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Japoneses la comunidad en busca de un nuevo sol naciente - Parte 2

Parte 1 >>

EXPULSIÓN Y ATRACCIÓN DE LA MANO DE OBRA JAPONESA

La era Meiji representó para Japón una gran transformación en todos los ámbitos de la sociedad: en el político, se fundaron las nuevas instituciones que dieron sustento al Estadonación y que incluso aún perduran; en el económico, comenzó un gran proceso de modernización industrial y de transformación de las estructuras agrarias. Si se hablara de un milagro económico japonés, éste debe ubicarse en esos años pues la expansión del Japón moderno después de la Segunda Guerra Mundial no hubiera sido posible sin ese primer gran impulso.

Para los pequeños pueblos y comunidades agrarias, donde se concentraba la gran mayoría de la población, la era Meiji representó una transformación acelerada de sus condiciones de vida, pues durante el periodo anterior, conocido como Shogunato Tokugawa (1600-1868), los japoneses estaban firmemente controlados por los guerreros samurai y los daymio, quienes tenían el dominio de las tierras y las personas.1 Al abolirse el sistema feudal de clases —entre samurai, campesinos, artesanos y comerciantes— desaparecieron muchas restricciones. Se permitió el casamiento entre distintas clases sociales y la adopción de un nombre de familia (privilegio antes prohibido) y la posibilidad de decidir dónde vivir y a qué dedicarse. Más aún, con el advenimiento de las modernas fábricas y el crecimiento de las ciudades, la posibilidad de emigrar de sus poblaciones de origen abrió el horizonte geográfico de millones de campesinos. Con todo, las dificultades para sobrevivir y los altos impuestos que tenían que destinar sobre sus cosechas, ya no al daymio sino al gobierno imperial, hacían que las condiciones de vida de los agricultores siguieran igual.2 Los disturbios y alzamientos campesinos fueron importantes, sin embargo, persistió la muerte de cientos de miles de personas a consecuencia de las hambrunas que de cuando en cuando azotaban al campo, y la presión de las autoridades por explotar su trabajo fue más grande cuando el gobierno imperial impulsó una política que ponía por encima de los intereses de los pueblos la necesidad de construir un país rico y un ejército poderoso (fukoku kyohei), que se asemejaran a los de las grandes potencias occidentales.

A finales del siglo XIX Japón necesitaba una gran cantidad de mano de obra para concretar el proceso de industrialización que, de manera acelerada, había echado a andar durante la era Meiji. A esa causa se sumaron dos factores: la sobrepoblación y la desintegración en la economía campesina que permitió lanzar al mercado a una enorme cantidad de trabajadores. En efecto, muchas familias rurales, agobiadas por las reducidas parcelas que poseían y el pago de impuestos, se veían aliviadas al enviar a sus hijos a las grandes ciudades, pues de esa manera se liberaban de la manutención y se ayudaban, al mismo tiempo, con los ingresos que sus vástagos generaban.

Una de las formas de quitar presión a los problemas asociados a la sobrepoblación fue la política de emigración del gobierno Meiji, que creó un Departamento de Migración en 1891 y dictó una serie de leyes en esa década que reglamentaban la salida de los japoneses de su país. Los emigrantes deberían solicitar permiso previo para salir y realizar la tramitación por ellos mismos o por compañías que contaran con el permiso del gobierno para reclutar trabajadores. Lo más importante de esas leyes y su reglamentación fue el hecho de que protegían, de algún modo, al emigrante al hacer más cercana la colaboración entre esas agencias y los consulados y legaciones a donde el emigrante se dirigía. Las compañías encargadas de reclutar a los trabajadores se localizaban en las ciudades más importantes de Japón y en los puertos de embarque para facilitar su salida; además, existían escuelas que ayudaban en el aprendizaje del idioma y de las costumbres de los países a los cuales se emigraba.3 El estrecho contacto que mantenían los emigrantes con sus embajadas, mucho tiempo después de haberse establecido en los países de destino, sería mal visto al estallar la guerra en 1941, pues se convertiría en el argumento para acusarlos de agentes o espías del Imperio Japonés, como más adelante se explica.

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Notas:

1. Un excelente recuento en español de la historia feudal de Japón se encuentra en John Whitney Hall, El Imperio japonés, Siglo xxi Editores, México, 1973.
2. Mikiso Hane describe de manera detallada esta serie de cambios tanto para los campesinos como de las condiciones de la clase obrera en Peasants, Rebels, and Outcastes. The Underside of Modern Japan, Pantheon Books, Nueva York, 1982, pp. 3-27 y 173-204.
3. María Elena Ota, Siete migraciones japonesas en México 1890-197, El Colegio de México, México,1985, pp. 23-25; Peter Dju, L'émigration Japonaise depuis 1918, Pierre Bossuet, París,1937, p.17.

 

* Este artículo fue originalmente publicado en Carlos Martínez Assad (ed) La Ciudad Cosmopólita de los Inmigrantes. Mexico, Gobierno del DF. 2010.

 

© 2010 Sergio Hernández Galindo

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