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Raíces: historias compartidas de nikkei mexicanos

Raíces. (Fotos: Archivo personal de Dahil Melgar)

“Nunca es tarde para indagar sobre las raíces. No para vivir de la añoranza del pasado, sino para entender cómo ese pasado nos habla de nuestro presente”, dice la antropóloga mexicana Dahil Melgar.

Nunca es tarde, ni aunque hayan transcurrido 100 años. Lo demuestra Dahil en el documental Raíces, que contiene testimonios de nikkei mexicanos sobre su historia familiar y lo que para ellos significa ser descendientes de japoneses.

Son historias que podrían inspirar una saga, con su carga de épica y dramatismo, que comienza en el Japón de fines del siglo XIX o principios del siguiente, con japoneses que se hacen a la mar persiguiendo un futuro soñado en la lejana América, y que finaliza en el México actual, con sus descendientes mexicanos reconstruyendo su historia. Y en el medio, muchas cosas: la llegada de los inmigrantes a México, el arraigo en la nueva patria, el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la concentración de japoneses, la reconstrucción de la comunidad, la revalorización de Japón como potencia mundial y el orgullo nikkei.

Historias como la de Ricardo Pérez Otakara, que en el documental cuenta que desconocía que su abuelo estuvo concentrado durante la guerra o el significado del término nikkei. Tras descubrir la historia de su abuelo decidió fundar la Asociación México Japonesa del Noreste.

Dahil ofrece detalles:

“Su abuelo fue una excepción al perfil de los migrantes de inicios del siglo XX, pues se trató de un primogénito varón —la mayoría de los migrantes no eran primogénitos pues heredaban las tierras—. La familia Otakara en Japón transmitió, de una generación a otra, la promesa de encontrar al primogénito perdido en México. Con el paso del tiempo y las nuevas tecnologías, la búsqueda fue posible. Una de sus sobrinas decidió llamar a la Asociación México Japonesa de la Ciudad de México y preguntar si sabían algo. Localizarlo fue una tarea compleja porque la familia no participaba de la vida comunitaria nikkei, pero lograron ser ubicados y se reestableció un lazo familiar y cultural interrumpido”.

El azar, sin querer queriendo, puede jugar un rol crucial en el destino de una familia. En el caso de Miguel Ángel Kiyama y su padre, fue el azar disfrazado de deporte. 

“El papá del Sr. Kiyama perdió contacto con su familia en Japón producto de la Segunda Guerra Mundial. Pero durante las Olimpiadas de México 1968, lo invitaron a ser traductor de una delegación de boxeadores japoneses quienes en agradecimiento buscaron a su familia en Japón y le ayudaron a restablecer el contacto. Años después, el señor Kiyama viajaría a Japón a conocerlos”, cuenta Dahil.

Uno de los entrevistados, Miguel Ángel Romero Ogawa, revela que jamás tuvo interés en su origen japonés. Incluso se mofaba de una de sus hermanas por “creerse” japonesa. De su abuelo inmigrante conocía el nombre en español que adquirió en México, pero no el verdadero en japonés. Ni su madre sabía cómo se llamaba.

“Todo cambió cuando un día una señora del pueblo al cual migró su abuelo lo buscó por Facebook y le comenzó a compartir fotos y documentos de la familia Ogawa”, dice Dahil. 

Romero Ogawa muestra en el corto una carta que su abuela mexicana le escribió al gobernador de Sonora para pedirle que le devolviera a su esposo concentrado, pues era el sustento de la familia. “Se me hizo desgarrador”, confiesa. La solicitud no encontró eco.

LOS 120 AÑOS, EL PUNTO DE PARTIDA

Dahil Melgar: Dahil Melgar en la Feria del Libro de Lima, Perú. (Fotos: Archivo personal de Dahil Melgar)

Hace 120 años se inició la migración de japoneses a México. Para celebrar el aniversario se realizaron diversas actividades en el país. La efeméride motivó a Dahil Melgar a realizar el documental. “Esta conmemoración me llevó a pensar ¿qué significan 120 años de historia en términos de memoria familiar e identidad?”.

La respuesta es Raíces. “Quise proponer un relato audiovisual en el cual mexicanos de origen japonés, de distintas generaciones, narraran las historias inmigratorias de sus familias, pero sobre todo, sus experiencias de vida como descendientes”.

Su deseo era “mostrar de qué manera la identidad cambia y se transforma de acuerdo con episodios históricos y vivencias propias, y que no podemos hablar de una única forma de ser y de pensarse como nikkei”.

Un actor importante en esta historia es el antropólogo japonés Shinji Hirai, que creó un taller para ayudar a mexicanos de origen japonés a bucear en sus ancestros a través de documentos y álbumes familiares. A Dahil le interesó particularmente el proyecto cuando se enteró de que los participantes eran nikkei que sabían poco o casi nada de su historia familiar.

En el desconocimiento de la historia de los antepasados influyó, como apunta ella, el hecho de que “hasta 1924, las migraciones japonesas aún eran principalmente masculinas. Ello implicó que los primeros migrantes establecieran matrimonio con mexicanas, y que la educación y transmisión de la cultura en casa fuera la local. Varios de los entrevistados recuerdan —ya sea por vivencia propia o relato familiar— a sus papás o abuelos japoneses  como distantes, poco comunicativos; e incluso muestran asombro de haber encontrado fotografías que los muestran sociables, en escenarios más lúdicos de convivencia comunitaria y festiva. Una imagen que se contrapone al recuerdo que tienen”.

Como en el resto de países americanos donde se asentaron inmigrantes japoneses, la Segunda Guerra Mundial fue un parteaguas en la historia de la comunidad japonesa en México. El gobierno mexicano, alineado contra los países del Eje, estableció “campos de reubicación forzada para japoneses en las ciudades de Temixco, México y Guadalajara. A partir de la concentración, no todos los japoneses y sus familias regresaron a las localidades en las cuales se habían asentado”.

Que los nikkei mexicanos desconocieran la historia de sus ancestros se explica también por el hecho de que la concentración de los japoneses durante la guerra se convirtió en un tema tabú en la comunidad.

EL ORIGEN JAPONÉS: DE ESTIGMA A EMBLEMA

El antropólogo Shinji Hirai afirma que antaño, sobre todo durante la guerra, ser descendiente de japoneses en México era una especie de desventaja o estigma. Ahora, es como un emblema.

Shinji Hirai: El antropólogo japonés Shinji Hirai es entrevistado por la autora del documental. (Fotos: Archivo personal de Dahil Melgar)

Dahil explica: “Puede decirse, hoy más que nunca, que el orgullo por la ascendencia japonesa está en su mejor momento. Por un lado, en las últimas cuatro décadas, Japón se reposicionó a nivel económico, tecnológico e industrial; pero también en las últimas dos, capitalizó sus industrias del manga, el anime, la moda, la comida y la música”.

Hablando de anime, uno de los nikkei entrevistados, Soichi Sakay, recuerda que cuando era niño quería cambiarse de nombre. Tenía hasta 15 apodos relacionados con su nombre japonés.

Todo cambió cuando en México se pusieron de moda obras como Sailor Moon y Dragon Ball. Todo lo japonés era cool. Soichi recuerda que una vez le dijeron: “Oye, te llamas Soichi, qué padre. Yo quiero un nombre así”.

La tecnología ha sido decisiva no solo para conectar a los nikkei con sus antepasados inmigrantes, sino también con Japón.

“Los nikkei de tercera y cuarta generación están teniendo oportunidades para conectarse a Japón que no tuvieron sus padres a través de plataformas virtuales que les permiten enlazarse a otros descendientes en el mundo, recorrer las calles de Japón a nivel virtual, estar al día mediante videos y producción mediática, entre otras posibilidades”, dice Dahil.

Para la antropóloga mexicana, la historia no se detiene aquí. Quiere hacer una segunda parte, un corto sobre los encuentros de los nikkei mexicanos que aparecen en Raíces con sus familias en Japón.

Lo valioso de su trabajo no solo se debe a que documenta la reconexión de los descendientes con sus raíces, sino también a que muestra cómo aquellos que estaban desconectados o cuyo lazo era débil, al descubrir su historia familiar también empiezan a formar parte de una comunidad, generándose un fuerte sentido de identidad y pertenencia.

Lo sintetiza cabalmente Ricardo Pérez Otakara, cuando al final del corto dice: “Mi historia es la historia de muchos nikkei. Y su historia es mi historia”.

 

© 2017 Enrique Higa

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