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El anime: una afición en colores

Pocos entretenimientos despiertan tanto entusiasmo como el anime, que en el Perú cuenta con una legión de fanáticos, coleccionistas y dibujantes reunidos en diversos clubes. Más que simples dibujos animados, sus seguidores cuentan los pormenores de esta expresión de la cultura japonesa, que también ha sabido explotar su lado comercial.

A mediados de los setenta apareció en la televisión peruana una serie de dibujos animados que marcaron el inicio de lo que a la postre se convertiría en todo un fenómeno juvenil. Astroboy, Sombrita, Fantasmagórico y El Hombre Par tuvieron gran acogida, mas no hacían presagiar el éxito del anime japonés.

En aquel entonces no se conocía mucho sobre la industria de animación japonesa, que apareció como respuesta a las producciones norteamericanas, pero en el Perú despertó el interés con la historia de un niño que busca desesperadamente a su mamá: el entrañable Marco.

A partir de ahí los dibujos animados japoneses se convirtieron en una atractiva opción para el público peruano, que con las series Robotech, en los ochenta, Caballeros del Zodiaco y Los Supercampeones, en los noventa, terminaron por consolidarse como algo más que una moda pasajera, casi productos de culto.

Dragon Ball Z fue la serie que marcó un hito en el Perú, al llegar a 26 puntos de rating, todo un récord para una serie animada, lo que demostró la popularidad del anime y el fanatismo que despertaba en sus seguidores, acérrimos coleccionistas que adquirían cuanto material apareciera de su programa favorito.

La movida en el Perú

En 1997 un grupo de jóvenes formaron el club SUGOI para compartir su afición y ayudar a difundir el anime y el manga (las historietas) de forma organizada, con reuniones que llegaron a congregar a cerca de 2,800 socios en una época en que era difícil de conseguir material novedoso.

Iván Antezana, representante y uno de los fundadores de esta agrupación, cuenta que ahora son cerca de 150 socios, ya que con Internet y las nuevas tecnologías el público puede acceder al manga digitalizado y al anime de forma directa, por lo que no recurre al club, pero que aún son muchos los interesados en este tema.

“El público objetivo son los adolescentes de 14 a los 17 años, aunque también hay muchos jóvenes interesados. La diversidad de temas hace que el anime sea como el cine, hay distintos géneros, y lo que ellos buscan es un entretenimiento alternativo a lo que se ve comúnmente en la televisión”, explica.

Y es que el anime es contar historias con una técnica de animación pero, por lo demás, es imposible de encasillar, ya que pueden encontrarse argumentos de tipo romántico, cómico, aventurero, histórico, futurista, entre otros, que son capaces de originar una impetuosidad fuera de todo orden.

Made in Japan

Muñecos, polos, stickers, afiches, tarjetas coleccionables, llaveros y una infinita variedad de souvenirs y merchandising hacen de este entretenimiento un negocio interesante. El Centro Comercial Arenales es uno de los principales puntos de encuentro de los seguidores del anime y todo el material relacionado existente.
Antezana explica que el producto que da origen a este monstruo comercial es el manga, la historieta animada que en Japón mueve a toda una industria capaz de producir grandes sumas económicas, pero que en el Perú y otros países lo que se conoció primero fueron los animes derivados de éstas.

En tierras niponas el manga es parte de la cultura moderna, cuyos orígenes están en el arte pictórico japonés, tan es así que un alto porcentaje de sus publicaciones editoriales son de este tipo. Por su narración, que fue evolucionando hacia el lenguaje cinematográfico, es reconocido y admirado en muchas partes del mundo.

Su paso al anime, e incluso al mismo cine con películas exitosas como “El viaje de Chihiro” (ganadora del Óscar en el 2002 a mejor película de animación) fue parte del boom que ha significado, y que a su vez, ha llevado a muchos a interesarse por la cultura japonesa, su historia, el estilo de vida de su gente y sus problemas.

Cultura y entretenimiento

No es de extrañar que haya jóvenes que estén interesados en estudiar el idioma japonés para entender mejor su anime favorito, o que estén aprendiendo técnicas de dibujo para plasmar sus propias creaciones. El anime ha despertado el instinto artístico de muchos jóvenes en el Perú, como en el caso de Alberto Arredondo.

Él empezó dibujando empíricamente, luego en academias de dibujo, hasta cuando llegó a SUGOI para participar en la revista Mangakán. “Muchos chicos llegan entusiasmados con sus trabajos, interesados en publicar. Empiezan copiando dibujos y luego hacen sus propias historias. En Japón esto es un gran negocio, hay toda una industria que permite dedicarse permanentemente al dibujo. Aquí no se llega a ese nivel pero es un sano entretenimiento”, comenta.

A diferencia de lo que piensan muchos prejuiciosamente, el manga tiene fuentes de inspiración trascendentales, como las leyendas, la mitología e incluso las obras clásicas, lo que en ocasiones permite disfrutar de excelentes temas, de contenidos profundos y empleando un medio atractivo para las nuevas generaciones.

Un poco de historia

El término manga surge al combinar los caracteres correspondientes a ‘informal’ (man) y ‘dibujo’ (ga). Inicialmente, debido a la Segunda Guerra Mundial, se utilizó como medio de propaganda, a fin de crear conciencia en las nuevas generaciones, pero poco a poco fue variando sus contenidos, aunque con un estilo definido.

A los villanos se les dibuja con ojos pequeños y tonos oscuros, representando su maldad, mientras que los chicos buenos tienen los de ojos grandes. La forma de leer el manga conserva el esquema de lectura japonés, es decir, siguiendo las viñetas de derecha a izquierda.

Con el paso al anime, la música se convierte en un factor primordial, al punto que en Japón hay grupos de J-pop que se dedican a componer estas canciones. De ahí nacen los karaokes y las fiestas de disfraces. En el Perú se ha realizado el Anime Celebration, un evento al que asisten fanáticos que diseñan sus propios trajes.

En la televisión por cable está el canal Animax, que transmite anime las 24 horas. Muchas de sus series pertenecen a la productora Toei Animation, creadora de los programas Dragon Ball Z y otros que alcanzaron renombre. Se calcula que desde 1975 la industria del anime ha facturado cerca de 1,500 millones de dólares en Japón.

* Este artículo fue publicado originalmente en el sitio web de la Asociación Peruano Japonesa (APJ), Afiliado a Discover Nikkei el 16 de mayo de 2007.

© 2007 Asociación Peruano Japonesa and Daniel Goya Callirgos

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