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Alfredo Atsumi: Forjador de atletas en el campo deportivo y de mujeres íntegras en la sociedad mexicana - Parte 2

>> Parte 1

Las familias inmigrantes ubicadas en la provincia de la República, debido al mandato urgente e irrevocable del Gobierno de México que les obligó a concentrarse en el término de una semana en el D.F. con motivo de la Segunda Guerra, dejaron sus propiedades, negocios y amigos. Fue una época de muchas penalidades pero poco a poco fueron estable-ciéndose, de modo que hacia 1946 podían aspirar a una vida normal, sin tantas privaciones, regresando a las escuelas mexicanas y japonesas. Los niños y niñas de entonces se animaron a emprender nuevas aventuras.

Una de ellas, en una amplia explanada que se encontraba a la entrada de la casa, al lado de las mesas y el campo de atletismo, había un mundo maravilloso para los niños, con columpios, subeybajas, resbaladillas y un juego extenso e intimidante que nos retaba a vencerlo: un gran tronco que medía entre 8 o 10 metros que, colgado horizontalmente entre dos soportes, se balanceaba a 20 cm. del suelo. Nos encaramábamos sobre él, y era una gloria cabalgarlo impulsándolo con las piernas. Cuando, dominando nuestros temores, nos atrevíamos a caminar sobre él equilibrándonos peligrosamente al ritmo del tronco desplazándose, nos imaginábamos viajar sobre las olas para descubrir mundos maravillosos.  Quién no subió a aquél tronco, que nos parecía altísimo, para aferrarnos con temblor emocionado a los fierros que colgaban retadores para después soltarnos y volar aterrorizados los 15 metros que duraba el viaje por los aires de la primera tirolesa que conocimos hace ya 60 años.

El Sr. Alfredo Atsumi en su casa de Zaragoza

Sin embargo, habían otras actividades. Los campos de mesas de tenis y la pista de atletismo comenzaron a verse concurridas todos los domingos. Los grupos de jóvenes y adultos dedicados al tenis llevaban a cabo sus actividades deportivas, mientras los atletas se iniciaban en sus entrenamientos por su lado. El tenis no sólo acaparó a los residentes capitalinos, sino que paulatinamente se integraron los de provincia, entre los que destacaron los señores Mikami y sus hijos, el Sr. Sekiguchi y sus 3 hijos, el Sr. Pablo Kimura e hijos, el Sr. Kawasaki y Alfredo y Roberto K., los hermanos Shiraishi, el Dr. Murakami e hijos, el Sr. Miyauchi, el Sr. Imuro, el Sr. Hatta, Jorge Ito, Jorge Alarcón, Chava Nishimura, Luis Iwadare e hijos, Dr. Roberto Hara y otros más. 

No obstante, la relación entre los tenistas y los atletas era escasa, pues no convivíamos mucho. Ellos con sus juegos, nosotras con nuestras competencias. No se trataba de una rivalidad, pero tampoco había interés recíproco. Sin embargo, he de confesar que la vida da muchas vueltas y, finalmente, todos nos hemos reunido fraternalmente con un cariño muy especial ya que nos unen los mejores de nuestras vidas, las semillas doradas que, al correr de los años, crecen vigorosas y llegan hasta nuestros hijos con el mismo amor con que llegó a nosotros.

El primer grupo varonil de atletismo se formó con Pedro Chiriguchi, Juan Naoki, K. Koshimae, Chito Harada y se fueron agregando Julio Takeda, Juan Muraoka, René Tanaka, Miguel Tanimoto, y muchos más. Empezaron con tantas ilusiones y se entregaron con ahínco, entusiasmo, pero la realidad los superó y poco a poco se desintegró debido al desánimo que les causò el competir contra equipos consolidados desde hace muchos años como el del Politécnico, Chapingo, Venados y otros muchos clubes privados después de haber sido los varones los pioneros, paulatinamente llegaron las niñas, y así surgió el equipo varonil y femenil de atletismo, al cual se le puso por nombre “Club Deportivo Nippon”.

De esos niños felices surgió el primer equipo deportivo Nippon: Taeko Chiriguchi, Tomiko Koshimae, Chieko Nansen después se agregaron Yoko Tanaka, Lupe y Rosa Iwadare, Sumie y Marta Hojyo, las hermanas Osawa, Amalia Yubi, Esther Osada, Toyo Shibayama, Clotilde Nakazawa, Lilia Nakashima, Kazuko y Luz Kawashima, Alicia Murakami, Chita Harada y al final las chiquitas como Esther y Mela Muraoka, Toshi Yokoyama, Alicia y Chui Hirata, Michita Hojyo y muchas más. Entrenando con mucho empeño, haciendo propios los sueños de ese gran maestro poco a poco fuimos avanzando y conquistando paso a paso la carrera hacia el campeonato nacional. Al ver nuestra carrera imparable, surgieron envidias, y el club se enfrentó a un obstáculo ya que los dirigentes del atletismo femenil “sugirieron” que el nombre de nuestro club era inadecuado, obligándonos a cambiarlo por el de Club Deportivo México. No contentos con este cambio siguieron las hostilidades y las presiones aumentaron. Nuevamente volvieron a “sugerir” que un equipo mexicano formado por puras “japonesas” no estaba bien visto, así que estábamos en problemas una vez más, se nos obligó a integrar compañeras mexicanas. Entre la avalancha de solicitantes que para ingresar al club destacaron algunas como las hermanas Rodríguez, Guadalupe Sosa, las Pulsadoras y muchas más que ya no puedo recordar de entre un grupo regular de 25 compañeras. Por otro lado, Esther Salcedo, Ana María Velázquez, Raquel Trujillo, María de Jesús Muñoz, Elda Rosales, Margarita Kabsh, resultaron campeonas en sus propias disciplinas. 

Parte 3 >>

*Teyko Rosa Iwadare con la colaboración de Amalia Yubi y Esther Osada 

**Artículo publicado originalmente en el Boletín Informativo Nichiboku Kyoukai, de la Asociación México Japonesa, A.C., Nº 128, noviembre de 2007.

© 2007 Teyko Iwadare de Takeda

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