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Kizuna: Historias Nikkeis del terremoto y tsunami de Japón

Rikuzentakata: A dos años del terremoto y tsunami de Tohoku - Parte 4: En casa temporal

Lea parte 3 >>

4. En casa temporal del Secundario de Takata

Luego de terminar el recorrido por la ciudad, la Sra. Okamoto nos invita a la casa temporal de su hermana menor, Junko-san, que se encuentra ubicada en el área del Secundario de Takata (Takata Koukou).  Viene a recibirnos cuando salimos del auto, con una gran sonrisa, y nos indica el camino hacia la entrada. Afuera se ven tendederos con ropa para secar.

Casas temporales en el patio del Secundario de Takata (Foto: M. Laura Martelli G)

Antes de subir los pequeños escalones para ingresar a la vivienda, nos sacamos el calzado, como es costumbre en Japón. El lugar tiene una cocina-comedor, un baño, y una habitación. El problema es que el espacio es reducido para que viva una familia con hijos.

Foto restaurada de los hijos de Junko-san

Nos sentamos alrededor de un Kotatsu (una mesa con estufa eléctrica que calienta debajo del futón con el que se cubre). En una de las paredes de la habitación hay una foto enmarcada de los hijos de Junko-san. La hija, Shiori-san, ya está en la escuela superior y el hijo menor, Mitsuki-san, está en la escuela secundaria. Las fotos fueron tomadas cuando eran niños, durante la ceremonia “Shichigosan”: se visten con ropas tradicionales y se celebra a la edad de 7, 5 y 3 años.

Es una de las fotos que recuperaron después del tsunami y que pudieron ser restauradas gracias a la Universidad Kobe Gakuin, de Kobe. Hace un año y medio que un grupo de personas de esta Universidad realiza este trabajo de restauración para los que sufrieron la tragedia del 2011. El 1 de enero de cada año mandan las fotos a la gente que tomó el servicio.

En el sobre que enviaron por correo a Junko-san, se lee: “Japan Society for Social Service” (Sociedad de Japón para el Servicio Social) y la frase “queremos proteger tus recuerdos” inscripta sobre el dibujo de un sol.

“En Kobe saben lo que significa pasar por este tipo de situación”, comenta Keiko-san. Se refiere al terremoto de una magnitud de 7,2 en la escala Richter que ocurrió en esa ciudad, el 17 de enero de 1995. A continuación, la hermana saca un álbum de una biblioteca de la habitación. Son fotos de egresados del colegio y de la universidad donde Junko-san se graduó y que también encontraron en los escombros. La Universidad de Kobe también las restauró y el estado en el que quedan es notable.

Click para agrandar: Antes (izquierda) y Después (derecho) de la restauración

Mientras almorzamos, las hermanas nos comentan acerca de la situación en las casas temporales. Junko-san está agradecida porque le dieron un lugar donde vivir, pero le gustaría tener una casa propia como antes, después de estos dos años.

“La gente que vive aquí no puede pensar muy lejos porque para reconstruir lo que tenían va a pasar mucho tiempo”, explica apenada. Esto hace que la gente se sienta mal porque saben que va a tardar mucho más tiempo del que esperaban. Al principio, cuando construyeron las casas temporales, les habían dicho que el límite para vivir allí era de 2 años. Pero ya pasó ese tiempo y continúan allí.

Junko-san nos cocinó el almuerzo y comimos todas juntas, mientras nos comentaban sobre la vida en las casas temporales (Foto: M. Laura Martelli G)

Para no deprimirse, la gente piensa en el día a día. Agradecen estar vivos y haber sobrevivido a una cosa tan terrible. Se ayudan mutuamente. Además, hay muchos voluntarios que viajan a RT (Rikuzentakata) para hacer distintos tipos de actividades para la recuperación y eso los hace sentir bien. Eso les da ánimo y ganas de seguir adelante, a pesar de todo. “De esta forma no nos sentimos solos”, afirma Keiko-san.

A pesar de todo lo que han pasado, se puede notar una gran energía y buena voluntad para las tareas de recuperación en la ciudad. Cuando ocurrió el desastre, nadie se imaginó un tsunami de tal magnitud.

Hubo sitios en la parte baja de la ciudad donde el mar se llevó todo y no dejó nada. Cuando la ola chocaba en la base de montañas y se volvía, dejaba los escombros allí y se amontonaban alcanzando hasta 5 metros. Allí los rescatistas encontraron muchos cuerpos.

La noche después del tsunami los sobrevivientes buscaron sitios donde resguardarse. No había agua, no había teléfono, no había luz, nada. Sumado a eso, esa noche nevó. Lo único que tenían eran sus vidas. No sabían qué iba a pasar. Como no tenían cómo comunicarse, no sabían realmente qué estaba pasando, ni la magnitud del hecho.

Tenían mucho miedo pero se cuidaron y daban ánimo unos a otros. Estuvieron unidos. Se juntaron y sintieron que eran uno solo. Así lograron pasar la primera noche. Como era invierno, todos estaban con ropa abrigada al momento de huir. Eso los ayudó a mantenerse calientes en los refugios.

Al día siguiente, los adultos que estaban en los centros de refugios fueron a ver qué había pasado en la ciudad. Fue tal el impacto que no pudieron llorar ni decir nada. Al mismo tiempo llegaban las noticias de que mucha gente había muerto y desaparecido. A veces no tenían ni siquiera que llegar al sitio donde vivían porque desde arriba de las montañas se podían ver las consecuencias del desastre: donde solía haber barrios con casas, oficinas, negocios, ya no quedaba nada.

Después del tsunami, Keiko-san se encontró con su hermana menor por la tarde. Supieron que su familia se encontraba a salvo. “Ahora qué vamos  hacer”, se preguntaron. Tenían que pensar en un lugar para pasar la noche. Había un sitio en RT donde se cuidaban abuelos y gente de tercera edad. Como una persona mayor de su familia se encontraba allí, se dirigieron al lugar. Cuando llegaron, había comida y agua. Pero empezó a llegar más gente y casi no cabían más.

Tenían que resolver el problema para conseguir el agua para cuando se acabara, los cuidados diarios como el aseo e higiene personal y el problema de los sanitarios. Entre todos hacían reuniones para decidir qué iban a hacer, y entonces se dividían los trabajos para que cada uno hiciera algo para el beneficio de todos.

Para buscar el agua, se organizaron por turnos para ir hasta las montañas que estaban cerca, para proveerse de la fuente de  allí. Se turnaron para cargar el agua y llevarla hasta el refugio. También se turnaron para proveer a todos de comida. Iban a los sitios donde repartían provisiones y las llevaban hacia el refugio.

Coordinaban todo trabajando en equipo. En los refugios hacían una lista con los nombres de las personas presentes. De esta forma, con este registro, se facilitaba la búsqueda entre familiares. El impacto emocional fue muy grande para todos, sobre todo aquellos que perdieron seres queridos.

Hubo casos de personas que decidieron de forma voluntaria ir a los sitios donde estaban los escombros para ayudar en la búsqueda de víctimas a los equipos de rescate. Como muchos bomberos perdieron la vida durante el desastre, no eran muchos en número para auxiliar a todos. Por eso no hubo ninguna prohibición para que los voluntarios fueran porque era de tal magnitud el desastre, que no daba abasto la situación.

En el segundo día después del tsunami, vino el Ejército, la policía y los bomberos de todo Japón. Sumado a los voluntarios, se distribuyeron en toda la zona para ayudar. Cuando encontraban cuerpos, los sacaban y les ponían algo encima como para señalar que ahí se encontraba una víctima, y así facilitar el servicio de rescate de desaparecidos y fallecidos en la tragedia.

Usaban los gimnasios y otros lugares con espacios grandes para ponerlos, uno al lado del otro, cubiertos. Las personas que no encontraban a familiares se acercaban para ver si estaban allí. Si encontraban a esa persona, entonces le ponían alguna tela o algo como para señalar que ya estaba identificado.

Fue duro para todos. Había cuerpos que no estaban completos, otros que estaban hinchados porque habían estado mucho tiempo en el agua y era difícil identificarlos. Empezaron a hacer los exámenes de ADN para reconocerlos (en RT hay cinco víctimas fatales que no lograron ser identificadas). No se los podía dejar mucho tiempo por la propia descomposición y tuvieron que empezar a cremar los cuerpos ya reconocidos.

Para la familia de Keiko-san, lo más importante era cuidar a su madre porque era una persona mayor y tenía un tratamiento médico que debía cumplir. Después de 3 días sin saber qué hacer empezaron a juntar ramas y hierbas naturales para que su madre tomara y no empeorara su estado de salud. Durante los primeros 3 días sólo les llegaba un onigiri para comer (bolas de arroz rellenas con diferentes ingredientes envuelta en una tira de algas). Entre la poca comida que llegaba, la dividían para que todos pudieran comer algo.

Como los caminos estaban obstruidos con escombros, y las vías de tren destruidas, pasaron 4 días hasta que llegaran camiones con comida. Cuando empezaron a llegar alimentos a los centros de abastecimiento, las familias pudieron ir a buscar las porciones para cada uno. Las tiendas y supermercados que quedaron en la ciudad tardaron un año en abrir. Como a todo el mundo le faltaba lo mismo, y era tanta la gente para hacer trámites en bancos, ir al hospital o cuestiones de la vida diaria, que tenían que viajar a las ciudades cercanas y podían tardar todo un día en hacerlo.

Una de las sandalias tejidas (Foto: M. Laura Martelli G)

“Entre todos logramos reunir fuerzas y superar ese momento”, dice Keiko-san. Su hermana sale de la habitación un momento y vuelve con unas manualidades – dos sandalias tejidas para el llavero – hechas por una señora que vive en la zona de casas temporales donde se encuentra Junko-san, para llevarnos de recuerdo.

Comenta que hay grupos de señoras que se reúnen para hacer este tipo de manualidades. Les sirve para distraerse y no sentirse tristes. Generalmente son las mujeres las que suelen reunirse para conversar y hacer estas actividades. Los hombres suelen quedarse adentro de las casas, no salen afuera a menudo. Eso hace que las mujeres se preocupen por la salud física y emocional de los hombres en las casas temporales. En el carácter de los hombres japoneses, explica Keiko-san, es común que no hablen mucho en comparación con las mujeres. No suelen hablar sobre lo que les pasa y lo que sienten.

Nos despedimos de Junko-san y le agradecemos su amabilidad por recibirnos ese día. Fue un encuentro muy emotivo. Keiko-san nos lleva hasta el sitio donde estaba su casa, en el barrio de Kawaramachi Town. Realiza un simulacro de lo que ella hizo al huir del tsunami. Nos dice que tomemos el tiempo que le tomó para llegar a resguardarse en la parte alta de la ciudad.

Cuando le dijeron que huyera, el tsunami ya estaba cerca. Ella salió de su casa y se subió a su auto. Miró hacia atrás y vio una nube de polvo. No sabía lo que estaba pasando. Sintió que no era seguro quedarse allí mucho tiempo más. Arrancó con velocidad hasta las montañas. Le tomó 30 segundos. Nos dijo que 3 minutos después de haber llegado a la zona alta, la ola llegó hasta donde estaba su casa. Todo es tierra lisa en el barrio donde solía vivir.

En Kawaramachi quedó sólo un edificio después de que llegara la ola. Allí nos encontramos con Yoshikatsu Sasaki, responsable de organizar el Festival de verano “Ugoku Tanabata Matsuri”, junto a sus amigos del mismo barrio. Son 10 personas que se encargan de mantener esta tradición de hace más de 300 años en la ciudad de RT.

En el 2012 trabajaron arduamente para poder construir nuevas carrozas. A pesar de las adversidades continúan la lucha por brindar a los habitantes de la ciudad un momento de diversión y unidad como comunidad.

Junko-san y Keiko-san en la entrada de la casa temporal (Foto: M. Laura Martelli G)

Parte 5 >>

© 2013 María Laura Martelli Giachino

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About this series

En japonés, “kizuna” significa fuertes lazos emocionales.

Estas series comparten las reacciones y perspectivas de los Nikkeis tanto en forma individual y/o comunal en el Gran Terremoto de Tohoku Kanto ocurrido el 11 de marzo de 2011 y el tsunami como también otros impactos- esfuerzos de colaboración o cómo afectó lo sucedido y sus sentimientos hacia el Japón.

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Creemos que estas historias brindan consuelo a las víctimas en Japón y en el mundo, y esto resulta ser una cápsula de tiempo de reacciones y perspectivas de nuestra comunidad Nima-kai en el futuro.

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