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Futuro Colectivo

Encuentros con Nikkei

En lo que he viajado por el continente americano (norte y sur) poco contacto con Nikkeis he tenido, algunos gratos mas, efímeros y casuales.

Al inicio no tenía interés en buscar a Nikkeis para conversar con ellos pero con el tiempo, tal vez con la edad, con la reflexión sobre mi situación social perteneciente a una colectividad clasificada como minoría, notoria por los rasgos faciales y el color de la piel, al racismo y burlas sufridos de boca de ignorantes como de halagos de parte de personas que aprecian lo bueno y rechazan lo malo, ha despertado mi curiosidad por conocer cómo viven, qué comen, por dónde se mueven y cuánto se frecuentan los Nikkei en el mundo.

Poquísimo puedo decir al respecto; lo que puedo decir es lo que no he encontrado, por tanto el título queda pendiente.

MEXICO DF y CANCÚN

Hace años estuve en México DF, grandiosa ciudad con gente y costumbres muy parecidas al Perú aunque más limpio, ordenado y cosmopolita, tolerante y educada que la Lima que sorteamos todos los días.

Durante esos días no vi a un solo Nikkei sino a través de una ventana de un restaurante, de esos que nos ponen en exhibición (porque nos gusta estar en vitrina), gordito aquel, con saco y sonriente porque estaba en la hora del almuerzo, con otra persona.

Conocí Puebla, Nikkeini uno sólo.  Será que debí rebuscar entre cortinas y maizales, entre mercados y centros comerciales porque ni aquí ni allá pude conversar con un Nikkei que me diera una imagen sobre la situación de los Nikkei en ese lugar.

En Cancún, personas de todo el planeta, algunos japoneses que estudiaban en EE.UU. mas ningún Nikkei con lengua latina.

SAN JUAN, PUERTO RICO

En este estado “asociado” a EE.UU. fue lo mismo.  Encontré a varios chinos y coreanos mas a ningún Nikkei aunque, admito, no entré a los sushi bar que habían en el camino debido a lo artificial de sus propuestas e ingredientes y al olor rancio del aire acondicionado por tener filtros llenos de grasa.

Nada se puede comparar a los maki que hacía la abuela y otras señoras de esas generaciones que no volveremos a degustar, compartir ni sufrir en forma de regaños, ideas antiguas y peinados voluminosos.

MIAMI

Cero Nikkei, muchos chinos y coreanos, algunos vietnamitas, cubanos de sobra y puertorriqueños también, hindúes por todos lados.  Todos los inmigrantes buscaron el sueño americano que pocos encontraron, y a los locales, les dieron el American Way, la “forma americana” de hacer las cosas.

Pregunté, por internet, si habían asociaciones o agrupaciones Nikkei mas no obtuve respuesta porque no las hay cerca al centro ni a Miami Beach, a 5 minutos del centro.  Pude ver de lejos un jardín japonés, anunciado como tal y manejado como una atracción; lamentable, pero no tuve tiempo para visitarlo… tal vez hubiera sido mi único encuentro con un Nikkei en la zona.

Además, hay muchas tiendas inundadas con maletas chinas, con tecnología china,  teléfonos móviles hechos en China, con comida de todas partes del mundo mas ninguna se asemeja a la peruana, con sus ingredientes con excelente sabor (ningún pollo a la brasa hecho con el sueño americano se asemeja a la salivación peruana al sólo pensar en ese pollito a la brasa lleno de ajíes y papas al lado), pero Nikkei, ninguno ni como turistas exceptuando un casual encuentro con otros Nikkei peruanos con pies adoloridos como nosotros en un parque Disney, gran mentira de cartón, colores y marketing mundial.

Al parecer, estos parques están hechos para regresar 2 veces a cada uno, porque sin fuerza de voluntad suficiente aunque la “magia de Disney” esté viva en la mente, es difícil de caminarlos para conocer todas sus atracciones y tiendas por docenas con miles de artículos repetidos en una y otra y hasta entre los parques. 

Mickey nunca dejará de estar en todo lugar porque, aunque un ratón de verdad nos de asco, este despierta “ternura” porque les gusta a los niños y bebés… ¿pero quién les ha preguntado si querían un peluche Disney, un juguete descartable o una foto con la Cenicienta?... al parecer nadie, sino eran la mamá y el papá quienes querían un recuerdo para sus hijos porque así lo vieron en las fotos de otras salas… y quién les dijo que era un buen recuerdo si en unos años ni se van a acordar de que allí estuvieron a menos que tengan memorias resentidas… igual me traje algo de ropa y varios adornos inútiles con el ratón y otros personajes famosos porque están dibujados en películas, televisión y merchandising de todo precio. ¿Utilizaré esa ropa?

BUENOS AIRES

En pleno frío, como una pared contra la que nos estrellamos, salimos a las calles bonaerenses congeladas y llenas de tango y fanfarria futbolera, el diez y el boca, el river y los jarros para cerveza, los puros de mentiritas y las fotos con una pareja danzante en plena avenida Florida… pero ningún Nikkei de a pie, sino uno descendiente de Okinawenses, propietario de una farmacia, chiquitita, volteando una esquina, cuyo ambiente tenía la misma esencia que los antiguos bazares saturados de cosas pero con buena iluminación y ventilación (por las medicinas).

A la conversación, con gracia por escuchar un Nikkei con tono gaucho, resultó ser 2da. generación vendiendo medicinas por más de dos décadas.

También es gracioso escuchar a un gordito Nikkei, chef, en el canal Gourmet, hablar con acento argentino aunque el Perú esté lleno de argentinos de hace décadas (Argentina también está lleno de peruanos de hace décadas).

VARADERO, CUBA

Me dijeron que habían chinos por todos lados, que las perforaciones petroleras eran chinas, que había escuelas llenas con miles de chinos que estaban aprendiendo español y que, además, enseñaban chino a los cubanos.

Dijeron, también, que tales y tales inversiones, como una refinería por hacerse, eran inversiones chinas con apoyo del militar que se apoderó de Venezuela.  Sus entripados tendrán, la cosa es que no vi a Nikkei alguno.

En un hotel, el que hacía de japonés era coreano, disque chef en el “restaurante oriental” del hotel que servía lo mismo en 3 restaurantes diferentes:  los mismos ingredientes en distintas presentaciones y aquellas presentaciones en los mismos restaurantes… ¡y uno podía elegir en cuál de ellos comer!!  Pero de comer comida japonesa, no pude más que reír en silencio porque todos los ingredientes eran chinos baratos, improvisados o no correspondían.  Es producto de la situación política de la isla sin libertades pero con un orgullo tan grande y dicotómico como ella misma.

Sabía de la Isla de la Juventud donde hay Nikkeis, pero estaba distante en avioneta.  Lamentablemente no hubieron días libres para visitarlos y conocer su real situación además de compartir pareceres y conocer la real situación de los cubanos en la isla aislada por la revolución, no sólo obtener una imagen por análisis a través de las ventanas de un auto turístico dentro del cual nadie quería hablar de los mendigos, de la ubicación de Castro ni de la revolución que tiene más de medio siglo aislacionista, como consecuencia, claro, debido a las restricciones económicas impuestas, que no se merece ningún país del mundo por estar en desacuerdo con la política más marketera y artificial del mundo.  Estas cuestiones de política y mercados, finanzas y riesgo país son muy lejanas a la gente común, a nosotros que buscamos personas para conocer, culturas y conocimiento ajeno, experiencias atesorables y buenos momentos con otras personas igual a nosotros.

FALTAN

Así, me falta visitar Brasil, donde sí hay un Japantown, o Los Angeles EE.UU., para conocer lo que es un barrio japonés: su gente, sus actitudes, sus trajines e intenciones futuras.

Por el momento no sé si en el Perú habrá un barrio japonés y si habrá interés por tener uno centralizando todos los comercios y uniendo más a la colectividad que se dispersa por todos los distritos y provincias del Perú.

Puede ser una obra más difícil que levantar nuestras primeras instituciones pero unirnos en un barrio japonés reforzaría nuestra identidad que se va diluyendo con cada día que pasa, con internet como referente de comportamientos y actitudes y con tantos problemas que nos dejan sin tiempo para vernos las caras y contarnos nuestras cosas familiares como se hacía antes, cuando había tiempo para la gente, para compartir, para humanizarnos.

Un barrio japonés sería posible si desaprendemos lo que tenemos en la mente y dejamos de creer imposible o fuera de tiempo una idea así, que sería un gran proyecto de aprendizaje para nuestra colectividad y nos serviría a todos, como individuos, para conocer lo que realmente tienen, hacen y piensan los Nikkei en el Perú.

© 2010 Victor Nishio Yasuoka

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About this series

Victor Nishio Yasuoka experimenta con la vivencia Nikkei en Perú. Se pregunta: ¿Qué es ser Nikkei? Para imaginar un futuro colectivo local y global. También, analiza el racismo histórico y contemporáneo, incluso explaya las consecuencias del denominativo “chino” y sus razones profundas. Finalmente, aporta un panorama personal de las Bellas Artes y el apoyo cultural dado a los artistas de la colectividad desde su mirada profesional.