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Futuro Colectivo

Mi primer Japantown - Parte 1 de 5

Por muchos años me he preguntado porqué no tenemos un Japantown en Lima, donde se encuentra concentrada la mayor cantidad de Nikkei en el Perú.

Sería muy interesante tener un barrio japonés donde invitar a comer a amigos, comprar productos japoneses de alta calidad… tener un lugar “propio” dónde pasar todos aquellos momentos en que no sabemos qué hacer, así, nos uniríamos más de tan solo vernos en los almuerzos y compras.

La respuesta no la he encontrado, nadie ha podido darme una explicación porque es un tema intercultural, de identidad y socioeconómico muy complejo.

Tal vez, después de 110 años de existencia como colectividad que ha debido sobrellevar adversidades y situaciones economía-país moralmente destructoras, el grueso de la misma –totalmente asimilada a la sociedad peruana- no parece tener interés en crear un Japantown debido a que la necesidad de pertenencia ha sido solventada varias décadas atrás.

Conversando con mi señora, supusimos que los Japantown surgieron porque hubieron muchos inmigrantes japoneses comerciantes y, cimentando una solidez económica para lo que fue la colonia, se creó el barrio japonés después de convertirse en colectividad.

Si es así –sigue siendo una suposición- en el Perú no hemos tenido suficiente cantidad de japoneses comerciantes y emprendedores que legaron su forma de vida a sus descendientes; entonces, nuestra colectividad Nikkei está compuesta por oficinistas, profesionales, intelectuales y otros pero pocos comerciantes (lo contrario al barrio chino).

Los comerciantes Nikkei que conocemos hoy son los que heredaron algún negocio, generalmente venta de artículos por minoreo, y lo hicieron perdurar por décadas; hoy, la mayoría de estos comercios están estáticos, sin crecer y luchando para mantenerse mientras la competencia surge en la misma cuadra como a través de los centros comerciales y con el cambio en las costumbres de consumo (aún hay comercios que no aceptan tarjetas de crédito).

Hay empresas Nikkei que crecieron y son notorias pero no dedicadas a productos con imagen japonesa sino sólo por el nombre de la misma empresa que, generalmente, es el apellido familiar.

Hay pocas fábricas propiedades de Nikkei, ninguna fabrica productos imitando a los japoneses (como sucede en California, EEUU donde, además, hay sendas importadoras Nikkei).

La mayoría de restaurantes de comida japonesa “fusión” (peruana y japonesa) tienen iniciativas Nikkei pero no están aglomerados en un sitio reconocible ni delimitado teniendo que competir con todas las propuestas de la zona en vez de ofrecer variedad si se encontrasen aglomeradas en un solo lugar.

Esta mentalidad –juntarse para ofrecer a la colectividad productos y servicios- es la que mantiene al Japantown de San Francisco, el primero que pudimos conocer (sabemos que hay uno en Sao Paulo pero no pudimos visitarlo, en un futuro cercano lo conoceremos); así, se prolonga la identidad de la colectividad sanfranciscana por más décadas.

Llegamos con un clima muy frío para nosotros (marzo) viendo en las noticias los frentes helados que se avecinaban, las amenazas de tormenta y los sendos centímetros de nieve con los que amanecían ciudades en otros estados.

Mientras que en el otro lado del continente, costa este, los rayos UV quemaban y el calor era insoportable obligando a tener siempre prendidos los acondicionadores de aire, el viento frío de la costa oeste nos secó los labios y las fosas nasales se rajaron.

Es cuestión de costumbre como vivir en las alturas andinas de nuestro país donde los cachetes se quiebran por el frío, la resequedad y el sol o en la húmeda selva llena de mosquitos que nos pican según el sudor que tengamos.

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© 2011 Victor Nishio Yasuoka

japantown peru san francisco

About this series

Victor Nishio Yasuoka experimenta con la vivencia Nikkei en Perú. Se pregunta: ¿Qué es ser Nikkei? Para imaginar un futuro colectivo local y global. También, analiza el racismo histórico y contemporáneo, incluso explaya las consecuencias del denominativo “chino” y sus razones profundas. Finalmente, aporta un panorama personal de las Bellas Artes y el apoyo cultural dado a los artistas de la colectividad desde su mirada profesional.