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Toyomi Tsuruta, profesora que abre nuevos mundos

Toyomi Tsuruta enseña japonés en el Perú desde 2010 y es una gran lectora (Foto: Enrique Higa).

En 2013 abrió sus puertas el Centro de Idioma Japonés Tsuru, el sueño emprendedor de una japonesa que busca ofrecer una alternativa de calidad a la enseñanza del nihongo en Lima.

Toyomi Tsuruta vive en el Perú desde 2010 con su esposo, un ingeniero peruano al que conoció en Japón, donde él estudiaba. No llegó a Lima a la aventura, a ver qué salía, sino con una certificación como profesora de idioma japonés, y al poco tiempo consiguió trabajo en una institución educativa. Tres años después, decidió seguir su propio camino con Tsuru.

“Saber japonés es una cosa, saber enseñar es otra cosa”, dice Toyomi, trazando claramente el derrotero de su centro. Quiere profesores que hayan estudiado para serlo. No alcanza con dominar el idioma.

Empezó en un local chiquito y con ella como única profesora. Los alumnos fueron llegando poco a poco, principalmente por recomendación (no hay publicidad más eficaz que el boca a boca), y hoy tiene un local espacioso y más de 50 estudiantes.

Hay otros profesores en Tsuru, pero ninguno a tiempo completo. Dice que hay buenos maestros de nihongo en el Perú que en busca de mejores ingresos renuncian por otros empleos. Una de sus aspiraciones es ofrecerles a estos profesionales un buen puesto de trabajo.

Su enseñanza es integral, explica. Leer, escribir, hablar, escuchar. Si te centras en aprender solo kanji, no llegas a hablar. Y viceversa. ¿Cuántos niveles hay? Tres: básico, intermedio y avanzado.

Tsuru cuenta actualmente con más de 50 alumnos (Foto: Tsuru).


CHILE, COSTA RICA, PERÚ

El primer contacto de Toyomi con América Latina fue Chile, donde vivió entre los 6 y 10 años por el trabajo de su padre. Estudió en un colegio para japoneses y no aprendió español, una espina que pudo sacarse durante la adultez.

Estudió español en Japón, lo mejoró en Costa Rica, donde fue voluntaria de JICA en proyectos de desarrollo comunitario durante dos años, y lo perfeccionó en el Perú.

En Japón, su esposo y ella hablaban en inglés. Ahora lo hacen en español. Al ser el inglés un idioma extranjero para ambos, había límites para lo que podían expresar. Y como tenían previsto vivir en el Perú, ella se empeñó en mejorar su español.

“Si no sé español pierdo muchas cosas. Mi vida sería muy limitada si no supiera hablar español, sería imposible tener mi propio negocio”, dice. Ella no lo nota tanto, pero su esposo y sus amigos le han dicho que su manejo del idioma ha progresado mucho desde que llegó en 2010.

Si bien antes de venir al Perú estuvo en Costa Rica, otro país latinoamericano, le costó acostumbrarse. La forma de vida, de pensar, el comportamiento. A veces se tiende a generalizar y creer que todos los países de América Latina son –en esencia– la misma cosa, pero hay diferencias que Toyomi sintió. Costa Rica es un país más chico que el Perú y la vida, en general, es más simple.

“Mi esposo en Costa Rica me comentó ‘acá todos manejan muy bien, el tráfico está muy ordenado’. Para mí, viniendo de Japón, era un caos. Cuando llegué a Perú entendí lo que decía mi esposo”, cuenta riendo.

Para un extranjero recién llegado al Perú, además del infernal tráfico, la impuntualidad es otro dolor de cabeza. Por eso, en las primeras clases, ella es directa con sus alumnos: “Yo lo digo bien claro: ‘Tienen que llegar puntuales, tienen que ser responsables porque ustedes decidieron estudiar’. El horario de clase ya está establecido y no hay ninguna excusa para llegar tarde. Si uno llega tarde no solo pierde una parte de la clase, también perjudica a otros alumnos llegando tarde, haciendo bulla, interrumpiendo”.

Una de las cosas que destaca de los peruanos, y lo percibe en sus alumnos, es el esfuerzo que realizan por progresar, por mejorar su educación. En Japón, explica, cualquiera puede tener una buena educación yendo a la escuela pública. “Recibir una buena educación es normal”, dice. En el Perú la buena educación cuesta y las personas se esfuerzan constantemente por avanzar.

Con respecto a los nikkei, Toyomi, que ha sido dos veces secretaria de la Asociación de Profesores de Idioma Japonés del Perú, tiene una impresión positiva de ellos como personas respetuosas y educadas, lo que atribuye a su formación en el hogar.


“INSISTIR, INSISTIR, INSISTIR”

La mayoría de alumnos de Tsuru son jóvenes. Estudiantes de colegio o universidad, trabajadores veinteañeros. Llegan por su afición al manga y anime o porque tienen previsto viajar a Japón, usualmente por una beca.

Alumnos: Jóvenes alumnos del Centro de Idioma Japonés Tsuru (Foto: Tsuru).

Hay casos especiales. Por ejemplo, el exdekasegi que mientras estuvo en Japón no llegó a dominar el idioma y se matriculó en el nivel básico para aprender desde cero. O la señora nikkei, de cincuenta y tantos años, que de chica no pudo aprender nihongo en casa y ya en la madurez se animó a estudiar el idioma de sus ancestros.

Toyomi resalta el caso de una septuagenaria que decidió estudiar japonés tras enviudar porque tenía planeado viajar a Japón para vivir con su hijo, casado con una japonesa. Le costaba aprender más que a los jóvenes, incluso después de clases se acercó a la profesora para decirle que se sentía incómoda. “Estoy molestando a otros, no aprendo bien”.

Sin embargo, no se rindió. Suplió sus carencias esforzándose más que el resto, preparándose para cada clase con tesón. Si no entendía algo, lo estudiaba después y así lograba nivelarse con los jóvenes e incluso superarlos.

Toyomi se sirve de ella como ejemplo para decir que para aprender un idioma “no importa la edad, uno puede aprender hasta la muerte. Todo depende de cada uno”. La clave es “insistir, insistir, insistir”.

Ella lo experimentó en carne propia. “Si estudias algo y no entiende, tienes que seguir. Eso me pasó cuando yo trataba de aprender español en Japón. Yo escuchaba un programa de radio (en español) de NHK y siempre me quedaba ‘no entiendo nada, no entiendo, no entiendo’. Pero no dejaba, seguía, seguía y poco a poco entendí. En un punto empecé a entender bien, pero la mayoría deja antes de llegar a este punto”.

El punto al que se refiere ella es fundamental. Dice que cuando llegas a él, una vez superada la etapa de frustraciones, aprender un idioma puede ser divertido. Ya dejaste atrás los baches y te deslizas, fluyes, disfrutas.

Toyomi no solo busca que sus alumnos aprendan el idioma, sino también que conozcan mejor la sociedad japonesa. Les habla de cómo son los japoneses, el sistema de transporte, las tiendas, etc.

La profesora nacida en Fukuoka quiere descubrirles nuevos horizontes a sus estudiantes a través del idioma.

“Al aprender otro idioma, aprendes otra cultura, su forma de pensar. Si uno solo sabe un idioma su mundo es así (chico); con dos idiomas es más amplio, puede ver las cosas desde otra dimensión. A mí siempre me ha gustado aprender idiomas y quiero que todos tengan la misma experiencia de divertirse aprendiendo un idioma”.

Toyomi es una voraz lectora. Su biblioteca llena de obras de autores japoneses ocupa un lugar destacado en Tsuru. Como toda persona que ama los libros, le gusta recomendar: Shion Miura, Shuichi Yoshida, Mitsuyo Kakuta, Kaori Ekuni. Nombres para descubrir literatura japonesa más allá del célebre Haruki Murakami. Autores para explorar otros mundos, como los mundos que ella abre cuando enseña.

 

© 2016 Enrique Higa Sakuda

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