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Globalización y familia transnacional Nikkei

Introducción

En 1999, el año del centenario de la inmigración japonesa al Perú, un dirigente nikkei peruano declaró públicamente que esa era una “era dorada” para la colectividad nikkei. Esta pequeña pero importante minoría, por mucho tiempo reconocida por su éxito en términos de educación y negocios, en una década logró un rol bastante prominente en la política. En el ámbito económico, unas cuantas empresas de familias nikkei lograron establecer una presencia a nivel nacional, a lo que se sumó un crecimiento en inversión, comercio y en intercambios culturales con Japón durante esa década, todo ello dando como resultado la elevación del perfil de la colectividad nikkei. Al mismo tiempo, el duro trasfondo de esa “era dorada” fue el hecho de que, entre 1988 y 2000, alrededor de cuarenta mil personas - casi el cincuenta por ciento de esa colectividad - emigraron al Japón como refugiados económicos o políticos.

Irónicamente, si bien tal era dorada - con Alberto Fujimori a la cabeza - fue de alto perfil para la colectividad, logrado en base a mucho sacrificio, terminó develándose como una era con más imagen que sustancia. Por un lado, Fujimori - quien se inició en la política en 1990 como un autoproclamado “outsider” – significó un desafío para ciertos aspectos de la hegemonía criolla tradicional y logró incorporar a sectores históricamente excluidos, como las mujeres y los no blancos – los de ascendencia asiática, africana, o indígena – en el proceso político, abriendo así una nueva época de participación. Al mismo tiempo, sus políticas económicas neoliberales terminaron debilitando la base micro empresarial de la familia típica nikkei. Evidentemente, lo que puede haber sido una era dorada desde la perspectiva de una élite, con un nivel sin precedentes de participación política y con un perfil más prominente para la colectividad en general, terminó siendo más bien una ilusión. Tal “éxito” sólo fue posible por la ampliación de los vínculos transnacionales dentro de la cuenca del Pacífico y por la adaptación forzada de la estructura de la familia tradicional nikkei y de las instituciones de la colectividad para satisfacer las más duras exigencias de la globalización.

El “dekasegi de retorno” y la familia transnacional nikkei

Acerca del fenómeno de la “migración de retorno” - los “dekasegi de retorno” - es ya bastante conocido que, a partir de fines de la década de los 80, con la deteriorada situación económica y política en América Latina, la economía en crecimiento del Japón se convirtió en una atracción irresistible para decenas de miles de latinoamericanos de ascendencia japonesa. Dekasegi fue el término que empezó a caracterizar a esa migración.

El origen de tal término se encuentra en la antigua práctica cultural del Japón, relacionada con la movilización poblacional para trabajos temporales. Antes de la apertura del Japón en 1868 se trababa de un fenómeno local o regional, en el que los miembros de la familia regresaban después de una temporada de trabajo fuera. Con la apertura forzada del Japón, la emigración al extranjero se convirtió en una posibilidad y los dekasegi, entonces, podían salir hacia otros países y lugares más lejanos: a Hawai y los Estados Unidos de Norteamérica, y luego, a países latinoamericanos como Perú y Brasil, dándose el caso de que esta mano de obra temporal muchas veces se convirtió en permanente.

El fenómeno de los dekasegi de retorno de los años 90 está, sin duda, conectado a los períodos anteriores a la globalización, en que la mano de obra y el capital se movilizaban para satisfacer la demanda del mercado internacional. Sin embargo, debido a que las fuerzas contemporáneas de la globalización han continuado creciendo en tiempo y alcances - como la comunicación, el transporte y las finanzas que han llegado a convertirse en casi instantáneas y verdaderamente globales en escala -, la capacidad de viajar y trabajar en toda la región del Pacífico ha abierto nuevas posibilidades, al mismo tiempo que ha creado más presión, estrés y fragmentación en las instituciones de apoyo tradicional para los individuos, como la familia y las instituciones comunitarias.

El impacto del fenómeno se nota claramente al analizar la estructura de la familia y de la emigración de los nikkei peruanos durante los años 90. Con el fenómeno de los dekasegi se empezó a repetir el patrón de la emigración de adultos jóvenes; pero, contrariamente a épocas anteriores, en vez de un hijo o hija de familia o de una familia nuclear entera emigrando, es notoria la tendencia a la emigración de los jefes de familia, extendiéndose así la entidad familia nuclear en términos de tiempo y espacio.
La actual familia transnacional nikkei, en cierto sentido, es más dispersa y se encuentra bajo mayor presión que sus antecesoras históricas. La contratación de mano de obra japonesa para Hawai y Brasil entre fines del siglo XIX y principios de siglo XX, por ejemplo, estuvo basada, en gran parte, en el patrón de familias nucleares como conjunto, siendo la expectativa del hacendado y del gobierno japonés que constituyeran una fuerza laboral más estable y confiable.

En el presente, por el contrario, no ha habido tal requisito por parte de los contratistas ni de las empresas japonesas y, de hecho, la demanda ha sido claramente por jóvenes aptos, hábiles y mano de obra sin compromisos. Es decir, la búsqueda de estadías permanentes o la inmigración de familias enteras no ha sido parte de la política oficial japonesa. La “visa nikkei” - establecida por el gobierno japonés en 1990 - por ejemplo, refleja esa política oficial de que los nikkei pueden cubrir la necesidad de trabajo temporal, según requerimientos, y luego regresar a su país de origen con nuevas habilidades y recursos. En gran parte, la emigración ha sido predominantemente de varones, cabezas de familia y, a continuación, de los jóvenes de las familias; aunque, en ciertos casos, familias enteras se han podido reubicar como conjunto a través de un proceso de migración por cadena y, por supuesto, nuevas adecuaciones han sido creadas en Japón, a pesar de la política oficial sobre temporalidad.

En este fenómeno de los dekasegi, entonces, se observa una tendencia hacia la extensión espacial de la familia nuclear, entre el Perú y Japón, y un esfuerzo para mantener o restablecer las redes de apoyo social, como la familia o institución comunitaria. Por ejemplo, una de las respuestas institucionales al fenómeno dekasegi ha sido la extensión operativa de las cooperativas de crédito y de servicios financieros hacia los que viven y trabajan en Japón, así como a sus familiares en Perú. Una ejecutiva de una organización de ese tipo señala el cambio demográfico, así como el impacto en las relaciones familiares:

    “… en Japón hay más hombres que mujeres; en el caso del Perú, nuestro mercado son más mujeres que hombres, son señoras, en edades … de los 25 hasta los 45 … la mayoría son amas de casa en el caso del Perú, o son las mamás de los que están en Japón o las esposas o las parejas, porque…. con este fenómeno ya no se habla de cuestiones tan formales como un matrimonio sino (de) convivencia … o hasta problemas, (como) de abandonar (a) la familia”.

El éxodo desde el Perú llegó a su pico más alto en 1992 y un joven adulto, uno de los pocos de su edad que no había ido a Japón en esa época, explicando un proyecto con adolescentes, puntualiza el impacto especialmente sobre ellos:

    “… se tiene que incluir …un tema que sea los dekaseguis,.. de los chicos de los dekaseguis, …. que cada uno (ex)ponga su punto de vista y pueda liberar ese ... malestar…, algunos.. están justo en la edad crítica, de los 12, 13, 14 años, 15 … y sus papás no están… es difícil, la idea … era reforzar esa falta, .. tratar de cubrir el hueco , que tú no lo puedes cubrir totalmente porque no eres su papá, pero de alguna manera no?..”

A medida que más padres se fueron a trabajar al Japón, más niños y adolescentes eran dejados a cargo de otros familiares en el Perú. Las agrupaciones juveniles e instituciones comunitarias con frecuencia se veían obligadas a tratar los problemas resultantes, como la depresión y la delincuencia entre jóvenes que se sentían abandonados o que carecían de la red de apoyo familiar, no tanto en el aspecto económico, sino mas bien en el sentido emocional o espiritual. Con cada vez más jóvenes - apenas cumplidos los dieciocho años - yéndose hacia Japón, los que se quedaban compartían la idea de que lo único que podían hacer era terminar la secundaria e irse también a Japón; una frase común entre ellos era: “No quiero irme pero, lamentablemente, aquí no hay oportunidades como las que puedes tener allá [en Japón]”

El estrés en la familia, o por las relaciones familiares, impactó fuertemente sobre la comunidad. Un joven profesional entrevistado en 2001, también de los pocos de su clase en la escuela secundaria que no salió al Japón, señala otros problemas:

    “Aparte de eso, fue lo del golpe muy fuerte de (la) separación de familias.., creo que esa fue la época en que… el que menos pues… se separaba. Iba de repente el papá y por A o por B motivos encontraba a alguien allá y se quedaba…. y ya no mandaba okane (dinero) acá, entonces el desequilibrio era total pues”

Otro dirigente de la colectividad, un nisei mayor, destaca el impacto en general sobre las familias y comunidad:

    “...los otros resultados son ya de tipo rompimiento de matrimonios, la misma soledad de la gente, que unos individuos viajaron solos, tú sabes como es la soledad, se encuentran con otra persona que cubre sus necesidades de afecto y pues se han adquirido compromisos nuevos por allá y…se han deshecho hogares, entonces ha habido un fenómeno, quizás no sea tan generalizado pero sí que ha afectado a la colectividad. Entonces, ha habido un cambio por este fenómeno del dekaseguismo ...”

Por todo ello, sería con mucha ironía que el dirigente de la colectividad considerara la década de los 90 como una “época dorada”. Los nuevos edificios y proyectos que aparecieron durante ese tiempo, sobre todo para hacerlos coincidir oficialmente con las celebraciones por el centenario de la inmigración en 1999, se veían impresionantes por fuera pero vacíos por dentro: una colectividad aparentemente exitosa pero a un alto costo. Entonces, al igual que un cascarón vacío, en estas mismas organizaciones de la colectividad, sobre todo en las que habían padecido durante toda la década por la desaparición de gran parte de su membresía y del apoyo financiero tradicional, el dinero ganado o recolectado en el Japón – mientras privadamente contribuía a sostener a las familias – servía también para lanzar proyectos como el de una nueva clínica de salud por valor de veinte millones de dólares, pero con la mitad de la colectividad en Japón y una red de familias transnacionales desperdigadas por el Pacífico. La pregunta es, entonces, ¿en beneficio de quién y a qué costo?

La globalización y la transformación de la colectividad nikkei peruana

Una de las ironías del calificativo “era dorada” fue que en la década de los 90 ocurrió un descenso notable en la base económica tradicional de la colectividad, de la pequeña empresa familiar y de su posición como clase media, sostenida ahora sólo por las conexiones familiares transnacionales. Con un presidente “Nikkei,” la mayoría de los peruanos suponía que la colectividad nikkei sería la mayor beneficiaria del régimen. La realidad era que Fujimori, sobre todo en su primer mandato, no representaba los intereses de la clase media, de la que era parte la mayoría de la colectividad nikkei. La oposición a su candidatura en 1990 por sectores de ella no se debió sólo a los temores por una repetición de los saqueos anti-japoneses de 1940, sino también al hecho de que Fujimori actuó como un populista, prometiendo enfrentar al terrorismo y aumentar las oportunidades para la mayoría pobre. La colectividad nikkei, en especial desde un punto de vista institucional, era definitivamente de clase media, con una base importante en la microempresa familiar. Un pequeño número de empresas nikkei de tamaño mediano, en cierta manera, sí se habría beneficiado del clima favorable general para las empresas, tanto nacionales como internacionales durante la administración de Fujimori. Pero, la gran mayoría de las familias, que dependía de una pequeña tienda en una esquina o de una microempresa familiar, vio cómo las condiciones empeoraban para ella durante ese régimen.

El aspecto menos visible del éxito financiero de la economía internacional de la década de los 90 es su basamento: la ampliación de las redes transnacionales de las familias, la dispersión geográfica de la estructura familiar para satisfacer la demanda de capital. Las tecnologías de la comunicación en el sector financiero, que permitieron las 24 horas de comercio, también hicieron posible una más eficiente transferencia de dinero - las remesas - entre los miembros de la familia, sin importar dónde se ubicaran dentro de la economía mundial. Esas mismas tecnologías de la comunicación, como el Internet, permitieron también una mayor apertura de canales de comunicación para los miembros de la familia. Al mismo tiempo, sin embargo, ningún monto de remesas o las videoconferencias pudo (ni puede) sustituir la presencia física de los cónyuges, de los padres y de otros miembros de la familia, razón por la que tal incursión en la economía mundial ha cobrado un alto costo, cuyos efectos son ahora más o menos permanentes y difíciles de resolver.

* Este artículo se publica bajo el Convenio Fundación San Marcos para el Desarrollo de la Ciencia y la Cultura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos – Japanese American National Museum, Proyecto Discover Nikkei.

© 2008 Steven M. Ropp

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