sólo un cultor de la fotografía, sino que había desarrollado la carrera de reportero gráfico y, como tal, le tocaría cubrir el evento más importante del siglo XX de la ciudad del Cusco: El terremoto del 21 de mayo de 1950.

Chambi “que ya tiene sesenta años y está demasiado hecho a ese ámbito antiguo de calles angostas cuya medida es el viandante y no los vehículos, y donde los campesinos indígenas con sus recuas de llamas forman parte natural del paisaje urbano, recorre el escenario del desastre empañados sus ojos por lágrimas …. Que se destruya una ciudad sagrada no es un mero desastre; es un cataclismo universal. De ahí deriva su abatimiento, y de su propio cansancio deriva probablemente, su incapacidad de ver que el Templo se podía reconstruir, que ése terremoto y otros, literales y simbólicos podían ser también el germen de muchos cambios no necesariamente negativos...”10 .

Pero para el joven Eulogio era adrenalina pura: Miguel H. Milla, redactor y corresponsal del diario La Crónica de Lima, en el Cusco, recordaba: “Eulogio Nishiyama, que trabajaba conmigo, cuando comenzó el terremoto, había cogido con un brazo a su hijo y con el otro la cámara, y salió a la carrera tomando fotos en el mismo momento en que sucedía el terremoto, obteniendo vistas espectaculares de piedras que caían, especialmente del templo de Belén, esa misma tarde me dijo: ‘tengo las fotografías’ y al día siguiente las mandamos en el avión”11 . Era pues un reportero gráfico nato.

La segunda modernización del Cusco, es decir, la etapa de reconstrucción de la ciudad, fue también una etapa de violentos cambios en la zona rural. El surgimiento de los partidos políticos, la complicada realidad de los campesinos y la estructura del régimen de haciendas llegaba a su fin. Cusco a finales de la década del 50 y principios de los 60 viviría en un gran torbellino político. Si bien la Universidad San Antonio Abad ya no estaba en su época dorada, académicamente sí tenía a jóvenes políticos que, deseosos de cambiar las estructuras sociales y económicas, lucharían denodadamente por ganar los votos de sus compañeros para ser elegidos en los frentes estudiantiles locales y nacionales. Los escarceos políticos entre el Apra, el Partido Comunista y los Democristianos llegarían a la prensa nacional gracias al lente de Nishiyama: “En julio de 1961se produjo el ‘incidente de la bandera’…..Manuel Seone Yepes, que entonces vivía en Cuco como activista de los movimientos independientes de Pedro Beltrán, y Germán Alatrista, furibundo anticomunista profesional y corresponsal de La Prensa de Lima, hicieron tomar fotografías de las banderolas pintadas de rojo con el fotógrafo Nishiyama y comunicaron la noticias a sus amos. La Prensa de Beltrán hizo un gran escándalo, publicó grandes titulares, afirmando que el pabellón de seda de la universidad había sido ultrajado por los comunistas”12 .

Los herederos de Chambi: El Foto-Cineclub del Cusco

Otomatzu Nishiyama Mío, su esposa Jesús Gonzales y sus hijos Alejandro, César (en brazos) y Eulogio de blanco, a la derecha. Cortesía de Dora de Nishiyama.

Pero si su trabajo de reportero gráfico ya le había otorgado cierta relevancia en el Cusco, sería su trabajo como camarógrafo y cineasta, lo que en definitiva llevaría a Eulogio a la escena nacional. “...en 1955, el Foto-Cineclub del Cusco, singularísima e impaciente institución que se propone más que difundir la cultura cinematográfica, la realización inmediata de films, y que hará posible el advenimiento de un nuevo modo de entender y utilizar el cine. En efecto, el aspecto comercial de éste –principio rector hasta ése momento- será ignorado olímpicamente y el único que contará será su capacidad de registrar y auscultar la realidad, no solo desde un punto de vista etnográfico y sociológico, sino también (y esto al menos en lo programático) desde un punto de vista mítico y poético.

En la versión cusqueña, el cine será testimonial de la realidad o no existirá. Sólo que la realidad se achica a la realidad indígena, y ésta se reduce, a su vez, a sus fiestas, es decir, a su lado más plástico y colorido, es decir, a su lado fotográfico…Herederos del arte fotográfico de Martín Chambi, ‘la escuela de Cine Cusqueño’, escribe el segundo gran capítulon de la historia del Cine Peruano. Su legado abarcó cortos documentales y largos de ficción: Los invencibles Kanas, Lucero de Nieve, Corpus del Cusco, Corrida de toros y cóndores, KuKuli, Jarawi, etc. Sus animadores principales: Manuel y Victor Chambi, Luis Figueroa, Eulogio Nishiyama, y César Villanueva”13 .

Después de la década del 60, Eulogio conoció la celebridad: los largometrajes le merecieron reportajes en la prensa internacional y viajes a las principales capitales culturales del mundo. Más adelante, llegará el momento del reencuentro con la tierra de sus ancestros: haría el viaje de retorno que Otomatzu, su padre, no pudo hacer a su tierra natal en Wakayama-Ken, Japón. Allí conocerá a Simón, su hermano mayor.

Justo reconocimiento

En la década del 80, Cusco acogería a diversos centros de estudios y organizaciones no gubernamentales interesados en el rescate de la memoria, ya sea oral o visual. En 1987 llegan Deborah Poole, antropóloga norteamericana, y la fotógrafa Fran Antmann al Centro de Estudios Bartolomé de las Casas, y desde allí se iniciará un trabajo encomiable de recuperación y descubrimiento de diversos archivos fotográficos, creándose la Fototeca Andina, el archivo fotográfico más importante del sur andino. Eulogio, que ya había organizado en 1968 la primera exposición retrospectiva de la fotografía en el Cusco, siendo director del Instituto Americano de Arte, tendrá también un importante protagonismo apoyando el trabajo de las investigadoras y de las que luego tomaría la posta en la administración y seguimiento del trabajo iniciado: Adelma Benavente. Esta institución catalogó aproximadamente 80,000 negativos del trabajo de Nishiyama, más no pudo concretar su adquisición por razones meramente económicas.

En 1990, la Fototeca Andina, El Centro Bartolomé de las Casas y el Taller de Fotografía Social (TAFOS) rendirán un homenaje especial, y en vida, al trabajo y la obra de Eulogio con una exposición celebratoria: “50 años de mira”. La curaduría estuvo a cargo de Adelma Benavente y Carlos Gutiérrez, los cusqueños acudieron masivamente al evento14 .

Por su parte, Denisse Okuyama, joven comunicadora social de la Universidad de Lima, que guardaba desde sus años de infancia un artículo del diario “Perú Shimpo”, en dónde se hablaba de un cineasta cusqueño de origen japonés, expresa: “me dejó impresionada para toda mi vida. Un japonés que desde el Cusco hacía cine y en la fotografía aparecía sentado como entre nubes, me pareció Kurosawa”. Ya profesional, Denisse cumplió su deseo de conocer a Eulogio y además organizar junto con Juan Tokeshi, Ichi Terukina, Sergio Saito y Rumi Morimoto, la exposición: “Nishiyama fotógrafo cusqueño”, realizada en el año 1994 en el local de la Asociación Cultural Peruano Japonesa15 .

Y llegamos al final de nuestra historia. Así como desapareció el Cusco de Chambi, desaparecieron también las condiciones sociales y económicas que originaron el Cine Club Cusco y con ellas Eulogio, “El chino Nishiyama”. La muerte lo alcanzó a los 76 años en 199616 .

Bibliografía y referencias:

1. de Azevedo O. D., Paulo Cusco. Ciudad histórica, continuidad y cambio, Peisa. 1982. Pags. 23 y 24.

2. Fukumoto, Mary Hacia un nuevo Sol. Japoneses y sus descendientes en el Perú. Pag.494

3. Loc cit.

4. Kuon Arce, Elizabeth . El Qosco. Antropología de la ciudad. En: El Cusco de los años 20. Ministerio de Educación del Japón y Centro de Estudios Andino Cuzco, 1992. Pags.53, 54

5. http://www.caretas.com.pe/1439/cine/cine.htm (Julio-2007)

6. Schwarz, Herman en Revista Caretas http://www.caretas.com.pe/2000/1650/secciones/cultural.phtml (julio-2007)

7. Schwarz, Herman en Revista Caretas http://www.caretas.com.pe/2000/1650/secciones/cultural.phtml (julio-2007)

8. Watanabe, José en Revista Caretas. http://www.caretas.com.pe/2000/1619/articulos/nikeis.phtml (Julio-2007)

9. Marín Manga, Raúl. Testimonio personal.

10. Huayhuaca del Pino, José Carlos. Hombres de la Frontera. Ensayos sobre cine, literatura y fotografía. Martín Chambi, Fotógrafo. Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú. 20001.Pag.268

11. Marín, Patricia, Diario La República, Cusco Imperial en escombros, 24 de Junio 2007

12. Tamayo Herrera, José. Breve historia de un historiador (Un ensayo de ego historia). Centro de Estudios País y Región.1989. Pags.86 y 87

13. Huayhuaca del Pino, José Carlos. El enigma de la Pantalla, ensayos sobre cine, Universidad de Lima, 1989. Pags 25,26.

14. Benavente, Adelma, testimonio personal

15. Okuyama, Denisse, testimonio personal.

16. Agradecemos la colaboración de Dora de Nishiyama y Honoria Delgado para la redacción de este artículo.

* Este artículo se publica bajo el Convenio con la Fundación San Marcos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima – Perú.

© 2007 Patricia Marín