La Princesita del Perú: Angélica Harada cumple 50 años de vida artística - Parte 1

By Enrique Higa Sakuda, Asociación Peruano Japonesa
15 Feb 2011

El 2010 fue un año especial para Angélica Harada, pues coronó medio siglo de una exitosa trayectoria entregada en cuerpo y alma al folclore peruano. Mientras preparaba el espectáculo que se presentó en noviembre por sus Bodas de Oro, la Princesita de Yungay nos recibió en su casa para compartir sus recuerdos.

Cuando mira hacia atrás, sus cincuenta años de carrera artística, ¿qué es lo que la hace sentir más orgullosa?

La pregunta es muy bonita. Yo veo hacia atrás mis inicios, sus altos y bajos. Se sufre bastante. Pero es un placer, porque me gusta el arte. Ha habido mucho sufrimiento, para entonces el folclore no era tan bien visto, siempre nos marginaban, porque decían “los cholos, los serranos que cantan”. En las fiestas nos tenían que poner al último, cuando la gente ya se estaba yendo o estaba con sus traguitos. Ahora el público lo acepta. Tranquilamente podemos entrar a Palacio de Gobierno, en cualquier sitio, con nuestro folclore. De eso yo me siento muy orgullosa. Ahora cumpliendo estos cincuenta años rogaba a Dios que me dé vida para poder yo festejar mis Bodas de Oro, y así agradecer a Dios, a mi público, que nos hace artistas con sus aplausos.

Cuando empezó no imaginó que iba a cumplir cincuenta años de vida artística, a ser distinguida por el Estado…

No. Era solamente seguir adelante llevando la cultura peruana, porque el folclore es una parte de la cultura de nuestra patria. Nosotros cultivamos la música auténtica, sin cambio, sin copia, sin calco, con toda la esencia peruana, y para eso hay que estudiar un poco en la universidad de la vida. Eso me hace feliz a mí. Me siento muy orgullosa de haber difundido la música. He sido maestra de danza, maestra de canto, sin haber aprendido en una universidad. El folclore me ha dado la oportunidad.

¿Cómo nació en usted esa necesidad de expresarse a través del canto?

El arte nace con uno. Yo no sé por qué, porque en la familia de mi mamá nadie es cantante, nadie se inclina al teatro, nada, pero en cambio a mí sí me nació. Yo hice mi transición en Shacsha, donde yo nací, en una escuelita muy humilde. A mí me nacía cantar, decía “quisiera que me saquen a cantar”. Y estaba al pie de mi profesora, a donde iba ella me paraba para que me diga “tú tienes que cantar”, porque según ella mi voz sobresalía.

Desde que se recuerda a sí misma siempre se recuerda cantando.

Con la Pastorita Huaracina. (Foto: Tomado del libro Mi vida. El mundo que conocí, de Angélica Harada Vásquez, Princesita de Yungay)

Sí. Pero yo agarré la música criolla, la música mexicana, me gustaba cantar rancheras, pasodoble, pasillo, todo lo que estaba de moda en mi época. Cuando me vengo a vivir a la casa de mi hermano aprendí canciones de Pastorita Huaracina. Entonces mi cuñada me dijo “tú tienes bonita voz, puedes cantar huayno”. Yo tenía un poquito de recelo, decía “qué va a aceptar el público a esta japonesa que se mete a cantar huayno”. Pero no fue así. Yo ensayé un año y cuando salí, salí con éxito, decía “la única japonesa que canta con alma de chola, la Princesita de Yungay”. Para poner mi seudónimo yo tenía que dar un examen en el Instituto Nacional de Cultura (INC).

¿Un examen?

Para actuar en los coliseos teníamos que tener nuestro carné, un permiso del INC.

No como ahora, que cualquiera puede cantar.

Ahora cualquiera es artista (ríe), y como la tecnología está tan avanzada, cualquiera graba y tiene su disco. Antes no, teníamos que tener un permiso. Y si íbamos a provincia teníamos que tener permiso del concejo de la provincia, nos llenábamos de carnés. Ahora no es así, y qué pena. Por eso no hay control en el folclore, hacen lo que les da la gana. Hay chicas que cantan que ya no llevan esa vestimenta que deberían llevar, y que antes nos obligaban a que llevemos, vestuario típico hecho por los artesanos. ¿Usted dónde ha visto una serrana que canta huaynos toda calatita? Más bien una serrana se abriga (risas), se pone chaqueta, se pone su manta, se pone pollera, eso es lo típico, porque estamos representando lo nuestro.

¿Para esa evaluación un artista tenía que ponerse un seudónimo?

No, yo no, sino el jurado. Nos pedían cuatro seudónimos, 16 canciones, eran 12 jurados. Uno decía “cántese esta canción”. No sabíamos de las 16 canciones cuál nos iba a tocar.

Tenía que saberse todas.

Todas. Pero hacían cantar una o dos canciones, nada más. Bonito fue mi examen en el INC. Yo nunca me había puesto polleras, pero me hice mi pollerita, mi chaquetita, y como tenía el cabello largo me hice dos trenzas, me adorné de cintas, bien cholita salí. Les caí muy bien a los jurados, primera vez veían a una japonesita cantando huayno. Salí airosa. De los cuatro seudónimos, me dijeron qué tal si te llamas “Huandoy”. Obligaban a ponerse un seudónimo representando su provincia o departamento.

Alusivo a su lugar de origen.

En edición de mayo de 1967, la revista Caretas le dedica su carátula como una nisei ilustre. (Foto: Tomado del libro Mi vida. El mundo que conocí, de Angélica Harada Vásquez, Princesita de Yungay)

Exacto. Por eso hay una Flor de Huancayo, una Flor de La Oroya, la Estrella de Pomabamba. Yo quise cantar con mi propio nombre, Angélica Harada de Yungay. No me aceptaron. Y ellos me pusieron Princesa de Huandoy. Dije “no, yo quiero representar a mi provincia, Yungay”. Entonces me acerqué a hablar con el doctor Gálvez Saavedra, él era el capitán del jurado. Le dije “Huandoy es de Caraz, yo quiero ser de Yungay”. “Ah ya pues, entonces serás Princesita de Yungay”. Y ahí salió, pero no pensé que iban a transcurrir tantos años con princesita, ahora princesota será (risas). Ya colgaré mis polleras con ese seudónimo, ya no se puede cambiar.

¿Cómo fue recibida cuando recién empezó? ¿Cómo veía la gente a alguien de ojos rasgados cantando huaynos?

Bien, me aplaudían bastante. Yo debuté en el coliseo nacional, cuatro canciones me aprendí bien, ensayé bastante, había mucho público. Todos pedían otra y volvía cantar las mismas canciones (risas). Y me seguían aplaudiendo, para qué, yo empecé con el pie derecho. Desde entonces dale que dale. Bueno, no todo lo que brilla es oro, siempre ha habido fracasos, he chocado con empresarios que se han querido pasar de la raya, muchos que no nos pagaban, se desaparecían, y teníamos que venir tirando dedo (ríe). Pero yo recuerdo lo mejorcito, lo lindo nomás. Y eso me hace feliz.

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* Este artículo se publica gracias al convenio entre la Asociación Peruano Japonesa (APJ) y el Proyecto Discover Nikkei. Artículo publicado originalmente en la revista Kaikan Nº 50, octubre 2010 y editado para Discover Nikkei. 

© 2010 Asociación Peruano Japonesa / © 2010 Fotos: Asociación Peruano Japonesa.

 

Enrique Higa Sakuda

日系ペルー人三世で、ジャーナリスト。日本のスペイン語メディアインターナショナル・プレス紙のリマ通信員でもある。

(2009年8月 更新) 

 

Asociación Peruano Japonesa

La Asociación Peruano Japonesa (APJ) es una institución sin fines de lucro que congrega y representa a los ciudadanos japoneses residentes en el Perú y a sus descendientes, así como a sus instituciones.

Última actualización en mayo de 2009

 

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