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A Partir de Doris Moromisato

Interesante, dramático y valiente es su artículo "Anti-japonismo en Perú: historia y nuevos ataques". Leyendo artículos como éste, los nikkei que estamos más allá de esas fronteras, podemos informarnos, comprender y sentir con más certeza las complejas realidades que han vivido y viven otros nikkei. Qué significativo sería que muchos siguieran los pasos de Doris. (Es bueno recordar la leyenda del haz de flechas). Para ello, no se necesita ser historiador o investigador de oficio, sólo se requiere escuchar la voz interior para sacar a luz su mundo inmediato, sus triunfos, sus miedos, sus esperanzas, sus logros, su barrio, su familia, etc... El medio existe. A un click de cada cual está el Discover Nikkei. Imaginemos que cien, mil o más nikkei peruanos escribieran sólo diez líneas de sus existencias. Al minuto, la mitad de los nikkei del mundo sabrían de ellos, vislumbrando sus rostros, sus nombres, sus vicisitudes, la realidad que los rodea. Doris lo dice, debemos ser parte de esa "poderosa ola de globalización que vive el planeta". Es la hora de mostrarnos, de hacernos parte concreta del mundo. La red nikkei se entreteje con todas las razas y se relaciona con todas las orgánicas.

Pero, retomando los antecedentes entregados por Doris, una vez más nos enfrentamos a una historia de persecuciones, de abusos y de malas intensiones que - como dice muy bien: "Por supuesto, estas iniciativas nunca han provenido ni provienen de la población mayoritaria...". La misma idea me tocó desarrollar cuando debí referirme a las persecuciones sufridas por los japoneses que se radicaron en Chile. Por iniciativa propia, nunca ha sido el Pueblo el que ha acosado a japonés alguno. Todo lo contrario, siempre se ha mostrado tolerante y respetuoso porque ambos se reconocen en el sudor y en el trabajo duro. Los acosadores han sido aquellos componentes de grupos minoritarios que además de estereotipos, vieron competencia, oportunidades de dominio, presencia de bienes y/o cargos que podrían cambiar de manos.

Por lo mismo - para mí al menos - la xenofobia propiamente tal, dentro de estos hechos específicos, juega un papel secundario. Las verdaderas motivaciones no estarían centradas en odiar a una raza propiamente tal, sino en ese impulso primario del pretendido macho alfa, de cimentarse en el poder sin importar cuánto sufrimiento y mal provoque. Dentro de la historia de Perú, hay mucha sangre que justifica este aserto, siendo la primera víctima la maravillosa cultura inca de la que sólo vieron el fulgor del oro. ¿Recuerdan cuanto desprestigio cayó sobre ellos para justificar su exterminio y despojo?. Ahora, ¿cuánta sed de poder, de envidia y de avaricia quedó prendida a esos grupos que siguen rasguñando constantemente las esferas superiores?.

En Chile han operado los mismos grupos. Claro que aquí el incentivo no fue el oro japonés porque no lo había pero, a principios del siglo XX sí se llevó a cabo una oposición histérica a todo 'dekasegi' por miedo al "grupismo japonés". Miedo alimentado con las leyendas pavorosas que llegaban justamente de Perú y de California. Luego, durante la Segunda Guerra Mundial, los marcaron como espías y saboteadores. ¿Dirá algo el hecho que al menos el 20% de la población japonesa fue condenada a deportaciones, relegaciones y expulsiones?. En contraposición, la población alemana perseguida fue inferior al 1% mientras la italiana no fue tocada.

Esto último podría ser identificado como una respuesta xenobóbica pero en realidad, sólo fue la reacción de aquellos míseros mandantes presionados desde afuera, que debieron fabricar culpables para no perder prerrogativas ni enfrentarse a otros más poderosos. Recordemos que los pocos japoneses existentes en Chile (algo más de mil entre los residentes y de paso) carecían de todo respaldo, de toda organización, de todo reconocimiento estatal. Por lo demás, la mesura japonesa, su dedicación al trabajo, su honradez a toda prueba, su pacífica convivencia, su respeto a las leyes encontradas, el 'giri' que tenían con la tierra que lo acogió; se prestaba para que en su pasividad y nobleza, fueran crucificados por cualquier infundio. (¿No hay aquí una enseñanza que debe ser pensada?).

En la actualidad, en nuestro país se escribe otra historia con respecto a los japoneses y los nikkei-chilenos. Aquellos descendientes de los pioneros del siglo XX son ya parte obligada de su cultura y desarrollo. Al hacer realidad las aspiraciones de sus padres de priorizar la Educación, están aportando significativamente a un Chile más próspero y lo seguirán haciendo - con mayor efectividad aún - los que vienen tras ellos.

¿Cuánto daño sufriría nuestro Chile si se pretendiera anular la contribución real que están haciendo estos pocos nikkei-chilenos?. ¿Cuánto daño sufriría Perú, si sucediera un hecho similar dentro de esa bulliente Colonia nikkei-peruana?.

© 2007 Ariel Taleda