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Tintorerías japonesas en Argentina

A lo largo de cinco décadas, el oficio de tintorero en nuestro país fue casi una exlusividad de la comunidad japonesa. Los pioneros fueron los españoles, pero los japoneses les sacaron rápida ventaja, con laboriosidad y esmero, detalles que llevaron al nivel de carácter distintivo.

A tal punto se impusieron que terminó por ser lo mismo decir "voy a la tintorería" y "voy a lo del japonés". Fue así hasta cerca de la década del 60.

Por entonces (en los 60), había 2000 tintorerías explotadas por ciudadanos nipones en la ciudad de Buenos Aires (la mayor cantidad de América latina) y casi 3000 repartidas entre el conurbano y las principales localidades del interior. Después, comenzó la declinación.

Subsisten actualmente unas 400 tintorerías manejadas por japoneses o sus descendientes en la Ciudad de Bs. As. y el total del resto del país no alcanza al millar.

Orígenes

Desde fines del siglo XXI se puede señalar la presencia de japoneses en Argentina. Tras la llegada del primer inmigrante oficial a la Argentina en 1886, comienzan a arribar otros en gran número.

En 1890 se establecen las primeras importaciones de productos japoneses via Europa.

En pleno corazon de la city se encuentran famosos bazares y almacenes japoneses.

Entre las casas mas importantes, entre otras, se destaca la de la importadora “Takinami”.

El primer gran contingente japonés llegó a poco de iniciarse el siglo XX, procedente de la isla de Okinawa, asolada por la mayor pobreza del archipiélago.

En su mayoría fueron floricultores y horticultores, luego de haberse ganado la vida en tareas como empleados, haciendo de changarines o mozos de café.

Entre los pequeños emprendimientos comerciales independientes que marcaron durante decadas la tendencia laboral de buena parte de la comunidad japonesa en zonas urbanas, se destaca el de las tintorerias.

En el antecedente de estos negocios figura la iniciativa exitosa de una okinawense que en 1914 empezó a tocar puertas para ofrecer "lavado y planchado de ropa", mediante un precario castellano compensado con gestos.

Las primeras tintorerías tenían como nombre “Taller de lavar y planchar”… y recibían camisas, pañuelos, ropa interior, medias y sábanas… y todo se hacía a mano: con un simple jabón y cepillo.

En sus orígenes los locales no contaban con maquinaria y todo se hacía a mano, lo cual el trabajo duraba horas… terminando a altas horas de la noche. (recién en 1920 entran las máquinas Hoffman). Y en la década del 30 se produce una mayor mecanización con planchas y máquina a seco.

Es así, que los primeros tintoreros comentan a otros inmigrantes que se puede trabajar (y vivir) con este oficio, ya que no se necesita saber mucho el idioma español. Solo es necesario aprenderse los días de la semana y el precio. El resto queda en uno: lavar y planchar.

Para tener en cuenta la dimensión del crecimiento y progreso, según investigaciones del Ministerio de Asuntos Exteriores Argentino, en 1920 se registraban 22 personas al frente de una tintorería. En 1928: 234. En 1936: 812 … convirtiéndose en la segunda profesión de los japoneses después de la agricultura.

Un local típico era la casa-tintorería atendida por toda la familia, con sus tradicionales rasgos, comunes a casi todas: ámbito sencillo -tras el mostrador, un fondo medio inescrutable o una modesta y única habitación-, prendas colgadas o sólo amontonadas en un rincón, con un papelito identificatorio, un característico olor de vapor y solventes, el breve diálogo, que podía concluir con una sonrisa y un saludo ceremonioso y cordial.

Según datos del año 1935, 81 de las 183 tintorerías se llamaban “Japonés” o “Japonesa” y otras 17 se llamaban “Tokio”. Así, podemos nombrar otros nombres típicos como: “Kioto”, “Nippon”, “Japón”, “Fuji” y apellidos comunes, como los “Higa y los “Arakaki”.

A partir del crecimiento en cantidad de locales como del buen servicio por parte de los japoneses, es asociada desde entonces en la Argentina a la imagen de la colectividad japonesa.

Hoy, el “tintorero – japones” subsiste aun en el imaginario de la sociedad argentina.

En la actualidad, el paso del tiempo y las generaciones produjo cambios en las tintorerías japonesas. Renovaron su fachada y presentación, manteniendo la esencia principal: el buen servicio y la calidad de siempre a través de modernas y prolijas receptorías. Y hay nuevos carteles como el de: “Salón de embellecimiento de prendas”.

Si bien en los últimos años aparecieron las tintorerías llamadas “ecológicas” con todo su marketing y diseño, pero el servicio diferencial de las tintorerías japonesas se refleja en la labor artesanal agregada al lavado y planchado, es decir: revisar la prenda para determinar el tipo de limpieza, en seco o húmedo, o si es necesario un predesmanche; Además de incluír retiro de botones, apliques, hombreras, repaso de costuras. Hasta el “sabio consejo” del tintorero a la gente sobre lo que más le conviene.

 

© 2009 Ricardo G. Hokama