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Los nikkei de Huancayo y su anhelo de unidad - Parte 2

Parte 1 >> 

“Soy un serrano de apellido japonés” 

Juan Miyahira es un orgulloso nikkei huancaíno que no puede evitar emocionarse con los recuerdos de su familia. Cuenta con admiración que a los 14 años su padre, Toshimasa Miyahira, vino de Chatan, Okinawa. Llegó al Callao y su primer trabajo fue de ayudante en el restaurante de un paisano. Años después, casado con Teresa Gushiken y con dos hijas, lleva a su familia a Huancayo donde nace Juan, el mayor de los hijos varones.

Durante la gestión de Juan Miyahira se inició la reactivación de la Asociación Peruano Japonesa de Huancayo (APJH).

Después de trabajar para otros alquilan un local de dos ambientes, uno destinado a la tienda y el otro a la casa. Más tarde abren en la Calle Real la cafetería “Tea Room Universal”, a la que su padre se dedicó hasta los 75 años. “Los mayores se acuerdan porque era un café interesante”, asegura.

De su padre no olvida la extrema rectitud con la que los crio. “Si estás en la malas no te quejes –decía mi padre–, ni enfermo te quejes. Nunca digas no puedo, sal para adelante”. En contraste, su madre siempre abogaba por ellos frente a los llamados de atención del padre. Su voz se quiebra al recordarla acompañándolo cuando se amanecía por algún deber del colegio. “Algunas veces –confiesa– si no terminaba el tema ella lo continuaba”.

Cuando su padre decide volver a Okinawa, Juan intuye la despedida. “Se fue encargándome cuidar de mamá”, recuerda. Al fallecer su padre, también su madre decide pasar en Okinawa sus últimos días, lo que impulsó la migración de sus hermanos.

“Soy el único de la familia aquí, en mi tierra huanca”, afirma orgulloso del amor por su tierra. Y añade: “Yo nací y crecí aquí, soy un serrano de apellido japonés”.

Lleva una vida tranquila junto a su esposa, Luz Guevara, en la casa que construyó al vender su negocio. Y si algo se reprocha es no haber podido apoyar más a sus hijos en los estudios. “Como todos los de mi edad, si tus padres tenían un restaurante, cuando ellos se iban tú seguías con el negocio. Así era antes. Por eso estoy orgulloso de mis hijos que se esfuerzan por educar a mis nietos”.

Juan Miyahira presidió la APJH en 1996 y al volver al cargo en el 2008 sentó las bases de la reintegración de las familias nikkei. Labor que continúa apoyando. “Nosotros estamos de paso –dice–, y debemos inculcar en los jóvenes las costumbres y valores japoneses, sobre todo en los que son de tercera y cuarta generación”.

El compromiso nos unirá

La esperanza de unidad entre las familias nikkei motiva la labor de Enrique Kanashiro, actual presidente de la APJH.

Con el anhelo de unir a la colectividad nikkei, Enrique Kanashiro asumió la presidencia de la Asociación Peruano Japonesa Huancayo en abril de este año con el apoyo de 30 de las aproximadamente 70 familias nikkei que existen en todo Huancayo.

Mientras recorre el salón que exhibe las fotos de los presidentes de la institución, cuenta que la Sociedad Central Japonesa, la Asociación Okinawense y el Club Nisei funcionaban en paralelo hasta que en 1971 se unieron para formar la APJH, con Ernesto Kashiwara como primer presidente.

Entre otros motivos, la partida de los issei, las diferencias entre estos y los nisei, la pérdida de las costumbres, la ausencia de los jóvenes por trabajo o estudios, ocasionaron que con los años la Asociación dejara de funcionar y los lazos entre las familias se debilitaran.

Decididos a reconstruir la unidad que distinguió a los nikkei, han recuperado el local institucional alquilado por diez años a un colegio, y se proponen reunir a las familias en por lo menos una actividad por mes. Conscientes de la necesidad de adaptarse a los nuevos tiempos, además de celebrar tradicionales eventos como el undokai, realizan campañas médicas, y festejan el día de la madre, del padre y similares, sin olvidar típicas celebraciones como la fiesta de Santiago.

De su directiva y los más activos asociados, reconoce que predominan los mayores de cuarenta y las mujeres. “Ellas son más participativas”, acepta con breve sonrisa.

Sobre su familia, Enrique cuenta que su padre, Hiroshi Kanashiro, llegó de Itoman, Okinawa, en 1929 y resume los oficios que realizó diciendo: “¡Uy! Ha hecho de todo, desde ayudar en el restaurante de mi tía hasta administrar bares”. Sus padres se casaron mediante un poder enviado a Okinawa, para que su madre, Taka Kanashiro, emprendiera el viaje al Perú.

Recuerda que como todos en esa época, sus padres vivían preocupados por estabilizarse económicamente. Y sobre todo recuerda que le enseñaron con el ejemplo a ser honesto y respetuoso, a ser leal y no soberbio.

Enrique es el menor de seis hermanos y reconoce lo mucho que le gusta la apacible vida que lleva. “He vivido casi toda mi vida acá, me siento tranquilo, la vida no es tan agitada”.

Al igual que en su hogar, la unión familiar es la base de su labor al frente de la Asociación. Tarea, que para su alegría, viene rindiendo frutos y en cada actividad una o dos familias van acoplándose. “Estamos asumiendo varios compromisos y tenemos muchos planes. Estoy seguro de que por el mismo deber de cumplirlos las familias se van integrar”, señala con esperanza.

 

* Este artículo se publica gracias al convenio entre la Asociación Peruano Japonesa (APJ) y el Proyecto Discover Nikkei. Artículo publicado originalmente en la revista Kaikan Nº 71, y adaptado para Discover Nikkei.

© 2012 Texto: Asociación Peruano Japonesa; © Fotos: Asociación Peruano Japonesa / Jaime Takuma

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