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Totaro y Kazuma Nishikawa: El legado de los pescadores japoneses en Baja California - Parte 2

Lea parte 1 >>

El día 7 de diciembre de 1941 la marina japonesa atacó Pearl Harbor. Aunque el ambiente y la tensión entre Japón y Estados Unidos auguraban la inminencia de la guerra, el ataque fulminante a la base naval norteamericana en Hawái sorprendió a todo mundo.

La noticia corrió como reguero de pólvora en Ensenada. Los pescadores se encontraban esa tarde en el muelle cuando otros compañeros se acercaron apresurados a decirles: “¡Estalló la guerra, estalló la guerra!¡Japón bombardeó Bahía Perla!”. La primera reacción de los inmigrantes fue de gran alegría al saber que el ataque había sido un éxito; sin embargo, al mismo tiempo, la noticia los envolvió en una enorme inquietud y temor ante el hecho de que ahora no sabían qué les deparaba el destino.

Para el gobierno norteamericano los pescadores constituían, de entre todos los inmigrantes, el grupo más peligroso debido a que conocían perfectamente las costas desde Canadá hasta el extremo sur de Baja California. Sin embargo, esta actitud adversa contra los pescadores no había surgido en ese momento, pues desde la primera década del siglo, cuando llegaron a California, fueron considerados como un “ejército invasor”.

Al estallar la guerra, el ejército norteamericano consideró a los pescadores como los “tentáculos de la quintacolumna” del imperio japonés. Bajo esta consideración, los primeros arrestados durante la tarde del 7 de diciembre fueron los pescadores. Frente a las costas de la ciudad de Los Ángeles, en Terminal Island, radicaba esa extensa comunidad de japoneses y sus descendientes con más de 3 mil personas. El FBI se llevó de inmediato a los líderes de la comunidad y cerró todos los comercios de los japoneses. La isla se convirtió en zona de guerra al impedirse el paso del ferry hacia o desde Los Ángeles.

La propaganda, la histeria y la xenofobia jugaron un papel central para concentrar en Estados Unidos a 120 mil japoneses en 10 campos de concentración, de los cuales dos terceras partes eran ciudadanos norteamericanos por nacimiento. Caricatura publicada en el periódico PM de Nueva York con el título “Esperando la señal de Casa…” que dibuja a los inmigrantes como posibles perpetradores de atentados.

En México el presidente Manuel Ávila Camacho, a consecuencia del ataque japonés, rompió de inmediato relaciones diplomáticas con ese país. Pero además, a petición del gobierno norteamericano, la Secretaría de Gobernación ordenó a los pescadores concentrarse en un plazo de 72 horas en las ciudades de Guadalajara o México.

Totaro Nishikawa, en compañía de otros pescadores, le solicitó al general Abelardo Rodríguez que interviniera ante las autoridades federales con el propósito de que se evitara la concentración. La movilización forzosa significaba para los inmigrantes quedarse de pronto sin empleo y sin hogar. Por su parte, la empresa del general, la Pesquera del Pacífico, en un primer momento intentó detener el traslado porque temía, con razón, el derrumbe de la producción pesquera y la consecuente afectación de sus intereses. La intervención del expresidente Rodríguez no impidió la concentración, pero al menos permitió que los primeros contingentes de concentrados salieran a Guadalajara y México en el mes de enero.

Los inmigrantes, desde su arribo, en distintas partes de México habían creado organizaciones locales para estar informados y apoyarse mutuamente. La Asociación Japonesa de Ensenada fue la encargada de preparar y organizar el traslado a los lugares de concentración. En ese ambiente de guerra, la celebración de uno de los festejos más importantes para los japoneses, el año nuevo o shogatsu, se convirtió en el momento más triste y complicado que las comunidades hayan enfrentado en México.

Mapa del FBI sobre posibles lugares de invasión del ejército japonés en Baja California (National Archives and Records Administration, NARA)

Al iniciar el año, Totaro logró alquilar un barco en el cual su esposa, su hermano y sus dos hijos se embarcarían hacia el puerto de Manzanillo a mediados del mes de enero de 1942. Junto con los Nishikawa viajaron varias familias que no tenían recursos suficientes para financiar el traslado, de entre ellas estaban Masaharu Sakai, Yonekichi Yamamoto, Kazuto Morita y la señora Tosini Hidano quien viajó con su bebé recién nacido. Tosini era la esposa del pescador Tetsushiro Hidano quien se encontraba desgraciadamente en Estados Unidos donde fue apresado. En total, se embarcaron cerca de 30 personas; la travesía a Manzanillo duraría tres días. En ese puerto los pescadores y sus familias pernoctaron una noche para posteriormente trasladarse a la ciudad de Guadalajara. Al llegar a esa ciudad los concentrados se reportaron a las autoridades y empezaron a buscar un lugar permanente donde vivir, una gran casona en la calle de Donato Guerra donde se alojarían varias familias.

El gobierno norteamericano, no satisfecho con la medida de concentración que se estaba llevando a cabo en México, solicitó que se enviaran a Estados Unidos a los líderes más importantes de las comunidades japonesas. Afortunadamente el gobierno mexicano no accedió a tal petición, como lo hicieron otros gobiernos latinoamericanos. Sin embargo, hubo pescadores que residían en Ensenada que estuvieron detenidos en los campos de concentración norteamericanos. Este fue el caso, además de Hidano, de varios pescadores que desafortunadamente habían salido de Ensenada en los días previos a Pearl Harbor y al atracar en San Diego, el día 10 de diciembre, fueron arrestados y acusados de ser “enemigos extranjeros”. En esta tripulación de pescadores se encontraba un ciudadano mexicano por naturalización, Takeshi Morita, quien no fue repatriado a México sino hasta mediados del año de 1945.

Campo Santa Fe, Nuevo México, uno en los que permaneció Takashi Morita durante la guerra (Cortesía de Departamento de Justicia de los Estados Unidos)

Aunque los pescadores que fueron concentrados en las ciudades de México y Guadalajara no sufrieron las terribles consecuencias de estar en un campo de concentración como Morita, esto no significó que no padecieran enormes dificultades a lo largo de la guerra. En Guadalajara, los Nishikawa y los demás pescadores tuvieron que buscar una nueva forma de sobrevivir. Para fortuna de Totaro, él no sólo hablaba el idioma español, sino que había logrado ahorrar una cantidad importante de dinero, elementos que le permitieron instalar un pequeño restaurante al que le pusieron de nombre “La Frontera”. Además, Totaro logró abrir una peluquería y una taquería en Tlaquepaque en las que daría empleo a dos de sus paisanos. La peluquería estaría a cargo de Francisco Nonaka, en tanto que la taquería sería atendida por Guadalupe de Amano, esposa mexicana del pescador Katsu Amano. Mediante estos negocios, los Nishikawa y las familias que trabajaron en ellos, lograron salir adelante durante los años en que se extendió la guerra.

Kazuma Nishikawa buscó en un principio regresar a Japón. En el mes de septiembre de 1942 se trasladó a la ciudad de México debido a que las autoridades anunciaron un posible intercambio de prisioneros entre Japón y los países contendientes. Este hubiera sido el segundo intercambio de prisioneros que nunca llegó a concretarse por lo que, en el mes de febrero de 1943, Kazuma regresó a Guadalajara. En esa ciudad el pescador trabajó intensamente en el restaurante de su hermano ya que tuvo un gran éxito al grado que se extendió el horario de atención al público de las 11 de la mañana hasta las 2 y 3 horas del siguiente día. Mura también colaboró diariamente en la supervisión de la peluquería pues cada mañana asistía a la misma para cerrar las cuentas del día anterior con el señor Nonaka.

Masayuk Nishikawa, a la derecha, al lado de sus dos hermanos menores y su tío, en el fondo, hermano de Totaro y Kazuma (Colección familia Nishikawa)

A mediados del año de 1943, Mura y Totaro recibieron con gran entusiasmo a su tercer hijo nacido en México, Katsuo. Sin embargo, no todo era alegría en la familia Nishikawa, pues del otro lado del océano vivían no sólo los tres hijos mayores del matrimonio sino todos sus familiares. La única forma en que lograban tener algunas noticias de ellos era mediante las cartas que tardaban demasiado tiempo en llegar pues además eran inspeccionadas por las autoridades. Las informaciones sobre la guerra mostraban el encarnizamiento de la misma por lo que los Nishikawa estaban muy preocupados pues sabían que su hijo mayor, Masayuki, se encontraba en el frente de guerra en Manchuria. Las malas noticias no tardaron en llegar, en una carta de la Cruz Roja de Japón se les informó que su hijo había muerto. La noticia devastó a Mura pues el dolor enorme de la muerte de su hijo mayor se aunaba a la angustia permanente de saber que la guerra continuaba y sus dos hijos y toda su familia, aunque vivieran en Shizuoka, habían sido blanco de los devastadores bombardeos norteamericanos. El fin de Japón se acercaba de manera inevitable, la invasión a territorio japonés por parte de las fuerzas armadas norteamericanas parecía ya inminente a fines de 1944 y lo único que Mura podría esperar era más devastación y muerte.

Los presentimientos de Mura no tardaron en convertirse en una terrible realidad. El fin de la guerra llegó mediante el lanzamiento de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945 que dejaron en un solo instante más de 210 mil muertos. El país además quedó en ruinas; la agricultura y la industria no eran capaces de dar de comer a la población. Intentar trasladarse a Japón sería un verdadero suicidio por lo que el retorno de los Nishikawa y de todos los inmigrantes quedó totalmente cancelado. El objetivo principal de las comunidades japonesas en México se concentró entonces en rehacer sus vidas y apoyar a sus compatriotas desde México.

Como parte de este renacimiento, en la primavera de 1946, los Nishikawa recibirían a su cuarto hijo nacido en México, una niña de nombre Sayoko. Al permitir la Secretaría de Gobernación que los inmigrantes regresaran a sus lugares donde radicaban, los pescadores en particular, serían de los más solicitados y esperados en Ensenada. Las empresas de Abelardo Rodríguez y de otros empresarios, ante el “derrumbe” de la producción pesquera, llamaron de inmediato a los inmigrantes quienes fueron de los pocos contingentes concentrados que retomaron sus antiguas actividades. Totaro y Kazuma reiniciaron su trabajo de buzos, pero no por mucho tiempo pues Kazuma había conocido en Guadalajara a la hija de un inmigrante, la joven Alicia Yakabi, con quien se casaría en 1947 y se dedicaría a atender dos comercios que su suegro había levantado. Totaro por su parte trabajó unos años más como buzo y posteriormente como pescador de manera independiente al mando de su propio barco.

Kazuma y Totaro ya no regresaron nunca a más a Japón. Shosaku, el hijo menor de los Nishikawa que había nacido en Japón, logró venir a México para verlo morir en el año de 1965. Mura moriría a los 87 años de edad en 1992. Kazuma tuvo una vida muy larga y productiva pues falleció a la edad de 98 años en Guadalajara en el año de 2016, le sobreviven su esposa y sus cuatro hijos.

Tumbas de pescadores japoneses en Bahía Tortugas (colección Kiyoko Nishikawa)

El legado que dejaron los pescadores japoneses, aunque cada vez más tenue, sigue aún presente en la memoria de las nuevas generaciones de pescadores, que recuerdan a sus maestros en los puertos y lugares donde dejaron una escuela. Las tumbas con símbolos y formas japonesas que se encuentran en Bahía Tortugas y en otros sitios, sin embargo, son el testimonio material de esa huella.

 

@ 2019 Sergio Hernández Galindo, Kiyoko Nishikawa Aceves

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