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Los 17 desaparecidos nikkei en Argentina: Gaby Oshiro

Gaby y Oscar en la terraza de la casa de los suegros Teresa y Juan. Boedo, 1975.

Hace un tiempo, me encontraba navegando por Facebook y de repente veo la notificación de una publicación de un grupo cerrado sobre costumbres nikkei y religión, específicamente sobre sintoísmo. Sorpresivo porque era un grupo prácticamente inactivo, era como un grito desesperado entre el silencio, buscando respuestas a las preguntas que se hacía constantemente hace un par de años, preguntando qué ocurriría con las almas de las personas que fueron desaparecidas y no tienen tumba, ni tuvieron entierro. Ella escribía como Kei Ko, contaba que un espiritista (“yuta” en Okinawa) había mencionado el lugar donde se encontraba uno de los cuerpos de los desaparecidos luego de años. Fue el equipo forense y lo encontraron. Kei Ko se hacía muchas preguntas y no tenía respuestas. 

Como siempre, yo “meto mi cuchara” y comento: “dicen que en el sintoísmo el alma debe recibir unos rituales que les llamamos misas y que con cada una de ellas el alma se va elevando; pero, que si no se hacen, el alma se encuentra en el limbo. Me contó que teníamos el mismo apellido y que era una nikkei argentina, me pidió que chateáramos “inbox”.

Estábamos llenando el muro, su nombre era Gaby, Keiko era el nombre que le puso su padre. Me cuenta que su padre era uno de los 16 nikkei desaparecidos, cuando gobernaba la dictadura militar en Argentina. Me pone un enlace con el documental “Silencio Roto 16 Nikkeis”, y me dice que hasta el día de hoy su cuerpo no aparece, no existe una tumba con su nombre, está enterrado en algún lugar, pero sin nombre.

En ese momento recién tomo conciencia lo que había dicho: que el alma de su padre estaba deambulando en el limbo, sin descansar en paz. Pensó que la pregunta era por curiosidad y no que era personal Me imagino que ella se habrá sentido herida por lo que dije. Aunque le pedí disculpa, ella me dijo que antes ese era tema tabú y que desde hacía dos años ella lo enfrentaba. Solo buscaba respuestas y que durante todos estos años ella lo había tenido todo guardado dentro de sí. Como siempre, me dice “no olvido, pero ahora me cuestiono todo”.

Oscar y Beba en Chascomus, circa 1969

Me cuenta que ella es hija de Oscar Takashi Oshiro, uno de los nikkeis desaparecido en Argentina durante la dictadura militar, él desapareció el 21 de abril de 1977, tenía 36 años. Era como cualquier persona y su familia como cualquiera, lo único diferente es que su padre era una persona que se preocupaba por los demás y por los derechos de los trabajadores (atípico en los nikkeis, que buscaban adecuarse a la sociedad, sin reclamar ni protestar). El fue secuestrado, como muchos, para acallarlo. El iba contra el régimen; como abogado, estaba a punto de ganar el caso en contra de una fábrica de uno de los Ministros del régimen.

Cómo recurrir a la policía, si estos estaban en complicidad con el régimen. Desde ese momento empiezó la lucha de su madre Edvige Bresolin, “la Beba,” para encontrar a su esposo, y a todos los desaparecidos por la dictadura. Recorrió todos los lugares posibles e incluso peligrosos. Me cuenta que una vez , ellos fueron con ella y su hermano al “Vesubio”, que era una cárcel clandestina, porque alguien le dijo que había visto a Oscar allí. Dicen que allí los torturaban y que lo más probable, es que así haya muerto. Ella cuenta el miedo que tenía de perder también a su madre en ese momento y que el miedo se repetía cada día que su madre salía temprano en busca de alguna pista para encontrar a Oscar, hasta que llegara a su casa, muchas veces muy tarde. Eso era de cada día, hasta que su madre comprendió que no lo iba a encontrar.

Sus vidas se trasladaron a Italia, donde ella estudió Arte y ayuda a su madre en el laboratorio fotográfico que instaló. Era un nuevo amanecer, como ella decía, tenía completa libertad de expresarse sin el temor de que los observaban o de decir algo inadecuado.

Gaby, Beba y su hermano Leonardo en una de las vacaciones que íbamos a Necochea. 1984.

Cuántas veces he visto el artículo de los desaparecidos nikkei. Lo he leído, pero nunca uno se pone en el lugar de esa persona que pierde un familiar que desaparece, “está vivo y está muerto a la vez”, porque sabes que está muerto. Pero, oficialmente no encuentran su cuerpo, no hay tumba. Piensas: ¿dónde voy a poner flores?, ¿dónde voy a rezarle?, cómo creer que está muerto si no lo enterré?

* * * * *

Gaby Oshiro es artista, es sensible, pintora, le gusta pintar retratos, le gusta la fotografía, canta bonito, tiene ascendencia japonesa por su papá y ascendencia italiana por su mamá. Ella vive en Estados Unidos y es casada con un norteamericano. Tiene tres hijos, cada uno de ellos tiene algo de ella, según lo entiendo por todo lo que cuenta, es de perfil bajo para ser artista y argentina.

Ella se ríe ante este comentario, sólo quiere las cosas y oportunidades que ella logre por sus propios méritos, muchas veces la sientes a la defensiva, seria, se hace la “dura”. Pero, la verdad es que tiene su corazoncito. Se le digo y ella molesta dice “no”. Ella dice que siempre la estoy analizando cuando chateamos, le pido disculpas, es sin querer. Pero, es que me llama la atención, es a veces triste, a veces cortante, seria otras, desconfiada, otras veces alegre. Cuenta hasta sus cosas cotidianas, sus hijos.

Ante tanta pregunta, le digo que soy muy curioso, mi señora dice que más bien soy chismoso, al igual que una prima muy querida mía. Me califica como curioso, pero me dice que es una forma decir en forma diplomática que “eres un chismoso”. Gaby también me dice sí, “eres chismoso, pero si no, no te iba a conocer, ni a tu prima”. Tenemos el mismo apellido, pero no somos familia, ella es argentina y yo peruano; pero, le digo prima y ella a mí primo. A su esposo le causa mucha gracia que nos hayamos adoptado, así dice él.

Retrato de Oscar Takashi Oshiro para Kintsugi. Instalacion de Arte. 2016.

Durante muchos años, lo de su padre era un tema tabú, no lo tocaba, incluso sus amigos no lo hacían para no herirla; pero, hace dos años más o menos, recibió la llamada del periodista argentino Andrés Asato, para que colabore a terminar el libro “No sabían que somos semillas”, donde justo faltaba el capítulo sobre su padre, sobre los desaparecidos nikkei en Argentina. Eso le dió un “sacudón”, despertó de su letargo, empiezan las preguntas interiores, se enfrenta a ella misma, se cuestiona todo, ya no callará más, contará la historia, pero a su manera, como la artista que es, pintando retratos de los desaparecidos, leyendo las biografías de cada uno, conversando con cada familiar, haciendo que en cada retrato reviva cada uno de ellos, para que las familias y amigos los vuelvan a ver a los ojos, usando el término “Kintsugi”, que es el arte de reconocer la belleza en algo roto, unir los pedazos rotos con oro, creando un nuevo objeto, en base a 17 puertas, donde cada uno representa los 17 desaparecidos. Eso se realizó en Argentina, para el centenario de la Asociación Japonesa en Argentina, en el año 2016. Se espera una segunda parte con Kintsugi Parte 2.

Kintsugi Instalación de Arte en en el Espacio Cultural de la Biblioteca del Congreso de la Nación, Buenos Aires, 2016.

 

© 2017 Roberto Oshiro Teruya

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