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Alfredo Atsumi: Forjador de atletas en el campo deportivo y de mujeres íntegras en la sociedad mexicana - Parte 1

Al término de la Segunda Guerra Mundial, los inmigrantes que vivían en la Ciudad de México eran prósperos empresarios; entre ellos se distinguió el Sr. Atsumi, propietario de una flotilla que daba servicio al oriente del D.F. y sus rutas se fueron extendiendo desde la Colonia Moctezuma, Pantitlán, los Reyes, Texcoco y pronto llegaron a Puebla, Tlaxcala, Córdoba y Veracruz.

Sr. Alfredo Atsumi

Construyó su residencia a la salida del D.F., en la carretera México-Puebla, en la zona de los balnearios cerca del aeropuerto. Su casa era sencilla, amplia, con grandes salones para banquetes y reuniones y varias habitaciones listas para recibir a los numerosos visitantes que incesantemente iban y venían en busca de ayuda, orientación y consejos que siempre ofreció el Sr. Atsumi en forma desinteresada y cordial.

En esta enorme casa, vivía con frugalidad, sin lujos, en compañía de su esposa, Doña Lilia, su hija Elsa y la abuelita Doña Candita.

Ahí nació su afición por el deporte y enfocó todo su empeño en preparar a Elsa para ingresar al mundo del tenis. Para ello, construyó seis canchas y todo lo hizo con ayuda de Elsa y Doña Lilia; nunca vimos ni sirvientes, ni peones, ni jardineros. Los domingos desde temprano se afanaban los tres en regar las canchas, apisonar con pesados rodillos y finalmente pintar las líneas blancas que brillaban invitando a jugar a quien quisiera usarlas. Entre semana entrenaba Elsa y los domingos ofrecía sus instalaciones a todos los que quisieran ir, todo era gratuito. Jamás aceptó pago alguno.

Para preparar adecuadamente a Elsa, la llevaba a practicar diario al Deportivo Chapultepec. El mejor lugar que existía en ese tiempo y solamente la élite pertenecía a ese cerrado mundo del tenis.

El Sr. Atsumi contrataba a los mejores maestros del Deportivo Chapultepec y llegó a pagar hasta un centenario por una hora de clase a famosos tenistas extranjeros que llegaron a dar valiosos seminarios.

El empeño constante del Sr. Atsumi y la total obediencia de Elsa fructificaron, logrando triunfos espectaculares hasta lograr el campeonato nacional durante algunos años consecutivos. Sólo cuando Elsa se retiró, pudo Mela Ramírez obtener el codiciado título de campeona nacional; este retiro estuvo calculado, pues el Sr. Atsumi planeó con cuidado el paso que permitiría a Elsa metas internacionales. Ella había terminado la secundaria, así es que el Sr. Atsumi solicitó en una universidad de Estados Unidos, que se distinguía por el apoyo que les brindaba a los tenistas que prometían. Inmediatamente fue aceptada y se marchó, valiente, sola y decidida, al internado de la universidad. Sin embargo, ella no pudo adaptarse a esa nueva vida, lejos de sus seres queridos en una sociedad tan ajena a la suya y, renunciando a su prometedor futuro, regresó a México.

Para el Sr. Atsumi, esto había sido un gran golpe emocional, pues fue el fin de sus sueños; sin embargo, sin lamentarse, estoicamente empezó a construir una pista de 200 metros para carreras de velocidad y de obstáculos, fosas para saltos de altura, de garrocha y de longitud; círculos para lanzamientos de bala, disco y martillo, y pista de lanzamiento de jabalina. Los domingos, los veíamos apisonando, afanosamente, la pista con los conocidos y pesados rodillos, pintando con el blanco deslumbrante los carriles de la pista, los círculos de los lanzamiento. Todo era muy rústico, pero meticuloso en las medidas y altura de las vallas de los obstáculos. Fue un trabajo verdaderamente creado con sus propias manos. Finalmente, estaba listo para emprender un nuevo y maravilloso proyecto. Lo inició invitando a los jóvenes y niños de la colonia japonesa.

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*Teyko Rosa Iwadare con la colaboración de Amalia Yubi y Esther Osada 

**Artículo publicado originalmente en el Boletín Informativo Nichiboku Kyoukai, de la Asociación México Japonesa, A.C., Nº 127, septiembre de 2007.

© 2007 Teyko Iwadare de Takeda

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