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Estrella por una noche

El karaoke fue el primer intento de democratizar la popularidad. Es posible que Andy Warhol no pensara en él cuando dijo que todo el mundo debería tener 15 minutos de fama. Sin embargo, no hay otra actividad que represente mejor esa popular frase.

Las notas empezaron a sonar. El escenario resplandecía en un vacío un ánime. De pronto, súbitamente, el cantante inició una interpretación que fue respaldada por los coros y ecos del público que seguía atento el espectáculo. Al terminar, la música se fue apagando. Poco a poco los aplausos invadieron el lugar hasta consumir al intérprete. Luego de eso, todo volvió a la normalidad. Quien acababa de cantar volvió a ser parte del público. Se sentó en su mesa y esperó su próxima oportunidad.

La palabra ‘karaoke’ está formada por dos palabras japonesas: ‘Kara’ que viene del ‘karappo’ que significa vacío y ‘Oke’ que se ha acortado de ‘okesutura’ que significa orquesta. En tal sentido, ‘karaoke’ significa ‘orquesta vacía’.

El karaoke permite que cualquier mortal pueda ser estrella por una noche. Permite que escuche los aplausos y la ovación del público como si fuera un cantante profesional. El karaoke convierte la fantasía en realidad y ése es su éxito.

Existen dos tipos de karaoke, los abiertos y los cerrados o ‘box’. En los primeros todo el público está en un solo gran ambiente donde se turnan el micrófono para cantar sus pedidos musicales. En el ‘box’ un grupo de amigos pueden estar en un ambiente privado y más pequeño donde hacen su show sin esperar turno y de manera más íntima.

Si bien el karaoke llegó al Perú a través de la comunidad nikkei a mediados de los años 70’s, fue Toshiro Konishi quien llevó al resto de peruanos las bondades del invento cuando promocionaba la marca Panasonic durante los 80’s.

El inventor del Karaoke se llamó Daisuke Inoue, original de Osaka, y en 1971 se le ocurrió que sería muy divertido que todos pudieran cantar con una orquesta. En un artículo publicado el 2 de julio de 2006 por el diario ‘El País’ de España, se lee una descripción de él:

“Inoue es un hombre de 66 años, mirada inteligente y aspecto de rockero, con el pelo salpicado de canas y recogido en una minicoleta en la nuca, calzado con botas negras y vestido con camisa de cuadros, corbata y chaqueta informal, que cada vez es más popular, como demuestran sus crecientes participaciones en programas de televisión en Japón”.

 

En ese mismo artículo se estima que Daisuke Inoue ha dejado de ganar 150 millones de dólares simplemente por no patentar su creación. No obstante Inoue asegura que no se considera un inventor y que el mismo Karaoke no es un invento. "Lo que hice fue conectar unos pocos elementos: una cinta grabada con canciones interpretadas por mi banda musical, un reproductor, una caja para las monedas, un micrófono y un amplificador. Eso fue todo. No soy un inventor, soy un hombre de ideas. Veo un artículo ordinario y pienso qué otro uso podría dársele. Continuamente estoy ideando, desde que me levanto hasta que me acuesto. Soy una mezcla de hombre práctico e idealista, pues me gusta ayudar a los demás y hacerles la vida más fácil".

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Yochan Azama es un apasionado del karaoke. Todo empezó con concursos de canto cuando aun era un niño. Desde la primera vez que se paró en un escenario empezó a sentir esa fascinación por los aplausos.

Fue a mediados de la década del sesenta, cuando un adolescente Azama se animó a participar en un torneo de canto karaoke. En ese tiempo la música era en vivo, proporcionada por una orquesta y las canciones que se interpretaban eran todas en japonés.

em>“Ese concurso lo perdí y eso me picó. Empecé a ensayar y a perfeccionarme. Luego, ya de adulto, comencé a aprenderme canciones de la nueva ola. Tenía un bar donde había en un rincón una rockola. Ahí los borrachines ponían las canciones de Palito Ortega y de Leo Dan. Poco a poco comencé a cantar en castellano”, recuerda Yochan y desvía la mirada como si buscara esas imágenes en sus recuerdos más preciados.

Azama recuerda además que el primer karaoke se llamó 8-Juke que era una máquina a la que se le insertaba un cartucho con ocho pistas musicales y las letras venían impresas en un libro. Hoy la tecnología ha avanzado tanto que se puede contar con karaokes satelitales, lo único que se necesita es un amplificador de sonido y un receptor de señal. Con eso cualquiera puede conectarse y escoger la canción que desea cantar. Incluso se pueden encontrar micrófonos con un chip incorporado que se conecta de manera inalámbrica al televisor y que a través de la pantalla de cristal del micro se pueden escoger las pistas musicales.

Yochan Azama es un artista. Le encantan los aplausos y disfruta deslumbrando públicos. Cuando habla de sus años maravillosos participando en concursos y viajando por el mundo, no puede dejar de esbozar una sonrisa nostálgica. Su rostro delata su debilidad por el canto.

Sin embargo, hace más de diez años que Azama no pisa un karaoke. Lamentablemente la gran cantidad de humo de cigarrillos lo repele de su lugar favorito. En vez de eso monta cada que puede un escenario en su propia casa y canta junto a su familia, aunque siempre con precaución para no incomodar a algún vecino.

Confiesa que más de una vez, y hasta hoy día, la idea de poner un negocio de karaoke lo seduce, pero no termina por animarse. Azama es, posiblemente, uno de los mayores difusores del karaoke en el Perú. Ha participado en torneos internaciones, como aquel celebrado en Tokio en 1992 quedando en segundo lugar.

Ser un cantante de karaoke y no visitar uno es una paradoja y Azama está conciente de ello. Pero sabe que los karaokes de hoy no son como los que él visitaba hace décadas atrás. Ya no existe esa preocupación por cautivar públicos. Esa dedicación que Azama tenía hoy no la tienen los jóvenes. La diversión pasajera prima hoy en los nuevos locales.

Es posible que ese compromiso con el karaoke respondiera a que al inicio eran muy pocos los locales que habían en Lima. Azama dice haber leído que existían entre 50 y 60 karaokes en Lima, pero él duda de esa cifra. “No creo que solo hayan 50 o 60, deben haber más. Antes era facil contar los karaokes con los dedos de la mano, pero hoy es imposible”.

La proliferación desmedida de los karaokes corresponde también al problema irremediable de la piratería en nuestro país. Ahora se pueden conseguir DVDs piratas con pistas musicales y letras desde tres soles. Eso hace que cualquier empresario que cuente con un reproductor de DVDs, parlantes y televisores pueda improvisar en su discoteca o restaurante un karaoke al paso.

Además de los karaokes típicos y especializados, existen híbridos como las discotecas-karaokes, que funcionan durante las primeras horas de la noche como karaoke y luego se transforma en una discoteca hasta la hora de cierre.

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Son las 9 de la noche. El karaoke que visitamos empieza a recibir gente. El dj pone algo de música para crear un buen ambiente. De pronto, un grupo de cuatro amigos, dos chicos y dos chicas, cogen los micros y empiezan a cantar. Las miradas se fijan en la letra de la canción en la pantalla más cercana. Al terminar todo el público aplaude y se anuncia otra canción en otra mesa.

Wenddy Nishimazuruga tiene 23 años y pertenece a la nueva generación de nikkei que frecuenta los karaokes. Hoy se va a los locales para hacer un vacilón y pasar el rato, en contraste con el compromiso de ofrecer un buen espectáculo con que se iba antes. No obstante, Wenddy prefiere los karaokes privados.

Wenddy cuenta que lo que usualmente sucede es que espera a que alguno de sus amigos empiece a cantar. Luego se anima a entonar algo en grupo y finalmente se termina de soltar y canta a sus anchas.

“No tengo vergüenza. Bueno al principio sí. Me pongo roja y me muero porque los nervios sacan gallos, pero muchas veces me dicen que les gusta como canto y eso me da agallas. Luego puedo hacer payasada y media para hacer reír. Me gusta cantar, he estudiado música así que no tengo paltas. ¡Soy cantante profesional de bañera!”

No cabe duda que el público y los participantes de los karaokes han variado en estos años. Lo que antes se tomaba como una oportunidad de ser una estrella fugaz, hoy se ha convertido en un pasatiempo relajante y casi involuntario. No obstante, el karaoke sigue estando ahí. Las posibilidades de brillar por unos minutos, de ser famosos y admirados por instantes eternos permanecen intactas. Todos añoramos un aplauso sincero.

 

* Este artículo fue publicado originalmente el 02 de agosto de 2007 en el sitio web de la Asociación Peruano Japonesa (APJ), Afiliado a Discover Nikkei. 

© 2007 Asociación Peruano Japonesa and Daniel Goya Callirgos

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